Segunda parte del artículo publicado en la revista ÉXODO
bajo el título "Difícil reubicación de una Europa descolocada"
El miedo hace estragos
Los acontecimientos que estamos viviendo corresponden al peor momento de la historia en la que maduró el proyecto de la Unión Europea. Lo imprevisto se asomó a nuestra historia común, aunque no deja de ser verdad que los tratados con que se ha ido forjando el proyecto europeo llevan en su seno, desde Maastricht, las cuñas neoliberales que al final ponen en peligro toda su arquitectura. Al diseño neoliberal del Banco Central Europeo, que sigue impedido para emitir eurobonos a través de los cuales pueda quedar mancomunada la deuda pública, le acompañó la implementación de una política monetaria con centro en la moneda común, sin una política económica compartida y sin una fiscalidad coordinada. A eso se le sumó la confiada perspectiva de que la economía del capitalismo global estaba encarrilada sine die por vías de expansión y crecimiento en las que el gigante económico europeo podría desenvolverse con grandes zancadas. Bastó que cambiaran los vientos del capitalismo hasta introducirlo, por sus mismas contradicciones, en una crisis global y sistémica, para que se pusiera en evidencia la debilidad de la Unión Europea, entre otras cosas por su enanismo político. Lo grave hasta los días actuales es que la crisis económica que nos afecta se quiere resolver mediante recetas que suponen más neoliberalismo –la reforma laboral puesta en marcha por el gobierno del PP en España muestra otro caso más en ese sentido-, a la vez que la crisis política se aborda desde preocupantes dosis de nacionalismo. Éstas van desde el nacionalismo económico alemán, que ha abandonado la práctica de promover una “Alemania europea” para imponer una “Europa alemana”, hasta las acrecentadas tendencias nacionalistas de corte populista y xenófobo que se detectan por doquier, con extremos especialmente preocupantes, cual es el caso de Hungría.
El proyecto europeo, debilitado económicamente y muy tocado políticamente, está pagando las ingenuidades optimistas con que se impulsó en décadas pasadas. En ese sentido es pertinente la comparación con aquel optimismo de la belle époque que no dejó ver las catástrofes que se echaban encima de Europa. En los años de hegemonía neoliberal, de la cual resultaron fuertemente contaminados los partidos socialdemócratas, se volvió a vivir una etapa de crecimiento confiado, acompañada por la difusión de un estilo de vida culturalmente marcado por el individualismo y un consumo desaforado. De nuevo, era apropiada una descripción del ambiente de la época como la que hizo Stefan Zweig de lo que se respiraba años antes de la Primera Guerra Mundial: “El progreso se respiraba por doquier. Quien se arriesgaba, ganaba. Quien compraba una casa, un libro raro o un cuadro, veía como subía su precio; con cuanto mayor audacia y prodigalidad se creara una empresa, más asegurados estaban los beneficios. Al mismo tiempo una prodigiosa despreocupación había descendido al mundo, porque ¿quién podía parar ese avance, frenar ese ímpetu que no cesaba de sacar nuevas fuerzas de su propio empuje? Nunca fue Europa más fuerte, rica y hermosa; nunca creyó sinceramente en un futuro todavía mejor” . Si a lo que se dice en estas líneas se le añaden claves relativas a la informática y telemática que han propiciado el capitalismo financiero de nuestros días, la descripción es más que adecuada, pues ni siquiera el relativismo propio de la postmodernidad llegó a mermar la tan difundida fe social en el progreso. Sin embargo, ahora, en la Europa agobiada por la crisis, a la vez que su optimismo se le ha derrumbado, la creencia en el progreso ha dejado de ser dogma indiscutible: todo un síntoma de que un viejo paradigma ha quebrado.
