jueves, 16 de febrero de 2012

La máquina de retroceder







La estuvieron poniendo a punto por largo tiempo. Avezados ingenieros especialistas en el pasado la planificaron con todo detalle. La dotaron de aspecto atractivo, con líneas modernas y toques postmodernos. Presentaron el prototipo en Europa para homologarlo. Llevaron la máquina a una feria industrial en Berlín, donde las autoridades alemanas tenían que darle su visto bueno. También la pasearon por céntricas avenidas de París, pues no podía faltar la aprobación gala a su aire pretendidamente glamouroso, tan necesario para privatizaciones. En Madrid, expuesta al público, contó con visitas ilustres, incluida la de algún británico. Con los exámenes aprobados la invención se dio a conocer a la ciudadanía española, aprovechando al máximo una colecta de votos para llenar sus depósitos de combustible. El pasado 20 de noviembre, no sin contar con bendiciones eclesiásticas, el invento se puso en marcha. Desde entonces no ha parado esa máquina de retroceder que es el Partido Popular.

Paradójicamente, la máquina de retroceder avanza por días. Los ciudadanos la ven pasar atónitos, apenas reaccionando cuando les tocan de cerca los estragos que ocasiona. La verdad es que nadie puede decir que no pudo informarse acerca del artefacto diseñado por la derecha española. Desde mayo hacían pruebas por el territorio nacional, reseñalizándolo de camino con azul intenso en casi toda su extensión. El invento, capaz de funcionar sin que su conductor diga nada, no es tan novedoso como nos quieren hacer creer. Tiene la carcasa remozada, pero su interior lo componen conocidas piezas neoliberales y conservadoras. Cuando se acelera, y en estos momentos es el caso, yendo hacia atrás arrasa por donde pasa: educación para la ciudadanía, derechos de las mujeres, derechos laborales, memoria histórica..., van quedando triturados bajo sus implacables rodillos. Como el ingenio está blindado con placas de puro cinismo no teme los choques ni con los sindicatos, ni con quienes aparezcan por la izquierda, ni con movimientos sociales. Es más, por parte de los que tripulan el vehículo, apto para altas velocidades en marcha atrás, no faltan declaraciones chulescas denigrando a colectivos o invitando a que los trabajadores, si se atreven, hagan huelga general. Todo está permitido para quienes blanden recortes y ajustes.

Visto lo visto, y sin que quepa decir que nos ha pillado por sorpresa, lo cierto es que la máquina de retroceder –el nombre se lo debemos a Eduardo Galeano, especialista en desentrañar instrumentos de poder- puede llevarnos a la noche de la Gran Regresión. Si no se la frena. Dicen que alguna posibilidad hay en Despeñaperros. El problema es que la máquina de progresar está gripada y sus mecánicos, que se reunieron para ponerla al día, han andado un tanto a la greña. Y el personal, estupefacto.

José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 16 de febrero de 2012)

1 comentario:

Miguel de Esponera dijo...

Qué bueno....

La única esperanza es que marcha atrás se consume muchísima gasolina, y quizás no puedan retroceder tanto como proyectan. Se quedarán sin combustible.

A menos que en su ánimo de retroceder, decidan (¡sin complejos!) pasarse a otra forma de energía (renovable y no muy contaminante): la esclavitud. Así la máquina podría seguir avanzando, perdón, retrocediendo.