El ex parlamentario presenta esta noche 'El hilo extraviado', un compendio de análisis y reflexiones sobre los dos últimos y convulsos años de la política española, que conllevaron el cambio de gobierno
José Antonio Pérez Tapias presenta hoy (Biblioteca de Andalucía, 20:00 horas) su libro El hilo extraviado. Piezas de socialdemocracia fragmentada. Un conjunto de artículos que arranca donde terminó su última obra, La Izquierda que se busca. Eso es lo mismo que decir mayo de 2010. Así que sus análisis y reflexiones se refieren a un periodo marcado en lo económico por el agravamiento de la crisis y en lo político, por la derrota socialista y el triunfo popular en las generales.
-¿Cuáles han sido los principales cambios que ha detectado en estos dos últimos años?
-La Izquierda que se busca terminaba en mayo de 2010. Es el momento en que empieza el plan de ajuste de Zapatero, cuando la crisis se acentúa, cuando ya se tiene conciencia de que la deuda privada tiene unas dimensiones considerables y cuando la situación en Europa se hace mucho más dura a raíz de las crisis de Grecia.
-Cuando Zapatero dijo lo de "me cueste lo que me cueste".
-Efectivamente. En el libro anterior había reflexiones sobre la primera parte de la legislatura, en la que estábamos en una situación difícil pero todavía se trató de responder con el Plan E, con políticas más coherentes con el programa socialista, tratando de salvar logros sociales como la Ley de Dependencia. Pero a partir de mayo de 2010 hubo un viraje muy fuerte, fue un punto de inflexión a partir del cual el gobierno entró en una dinámica muy difícil. Si la izquierda, hasta entonces, tenía que buscarse para ganar credibilidad, a partir de ahí, el problema pasó a ser más acuciante.
-El título sugiere una continuación respecto a lo anterior. ¿Antes el PSOE se buscaba y ahora es un hilo extraviado? ¿No se ha encontrado?
-Ese viraje y las medidas que se adoptaron, aunque comparándolas con las de Rajoy se relativizan, nos iban situando en un problema de incoherencia grave. Se desmoronaba la confianza del electorado y esa alianza que Zapatero había cuidado, manteniendo cauces de diálogo con los sindicatos, se vino abajo. Se nos perdió el hilo rojo, el de la búsqueda de nuevos avances en libertad, igualdad o justicia. En la primera parte de la legislatura tiramos de políticas keynesianas y al final terminamos mandando a Keynes a la cola del paro (ríe).
-¿El gobierno del PP y el cambio de rumbo que parece vislumbrarse en la Unión Europea le dan al socialismo razones para ser optimista?
-El desgaste que genera estas situaciones está haciendo caer a gobiernos de la derecha. El triunfo de la izquierda en Francia abre expectativas. Ganar elecciones nos sitúa en una nueva posición y nos compromete a dar respuestas, pero eso por sí solo no garantiza superar la crisis.
-Hay quien apunta que la crisis se llevó por delante a Zapatero y hará lo mismo con Rajoy. ¿Lo comparte?
-Es probable, porque no se ve que las medidas que se aplican sean soluciones efectivas. Rajoy no quiere distanciarse de Merkel pero va haciendo explícita la conciencia de que las soluciones para España pasan por las propuestas de Hollande.
-Eso le puede llevar a una situación de esquizofrenia: apoyar las medidas de un socialista francés y rechazar las del socialismo español.
-Eso se trasluce en una incapacidad para llegar a acuerdos. Hay una gran demanda ciudadana, pero por una parte hay poca voluntad y por otra, esa misma oscilación esquizofrénica le pide pactar en serio.
-¿Esa escasa voluntad también sería aplicable al PSOE?
-Claro. Si no hay elementos de análisis compartidos es difícil llegar a un acuerdo sólido y creíble. El problema de Rajoy es esa esquizofrenia. Si no sale de ahí, el gobierno entrará en una situación de parálisis que no le permitirá actuar con eficacia. Ya estamos viendo que incurre en improvisaciones y en ir de una manera errática, con medidas que no responden a una estrategia de largo recorrido.
-Habla en un capítulo de 'tiempo de derrotas'. En Granada, el PSOE parece estar acostumbrándose a perder. Especialmente en la capital, donde el PP casi le dobla en votos
-Es un problema que requiere una especial atención, más allá de los tópicos a los que se ha recurrido con demasiada frecuencia y que no despejan el panorama. Hay que entrar en un análisis profundo y sumar a ello la idiosincrasia de Granada como ciudad. Aquí la derecha hace un discurso populista y demagógico al que no se ha hecho frente con la suficiente contundencia. Estamos ante la paradoja de que respecto a los grandes problemas de la ciudad no se llega a acuerdos porque el debate se enquista en polémicas de poca altura. Hay broncas tremendas por cosas secundarias.

(Publicado en el diario Granada Hoy el 28 de mayo de 2012)


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