Triste, sin embargo, es que a la ciega fe en el futuro le haya seguido una apocada ideología del miedo. En medio de una guerra económica en la que el mercado global es el escenario, las filas europeas, temiendo el fracaso del euro y temblando por lo que de ello se siga, no logran verse reordenadas en torno a un proyecto común que vaya más allá de mantener a la defensiva posiciones que se perciben en toda su vulnerabilidad. Con escasa capacidad de sostener planteamientos políticos comunes en conflictos internacionales –por ejemplo, en Oriente Medio- y con mermada fuerza para hacer frente a la dura competencia desde la que se reestructura el mercado mundial –competir con China se ha convertido en la madre de todas las batallas económicas-, una Europa debilitada, que ni siquiera puede hacer frente a los acosos de las agencias internacionales (estadounidenses) de calificación financiera, se ve presa de la “economía del miedo” . En el contexto de una “Gran Recesión” que no hace sino alentar una “Gran Depresión”, la ideología del miedo acaba plasmándose en políticas del miedo, las que perpetran las restricciones económicas, los recortes sociales y los llamados ajustes que constituyen el meollo de la “Gran Regresión” a la que nos vemos abocados. Desde el miedo, ni se puede promover la igualdad, ni se puede defender la libertad. Desde el miedo, lo que se potencia es la sumisión. Y ahí radica el gran peligro que se cierne sobre los europeos. Valen al respecto las palabras con las que el filósofo checo Jan Patocka terminaba una larga entrevista sobre “el problema de Europa”: “¡sería terrible permitir que se comprometa el futuro por la inmediatez, no ya de nuestros intereses, sino de nuestros miedos!” .
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en la revista Éxodo, nº 112 (marzo 2012), pp. 48-55)

2 comentarios:
Como Ciudadano, y digo bien, CIUDADANO. http://escolaresciudadanos.blogspot.com.es/2008/04/qu-significa-ser-ciudadano.html
De todas mis palabras y expresiones soy el único responsable.
S.O.S. Jerez.
Cuando la palabra de un agente de la Ley, un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado está por encima de la de cualquier otro Ciudadano o Ciudadana, el Estado de Derecho se convierte en reaccionario, contrario a la libertad y a los derechos ciudadanos.
Cuando un sindicato policial se atreve atribuirse la salvaguardia de la Patria, del Estado, estamos a las puertas de un golpe involucionista, de un golpe de Estado por parte de estas fuerzas policiales.
Cuando los Jueces secundan las estrategias de estos sindicatos policiales, corrompen el Estado de Derecho, y nadie estará a salvo de estos juicios políticos ni de sus veredictos y condenas, nadie.
Si seguimos aceptando esta realidad cada vez más evidente, no pasara mucho tiempo en el que la convivencia entre españoles quede fracturada y estos hechos utilizados por las fuerzas más reaccionarias para provocar un cambio de régimen, una confrontación entre los españoles. De ahí la importancia de que los sectores progresistas de este País nos unamos en un “NO MAS REPRESION Y JUSTICIA PARA TODOS”
En el desahucio de la vivienda de una familia de Caulina-Jerez de la Frontera, el 30 de Septiembre de 2011, con 12 detenidos y otros tantos contusionados de Movimiento 15 M Jerez, se pudo observar como algunos de los agentes tenían insignias de la bandera del franquismo en las culatas de las pistolas, actitudes de odio hacia sus conciudadanos que en el uso de su libertad se oponían a un acto de injusticia como fue el desalojo de Caulina.
Y de esos barros estos lodos, ahora toca, al parecer, la persecución y la criminalización de los miembros más activos de este Movimiento Ciudadano Mundial.
Ahora estamos en otro proceso judicial, ahora contra Guillermo Aguilar Cañas, presidente de la Asociación juvenil jerezana “Rodando Calles” y Manuel Hidalgo Rincón “Militante de I.U. de Jerez”
Rafael Aguilar Jiménez
D.N.I. 31625286 X
Teléfono de contacto; 644277102
El miedo no es aleatorio; está estudiado es la "Shock doctrine". La misma que emplearon los Friedman's boys en Chile. Saludos,
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