

Todo un ministro de Economía del gobierno de España se ha dedicado a pregonar que una huelga general no es algo propio de una sociedad del siglo XXI. Inmediatamente en cualquier mente civilizada asoma la sencilla constatación de que una declaración como ésa –reflejo de lo que la derecha piensa acerca del derecho de huelga y de las organizaciones sindicales- no es propia de un ministro en una sociedad democrática. Así estamos, pues, en momentos en que hacemos una huelga general como protesta contra una reforma laboral marcadamente regresiva que, además de graves recortes de derechos laborales, un fuerte abaratamiento del despido y el debilitamiento de los convenios colectivos, entraña una ruptura del pacto social y una quiebra del modelo de convivencia desarrollado desde la Constitución de 1978. Si a todo ello se suma el patente desdén del gobierno de Rajoy hacia unos sindicatos con los que no se ha sentado a dialogar en serio, tenemos el conjunto de razones que han avalado a UGT y CCOO para convocar huelga general este 29 de marzo.
Si estamos ante la alternativa de salir o no salir de la crisis, como desde el gobierno se recuerda, no es cierto que esta reforma laboral contribuya a lo primero; es más, elementos hay para pensar que nos hundirá más en la crisis, pues amén de no ser justa, no es eficaz para los mismos objetivos que se aducen en su favor. Una reforma de estas características no va a generar empleo; por el contrario, lo que se comprueba de inmediato es que destruye el existente de forma acelerada. Toda ella implica una agresión sin contemplaciones contra los trabajadores, haciendo retroceder lo que han sido logros sociales conquistados a través de generaciones y respaldados por nuestro ordenamiento jurídico. Razones hay, por tanto, para ejercer el democrático derecho de huelga y hacer uso de la libertad de expresión manifestándonos contra una política subordinada a la tiranía del mercado y sometida a las irracionales directrices que se nos imponen desde Bruselas.
Como trabajadores en huelga y como ciudadanos en la calle, además de denunciar la inutilidad de una política antisocial que ni va a recuperar el empleo, ni va a reactivar la economía, defendemos nuestra dignidad, socavada por una reforma que no sólo mercantiliza al trabajador, sino que además lo trata como mercancía desechable. Una reforma así no hace sino recordar aquella inhumana propuesta decimonónica –de la cual tenemos noticia por Marx- acerca de una “casa de trabajo ideal” que en verdad habría de ser una “casa del terror”, donde sus terribles pautas coercitivas amedrentarían a los obreros para que ni se les ocurriera reclamar derechos. Parecemos volver desde el siglo XXI al XIX, hacia aquel capitalismo sin límite legal de explotación, criticado con toda razón por el autor de El Capital.
Si estamos ante la alternativa de salir o no salir de la crisis, como desde el gobierno se recuerda, no es cierto que esta reforma laboral contribuya a lo primero; es más, elementos hay para pensar que nos hundirá más en la crisis, pues amén de no ser justa, no es eficaz para los mismos objetivos que se aducen en su favor. Una reforma de estas características no va a generar empleo; por el contrario, lo que se comprueba de inmediato es que destruye el existente de forma acelerada. Toda ella implica una agresión sin contemplaciones contra los trabajadores, haciendo retroceder lo que han sido logros sociales conquistados a través de generaciones y respaldados por nuestro ordenamiento jurídico. Razones hay, por tanto, para ejercer el democrático derecho de huelga y hacer uso de la libertad de expresión manifestándonos contra una política subordinada a la tiranía del mercado y sometida a las irracionales directrices que se nos imponen desde Bruselas.
