martes, 28 de febrero de 2012

Murió Girardi, impulsor de "Cristianos por el Socialismo"




















El pasado 25 de febrero murió en Roma el teólogo y filósofo Giulio Girardi. Deja tras de sí no sólo una obra intelectual impresionante sino una vida cargada de sentido por quien ha sabido -como decía el joven Marx en sus Manuscritos- "ser mucho", no teniendo nada. Por su vida y su obra somos muchos los que, ante su ausencia, nos sentimos obligados a expresar el reconocimiento por tanto como le debemos.


Girardi, en los años setenta del siglo pasado, fue promotor del movimiento "Cristianos por el socialismo" que tantos caminos abrió en biografías personales y trayectorias colectivas. Ya antes, desde los sesenta, Girardi fue de los que, al calor del Vaticano II, impulsó lo que entonces se llamó diálogo entre marxistas y cristianos. Su libro pionero sobre Marxismo y cristianismo (1967), escrito con tanto rigor como voluntad de entendimiento recíproco, fue obra maestra para aproximar análisis y unir voluntades. De aquellos años es también la monumetal Enciclopedia sobre el ateísmo que él mismo dirigió.


Obras posteriores como Por una pedagogía revolucionaria, Fe cristiana y materialismo histórico o La túnica desgarrada: la Iglesia entre la conservación y la liberación, fueron hitos destacados en un recorrido donde a su reflexión teórica le acompañó su compromiso en la praxis. Impulsor de la teología de la liberación desde Europa, no dejó de apoyar también procesos de transformación social que tenían lugar en otras latitudes, siendo especialmente notorio su compromiso activo con la revolución sandinista de Nicaragua.


El recuerdo de sus elaboraciones teóricas y el testimonio de su fe más allá de dogmas permanecerán imborrables. La acción de quien supo dialogar dejó semillas que fructificaron.

jueves, 23 de febrero de 2012

Violencia sistémica














Hay quien piensa que no pasa de anécdota la represión de una manifestación de estudiantes con evidente exceso de violencia por parte de la policía. No estoy de acuerdo. Ha habido clamorosos errores en la actuación de las fuerzas de seguridad durante los hechos ocurridos en Valencia. Tales errores son imputables a las autoridades gubernamentales implicadas. Eso es lo relevante políticamente, por más que ciertos comportamientos individuales redunden en la gravedad de lo ocurrido. Pero tampoco esa consideración que califica de erradas ciertas decisiones agota el significado de lo sucedido. En la movilización de cientos de miles de ciudadanos en otras ciudades de España en solidaridad con los estudiantes valencianos hay más que la denuncia de un desacierto. ¿Qué trasluce de esa conciencia ciudadana que se ha expresado con libros frente a porras –podemos preguntarnos a modo de “interrogante desestabilizador”, siguiendo la sugerencia de Sousa Santos-?

De suyo, las manifestaciones contra una actuación desproporcionada de marcado carácter represivo han sido respuesta a un gobierno que no sólo quiso atajar una alteración puntual del orden, sino que pretendía fijar las líneas de lo que está dispuesto a permitir en el espacio público, temiendo que en el futuro manifestaciones de distinto cariz vayan a más. El gobierno del PP, con sus temores, vislumbra que está induciendo una gran conflictividad en un terreno donde cualquier chispa puede generar un incendio. Por ello, al reprimir duramente a los estudiantes, quiso decir que ciertas cosas hay que tomárselas en serio, es decir, la mano dura que va de consuno con una política del miedo como la que acompaña a la economía del miedo a la que nos vemos sometidos.

Ahora han sido estudiantes protestando por los efectos de recortes en educación; mañana serán parados de larga duración o trabajadores expeditivamente despedidos a tenor de la reforma laboral diseñada por un gobierno empapado de neoliberalismo que, invocando la lucha contra la crisis y la disminución del déficit, dinamita el pacto social vigente desde la Constitución. Deberíamos saber que el desarrollo del capitalismo comporta violencia y se debería tener presente que romper los cauces por donde esa violencia fue refrenada puede traer consecuencias desastrosas para la convivencia social. Un gobierno en cuyas actuaciones se entrelazan arrogancia e impotencia puede no ver el grado en que con sus medidas incrementa la violencia de un sistema hoy sin contrapesos suficientes para contenerla. La ciudadanía que pacíficamente sale a la calle está advirtiendo que las reacciones a la violencia sistémica pueden ser tan impredecibles como impetuosas. Y envía, con el lenguaje cifrado de sus gestos, el mensaje de que no se pueden prevenir los incendios regando el campo con gasolina.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 23 de febrero de 2012)

