jueves, 28 de junio de 2012

El remedio en el mal



Es la fórmula de Jean Starobinski, el cual, en su insuperable monografía sobre Rousseau, sintetizó en esa expresión las propuestas cuasi homeopáticas del ginebrino frente a un progreso pervertido que conducía la historia por derroteros contrarios a los ideales de una Ilustración que se contradecía a sí misma. La fórmula igualmente puede condensar lo que necesitamos en este momento al que nos ha traído lo que también se creía que era un progreso indefectible y ahora se ve que no. Las regresiones acaban con logros que se pensaban consolidados. Espesas negruras no dejan ver horizontes de futuro. Mientras, acá andamos entre un gobierno que, si no engaña, se autoengaña, y una Unión Europea paralizada entre políticas de crecimiento que no acaba de asumir y la mal llamada austeridad en la que quien manda no ceja de insistir –es más, se niega a los eurobonos con fórmula cargada de ínfulas historicistas: en la Eurozona “no habrá deuda conjunta mientras yo viva”-.


Hundidos en la crisis que nos embarga –¡se puede ir más abajo!-, el mal que ella acarrea ha de remediarse con soluciones adecuadas a las patologías que nos afectan. Mas parece que la presunta élite de galenos en cuyas manos hemos venido a caer ni siquiera acierta al diagnosticar. Sólo invocan la herencia, y aunque para despistar hacen referencia a la del cuadro médico anterior, lo que les preocupa es la herencia acaparable tras el desmantelamiento del patrimonio público. Todo se engloba bajo lo que Krugman describe como “gran abdicación”: abdicación en su responsabilidad de supuestos líderes europeos y abdicación de un gobierno de España que va dando tumbos entre rescates y primas de riesgo. Los mercados saben que el rescate bancario que se perfila no es solución y que con las políticas que sumisamente se aplican no hay crecimiento: dejan caer, por tanto, una bolsa donde apenas suena calderilla. Si, para colmo, a mediados de año el déficit del Estado se sitúa en el 3.4% del PIB, cuando el límite era del 3.5% para todo 2012, ¿qué espera a una ciudadanía para la que va a haber la misma piedad que para esos griegos a los que se ha mirado por encima del hombro?

El mal no deja de atacarnos: no dejan de inducirlo. Pongamos remedio de verdad, que amputaciones y fraudulentas intervenciones no han hecho sino sangrar al paciente. Urgen remedios económicamente eficaces y socialmente solidarios, moviendo en sentido inverso los resortes que antes se han utilizado para agravar la situación. Es decir, promovamos crecimiento, pero controlado y sostenible; seamos austeros, pero de forma razonable y justa; y reformemos las instituciones europeas, pero democráticamente. Por ahora, sin embargo, seguimos sin estar en el buen camino, a un tris de que explote la rebelión social que se incuba, aunque aún no sepamos en qué dirección.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 28 de junio de 2012)