Como trabajadores en huelga y como ciudadanos en la calle, además de denunciar la inutilidad de una política antisocial que ni va a recuperar el empleo, ni va a reactivar la economía, defendemos nuestra dignidad, socavada por una reforma que no sólo mercantiliza al trabajador, sino que además lo trata como mercancía desechable. Una reforma así no hace sino recordar aquella inhumana propuesta decimonónica –de la cual tenemos noticia por Marx- acerca de una “casa de trabajo ideal” que en verdad habría de ser una “casa del terror”, donde sus terribles pautas coercitivas amedrentarían a los obreros para que ni se les ocurriera reclamar derechos. Parecemos volver desde el siglo XXI al XIX, hacia aquel capitalismo sin límite legal de explotación, criticado con toda razón por el autor de El Capital.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 29 de marzo de 2012)
(Publicado en el diario Granada Hoy el 29 de marzo de 2012)

3 comentarios:
A la pregunta: ¿aceptarías un trabajo sin cobrar nada? Dada la situación actual, cada vez más personas están dispuestas a hacerlo. No se trata de jóvenes que buscan su primer trabajo, que también, sino más bien profesionales, más o menos cualificados, que persiguen un puesto futuro, una experiencia profesional o un impulso a su autoestima.
Personalmente no me parece una mala idea en un momento como el actual, en el que mucha gente como yo apuesta por una formación gratuita. Creo que el empresario le pedirá al trabajador que se quede finalmente en su empresa, porque está claro que no podrá estar siempre sin cobrar.
Es como si yo le digo a un empresario: Déjeme un hueco en su empresa por unos meses para que le demuestre que soy rentable y apañado y si me lo gano me lo paga. Me gustaría que una empresa me dijera que sí.
Creo que los empresarios no pueden contratar a gente nueva porque las empresas deben pagar el sueldo completo a un nuevo trabajador sin saber si lo va a hacer bien. Además, si en unos meses se ve que no hace el trabajo bien, hay que sumar al gasto inútil realizado, el finiquito y los costes de formación. Por eso ahora las empresas sólo contratan gente cuando ya no pueden esperar más, apurando hasta el final.
Mal interpretado puede parecer una barbaridad, pero conviene recordar que esta formula ya existe desde hace unos años en otros formatos, y alguno de ellos han sido un gran éxito en países como Inglaterra. Es el caso de los vendedores, de los autónomos. La gran ventaja es que encuentran trabajos con mucha facilidad al contrario que en España y en particular Andalucía, ya que no existe compromiso de continuidad alguna.
En la actualidad, soy redactor en una página web y no cobro absolutamente ni un duro. Pero de esta forma puedo tener amplía experiencia en el mundo de la comunicación y mantener la autoestima por encima de 5 en una escala del 1 al 10. ¿Y usted, aceptaría un trabajo sin cobrar nada.
fernando-1492@hotmail.es
No puedo pasar sin aplaudir este artículo. Pérez-Tapias quintaesenciado.
Magnífica metáfora la del trabajador como "mercancía desechable": dos palabras definitivas.
El Gobierno está decidido a gobernar desde su mayoría absoluta, pero eso va a durar poco. Las cosas van a ir a peor, y les va a hacer falta un pacto con la izquierda social y política. Y viceversa.
Estimado profesor:
Acabo de leer unas noticias de varios medios y de varios economistas críticos sobre los presupuestos generales del estado.
Empiezo a entender a la primera generación de la escuela de Frankfort: sólo un dios nos puede salvar. La tragedia me asedia.
Ya ni leer El Principio Esperanza de Bloch me vale.
¿Es que siempre tienen que ganar los ricos?, ¿Es que no hay justicia en la historia?, ¿Es que a las víctimas no las repone nadie?,... ¿es que que los ricos ganen siempre es una ley natural: de la misma forma que la órbita de los planetas es elíptica, los poderosos se salen con la suya?
Sólo pensar y ver que somos privilegiados respecto a un etíope, un sudanés o un haitiano me hace colocar todo en su sitio. Por ahora, en comparación todo va bien: sale agua del grifo, como todos los días, tengo libros a mi alcance... Como en la película La Haine: por ahora todo va bien, por ahora todo va bien, por ahora todo va bien,...
Un saludo.
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