jueves, 16 de febrero de 2012

La máquina de retroceder







La estuvieron poniendo a punto por largo tiempo. Avezados ingenieros especialistas en el pasado la planificaron con todo detalle. La dotaron de aspecto atractivo, con líneas modernas y toques postmodernos. Presentaron el prototipo en Europa para homologarlo. Llevaron la máquina a una feria industrial en Berlín, donde las autoridades alemanas tenían que darle su visto bueno. También la pasearon por céntricas avenidas de París, pues no podía faltar la aprobación gala a su aire pretendidamente glamouroso, tan necesario para privatizaciones. En Madrid, expuesta al público, contó con visitas ilustres, incluida la de algún británico. Con los exámenes aprobados la invención se dio a conocer a la ciudadanía española, aprovechando al máximo una colecta de votos para llenar sus depósitos de combustible. El pasado 20 de noviembre, no sin contar con bendiciones eclesiásticas, el invento se puso en marcha. Desde entonces no ha parado esa máquina de retroceder que es el Partido Popular.

Paradójicamente, la máquina de retroceder avanza por días. Los ciudadanos la ven pasar atónitos, apenas reaccionando cuando les tocan de cerca los estragos que ocasiona. La verdad es que nadie puede decir que no pudo informarse acerca del artefacto diseñado por la derecha española. Desde mayo hacían pruebas por el territorio nacional, reseñalizándolo de camino con azul intenso en casi toda su extensión. El invento, capaz de funcionar sin que su conductor diga nada, no es tan novedoso como nos quieren hacer creer. Tiene la carcasa remozada, pero su interior lo componen conocidas piezas neoliberales y conservadoras. Cuando se acelera, y en estos momentos es el caso, yendo hacia atrás arrasa por donde pasa: educación para la ciudadanía, derechos de las mujeres, derechos laborales, memoria histórica..., van quedando triturados bajo sus implacables rodillos. Como el ingenio está blindado con placas de puro cinismo no teme los choques ni con los sindicatos, ni con quienes aparezcan por la izquierda, ni con movimientos sociales. Es más, por parte de los que tripulan el vehículo, apto para altas velocidades en marcha atrás, no faltan declaraciones chulescas denigrando a colectivos o invitando a que los trabajadores, si se atreven, hagan huelga general. Todo está permitido para quienes blanden recortes y ajustes.

Visto lo visto, y sin que quepa decir que nos ha pillado por sorpresa, lo cierto es que la máquina de retroceder –el nombre se lo debemos a Eduardo Galeano, especialista en desentrañar instrumentos de poder- puede llevarnos a la noche de la Gran Regresión. Si no se la frena. Dicen que alguna posibilidad hay en Despeñaperros. El problema es que la máquina de progresar está gripada y sus mecánicos, que se reunieron para ponerla al día, han andado un tanto a la greña. Y el personal, estupefacto.

José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 16 de febrero de 2012)

jueves, 9 de febrero de 2012

Renacimiento paradójico



















Ya ejerce como Secretario General del PSOE. Rubalcaba ganó en su 38 Congreso. Veintidós votos le dieron la victoria frente a Carme Chacón. El ejercicio de la democracia arrojó ese resultado. Indiscutible, aparte de que se opine que es mejorable la democracia interna del Partido Socialista. ¿Cuál no lo es? Después de todo, otros partidos no transitan por esos derroteros de participación.

Sin entrar en dimes y diretes sobre cómo se configuró dicha mayoría, los cuales hablan de influencias en un cuerpo electoral cuyos miembros votan en secreto, interesan cuestiones que se dilucidaban en torno a quién había de estar al frente del PSOE. Se ha confirmado que se presentaban candidaturas con proyectos diferenciados en propuestas políticas y modelo de partido. La pertenencia a la misma organización y la lealtad a un proyecto común no lo ocultan. Se trataba de elegir.

