miércoles, 16 de mayo de 2012

Las letras en español están de luto por Carlos Fuentes


Murió Carlos Fuentes. Ayer, 15 de mayo, se fue, a los 83 años, el escritor mexicano, dejando tras de sí obra literaria impresionante y presencia pública intensa. Sus novelas y ensayos atravesaban fronteras y sus opiniones cruzaban una y otra vez el océano. Eran la palabra libre de un espíritu abierto.

Como sencillo homenaje valgan las líneas transcritas a continuación, de su obra El espejo enterrado (1992), todo un recorrido por los caminos de un mestizaje que, siendo en gran parte consecuencia de las violencias de la historia, es también entrecruzamiento de culturas que, sin amnesias,  hay que llevar a su máxima fecundidad:

"En las Américas, la cultura real es hija de varias madres. Nuestra identidad múltiple realiza su vitalidad creadora a partir de la fecunda contradicción de las partes que la integran. Pero hemos sido amaestrados para no vernos. El racismo, mutilador, impide que la condición humana resplandezca plenamente en todos sus colores. América sigue enferma  de racismo; de norte a sur, sigue ciega de sí. Los latinoamericanos de mi generación hemos sido educados por Hollywood. Los indios eran unos tipos con cara de amargados, emplumados y pintados, mareados de tanto dar vueltas alrededor de las diligencias [...] Las culturas de origen no europeo no son culturas, sino ignorancias, a lo sumo útiles para comprobar la impotenncia de las razas inferiores, para atraer turistas y para dar la nota típica en las fiestas de fin de curso y en las fechas patrias. En la realidad, sin embargo, la raíz indígena o la raíz africana, y en allgunos países las dos a la vez, florecen con tanta fuerza como la raíz europea en los jardines de la cultura mestiza [...] Esas raíces, ignoradas pero no ignorantes, nutren la vida cotidiana de la gente de carne y hueso, aunque muchas veces la gente no lo sepa o prefiera no enterarse, y ellas están vivas en los lenguajes que cada día revelan lo que somos a través de lo que hablamos y de lo que callamos, en nuestras maneras de comer y de cocinar lo que comemos, en las melodías que nos bailan, en los juegos que nos juegan, y en las mil y una ceremonias, secretas o compartidas, que nos ayudan a vivir".
(El espejo enterrado, Taurus, Madrid, 1997, pp. 58-59)

Palabras bellas, cargadas de sabiduría. Inmortales.