

En momentos de grave dificultad también las instituciones, como los individuos, son puestas a prueba por la tensión de los acontecimientos. Gobiernos y administraciones, parlamentos y partidos, sindicatos y otras organizaciones sociales, se ven expuestos a las convulsiones de un tiempo de crisis, haciéndose más notorios sus déficits. Así ocurre al aflorar determinadas patologías que lastran las capacidades de las organizaciones frente a la realidad. Los partidos políticos presentan distorsiones que en parte son comunes a todos ellos como vicios acumulados en modos de funcionar desfasados para el mundo de hoy. Son patologías transversales que tienen su más claro exponente en la oligarquización y burocratización de los partidos. Pero además hay enfermedades específicas de cada formación política, o de determinados sectores de ellas, que desde su mismo entramado ideológico condicionan negativamente la respuesta de cada partido, incluso en lo que cabe esperar en la propia órbita de cada uno. Podemos señalar cuatro enfermedades políticas detectables en el espectro en el que nos movemos, las cuales urgen la terapia correspondiente.Por la derecha encontramos el integrismo como enfermedad cerril del conservadurismo. Sus acusados síntomas tienen que ver con la obcecación en torno a posiciones conservadoras en extremo, manifiestamente apegadas, en el caso de España, a planteamientos integristas de una Iglesia nostálgica de los privilegios que disfrutó con el nacional-catolicismo que acompañó a la dictadura franquista.
En lo que respecta a una derecha más moderna tenemos el tecnocratismo como enfermedad servil del neoliberalismo. Éste, convencido ideológicamente del sometimiento de la política al mercado, lleva su fundamentalismo economicista hasta la apología del gobierno de los expertos, con lo que supone de amenaza a la democracia aunque se salven las apariencias democráticas.
Por la izquierda, la socialdemocracia tiene en el centrismo –las terceras vías- una peculiar manifestación de enfermedad senil. La manía de andar compulsivamente tras un supuesto centro por eso de no perder el voto de unas volátiles clases medias, comporta para la socialdemocracia una especie de timidez ante los acontecimientos que le resta fuerza para ofrecer verdaderas alternativas políticas.
En la vertiente de partidos herederos de la tradición comunista sigue apareciendo aquel síndrome que ya denunciaba Lenin como izquierdismo, en tanto que enfermedad infantil del comunismo. Cuando a una injustificable pretensión de pureza ideológica y de incontaminación práctica, se añade la falta de perspectiva para alianzas estratégicas que hagan avanzar a la izquierda en su conjunto, se presenta un síndrome de Peter Pan que para un electorado inteligente no es de recibo.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 12 de abril de 2012)
(Publicado en el diario Granada Hoy el 12 de abril de 2012)

3 comentarios:
Ya en Twitter te comenté que habías hecho un diagnóstico perfecto, y te preguntaba si tenías pensadas algunas terapias para dichas enfermedades tan certeramente diagnosticadas. Tu respuesta fue la siguiente:
[Por la izquierda, el pacto que se fragua en Andalucía forma parte de la "terapia" :))]
De nuevo estoy totalmente de acuerdo. Terapia de choque larga pero imprescindible. Además se puede ampliar su experimentación a Extremadura, y si se diera el caso a Asturias. Extrapolar la terapia a otros niveles (locales e incluso nacional) es demasiado aventurado, pero si funciona sería estúpido no ampliar su aplicación.
En la Fórmula Magistral pueden utilizarse muchos componentes pero el principio activo básico debe ser EL SENTIDO COMÚN.
También en Twitter te comentaba que para la “derechona” no parece haber terapia posible, aunque siempre se podría echar mano de la cirugía. Por consiguiente también puede ser útil ir preparando ese “preoperatorio”. Deseable sería una intervención a fondo, una amputación de “cinco millones de votos”, por ejemplo. Si no fuese posible habría que programar intervenciones menos ambiciosas. En cualquier caso no hay que desesperar, ya se cantaba en la Verbena de la Paloma”: "Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad".
Estimado profesor:
Acabo de ller la noticia de la intención del gobierno argentino de expropiar REPSOL-Argentina. Y he leído en el faldón de esta noticia el apoyo del PSOE al gobierno en sus quejas por esta desagradable noticia para los oligarcas que no son sino los defendidos del PP.
Ahora bien: me preocupa la postura del PSOE. O apoyamos a los explotados de cualquier sitio o a los explotadores nacionales. Me resuena la cuestión del internacionalismo obrero, la I Guerra Mundial y el nacionalismo. ¿En qué quedamos: defendemos a los de las clases explotadas en todo lugar o a los oligarcas nacionales, españoles?, ¿siguen creyendo que el capital tiene patra? Sé que usted tiene claras las proridades, sólo pretendía escribir, como terapia anti-úlcera.
Un saludo.
Por pedir que no quede: ¿Podría escribir algo sobre esto? Porque si los explotados del mundo nos pusiéramos de acuerdo... temblaría la Tierra. Y muchas cosas cambiarían. (o eso esperamos).
Como siempre, un lúcido diagnóstico impecablemente explicado.
Me atrevo a añadir que las dos primeras enfermedades confluyen hoy día, sobre todo en "Madrid": un fundamentalismo moral cosido a un fundamentalismo neoliberal, que, por cierto, son profundamente contradictorios. Juegan de modo ventajista a dos cartas, porque lo que parece importar no es la coherencia, sino la satisfacción de sentirse en el "lado bueno"...
Contra semejante enfermedad, amigo, sólo cabe la virtud de la paciencia.
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