Como se sabe, el congreso fue en el hotel Renacimiento de Sevilla, el cual, con tal denominación, parecía invitar al renacer del PSOE tras las derrotas sufridas. Por mi parte, una libérrima asociación de ideas me recordó a la filósofa Ágnes Heller diciendo que “el Renacimiento fue la primera época que eligió libremente un pasado” –el de la Antigüedad grecorromana-. Significativos fueron los acentos sobre el pasado con que se presentó cada candidatura. Rubalcaba subrayó el pacto entre socialistas vascos y andaluces en el punto de arranque del PSOE actual, mencionando como decisivo el 28 Congreso, cuando Felipe González hizo de la renuncia al marxismo condición para que el socialista fuera “partido de mayorías” y, por tanto, de gobierno. También el ya Secretario General hizo alusiones al 35 Congreso, de donde salió elegido Zapatero, pero sin profundizar, ya que lo que ahora debía ocurrir había de ir en distinta dirección. Chacón, en cambio, aludió al primer congreso del PSOE en Barcelona, para subrayar la importancia del de Suresnes y también, por distintas razones, la de un 35 congreso que trató de poner al PSOE en una nueva vía.

Los acentos sobre el pasado marcan el camino hacia el futuro. Concurrían dos perspectivas –palabra de resonancias renacentistas- sobre el partido. Una miraba a lo inmediato desde dentro, queriendo asegurar posiciones en tiempo de calamidades. La otra miraba a lo lejos, siendo, con su óptica federalista amén de socialdemócrata, más osada: era una mirada desde fuera, poniéndose en el lugar de quienes extramuros aguardan un PSOE renovado. Ganó la primera opción. Las organizaciones tienen sus pulsiones conservadoras y sus miembros, derecho a respaldarlas con su voto. Los perdedores tenemos la obligación de aceptar el resultado, aunque sea el de un paradójico renacer con más perspectiva de pasado que de futuro. Pero el porvenir es largo, como al final escribió Althusser.




José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 9 de febrero de 2012)




jueves, 2 de febrero de 2012

Internacionalismo























Cuando alguien grita “sálvese quien pueda” la situación suele ser tal que, de hecho, se salvarán muy pocos de entre aquéllos a quienes afecta el peligro. La antisolidaria invitación a que cada cual se las apañe sin contar con ayuda de nadie, a la vez que se desentiende de auxiliar a cualquier otro, es incitación a la más descarnada lucha por la supervivencia, sin evitar que debido al pánico aumente la incidencia de la catástrofe. Sólo los más fuertes, y si la suerte acompaña, se salvarán. La historia lo constata tanto en lo que se refiere a individuos como a colectividades en circunstancias de emergencia.

Hoy, la situación de Europa ha llegado a un insoslayable punto crítico. La Unión Europea pasa por el peor trance de su historia y su moneda, el euro, por momentos de tan gran dificultad que no está garantizada su pervivencia como moneda común. Entre cumbres de jefes de Estado y de gobierno y reuniones bilaterales no se ha ido más allá de apretar la tuerca de la austeridad, imponer un pacto fiscal para que todos en la zona euro asuman ir prácticamente a un déficit cero y generar confusos fondos de rescate que, como en el caso de Grecia, no funcionan con la necesaria agilidad y eficacia. El fundamentalismo de la austeridad promueve una desaforada competitividad entre quienes pugnan por evitar la quiebra de sus Estados y el hundimiento de sus economías. Medidas para mancomunar las deudas no llegan a tomarse y las que se formulan para estimular el crecimiento no pasan de brindis al sol. El resurgimiento de planteamientos nacionalistas confirma que cada país va a lo suyo, y en el interior de cada uno restricciones y recortes cercenan las posibilidades de articular respuestas colectivas a la crisis más allá de atajar el déficit: desempleo y empobrecimiento son las consecuencias.

Ante un panorama así, la izquierda tenía que haber apostado ya por un planteamiento efectivamente internacionalista. Lo exige un mundo globalizado y es imprescindible para salvar el proyecto europeo. Es palmaria la conclusión de que en la Europa actual no caben soluciones socialdemócratas aplicadas aisladamente. La socialdemocracia empezó a fallar hace muchas décadas cuando quedó secuestrada por la lógica de los nacionalismos. A pesar de sus éxitos, nunca llegó a reponerse de dicho secuestro, en su momento denunciado por Rosa Luxemburgo. También el movimiento comunista empezó a hundirse con la imposición por Stalin del “socialismo en un solo país”. Trotsky se opuso a ello, vaticinando el fracaso de la URSS, incapacitada en su aislamiento para hacer frente a sus propias contradicciones. Hoy, la izquierda del siglo XXI o es de verdad internacionalista o no podrá acometer en serio ninguna de las reformas que ya son urgentes. También de ello habrá que hablar en el 38 Congreso del PSOE.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 2 de febrero de 2012)