

Escribió Ernst Bloch, en su obra El ateísmo en el cristianismo, que “lo mejor de la religión es que produce herejes”. El filósofo alemán, que se dedicó, entre otras cosas, a rastrear el “hilo rojo” de los potenciales crítico-utópicos de la tradición bíblica, consideraba que el reverso liberador de la cara clerical y dogmática de las religiones lo proporcionan los rebeldes que emergen en el seno de las iglesias. Si eso se extiende a otras instituciones no religiosas, pero que presentan rasgos funcionalmente religiosos, podemos decir de ellas que también producen herejes. No obstante, para evitar equívocos, y constatadas ciertas patologías de las instituciones –desde las iglesias hasta los partidos políticos-, conviene aclarar que tomamos en sentido amplio el término “hereje”, entendiendo por tal, no la persona que pretende imponer una dogmática alternativa, sino la que defiende puntos de vista distintos de los oficiales reivindicando un espacio de libertad. El heterodoxo se opone a la doctrina oficial, sacando a flote intereses que la ideología ortodoxa oculta.
Ser heterodoxo en ciertas circunstancias suponía exclusión social o poner en riesgo la propia vida. En contextos democráticos la heterodoxia no se ve penalizada hasta esos extremos. Si se trata de la democracia en un Estado de derecho, las leyes y una cultura de la tolerancia protegen al discrepante. Sería impropio de una cultura democrática que en ella surgiera un Menéndez Pelayo escribiendo con afán de condena una historia de heterodoxos. Ser heterodoxo en situaciones de pluralismo democrático, con libertad de conciencia y de expresión, está al alcance del ciudadano que asuma convicciones o prácticas que contradigan los de sus grupos de pertenencia. La democracia es ámbito de la doxa, del libre juego de las opiniones, donde en el espacio público nadie puede invocar una verdad absoluta en la que apoyar pretensiones de ortodoxia.
Tal como han evolucionado las cosas, el problema se presenta por el lado de un relativismo extremo, cobertura de una permisividad de ancho espectro. ¿Es posible la heterodoxia en una sociedad donde, aparte lo establecido en el código penal, sólo lo “políticamente correcto” delimita lo permitido y lo no permitido? Un contexto así hace irrelevantes posibles heterodoxias, reduciendo las discrepancias a asunto privado. Pero todavía cabe la heterodoxia respecto a una permisividad encubridora de aquellos límites que una sociedad no deja traspasar porque ello cuestionaría sus fundamentos. A esa sutil ortodoxia con ribetes de ideología dominante habría que oponer una heterodoxia de nuevo cuño, radicalmente democrática.
Con todo, aun en una sociedad abierta no deja de haber organizaciones que operan con criterios, explícitos y sobre todo implícitos, que por momentos conllevan rechazo hacia quien discrepa. Induce esa actitud la distorsión de los fines de las organizaciones, asimilados a intereses de sus dirigentes. Eso se da en los partidos políticos, y cuando así sea, por razones de lealtad al proyecto común, procede la discrepancia respecto a la línea oficial. Dicha lealtad debe primar frente a una disciplina ciega que acentúa la incoherencia de la organización respecto a los principios y valores que la justifican. La heterodoxia, en tal caso, no es posición por sí misma pretendida, ni ubicación indefinida, y menos con vocación de marginalidad. Se justifica como heterodoxia relativa a unas circunstancias determinadas, en las cuales la conciencia democrática busca incidir en una dinámica que contradice lo exigible por motivos éticos o por objetivos de libertad, igualdad y justicia que en una fuerza política se invocan como razón de ser. Ese coraje de disentir, para restaurar consensos quebrantados, siendo fruto de una convicción moral, no puede dejar de atender a mediaciones políticas. También la moral necesita de estrategia, a condición de que la estrategia no se trague a la moral.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en la revista El ciervo, nº 732 [marzo 2012], pp. 10-11)
(Publicado en la revista El ciervo, nº 732 [marzo 2012], pp. 10-11)


No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada