jueves, 26 de enero de 2012

Ni moneda ni mejilla





























¿Cómo hacer oposición política en democracia? Hay muchos modos y dependen de los planteamientos ideológicos del partido que se vea en tal tesitura, del número de parlamentarios de los que disponga, de su trayectoria, de sus expectativas en cuanto a gobernar, de su relación con el electorado y del estilo que haya ido cultivando. Podríamos mencionar otros factores. También podemos remitirnos a los hechos.

Es conocida la actuación del PP frente al gobierno socialista de Zapatero: ocho años de oposición bronca y en muchos extremos desleal. En nuestras retinas quedaron sesiones parlamentarias en las que los neoconservadores vociferaban con que el gobierno claudicaba ante ETA, el PSOE cuarteaba España y los socialistas liquidaban la institución familiar. Después, la estrategia opositora se volcó sobre la pretensión de instalar en la opinión pública que “la culpa es de Zapatero”. Buscando rédito electoral no se entraba en el debate acerca de la complejidad de la crisis, sus causas y sus soluciones. Con tal perspectiva, los coherentes neoliberales del PP se negaron a colaborar con el gobierno para afrontar la crisis con miras puestas en el interés general. Así, hasta que en puertas de las elecciones el presidente Zapatero solicitó a Rajoy su apoyo para la “constitucionalización” del límite de déficit. Ahí accedió la derecha. El desgaste del PSOE estaba consumado.

¿Qué hacer ahora los socialistas en la oposición? El próximo congreso federal también habrá de clarificar cómo llevar a cabo esa oposición responsable de la que hablan las dos candidaturas que compiten por la Secretaría General del PSOE. En la difícil situación actual es responsable no hurtar al gobierno el apoyo en lo que de verdad esté a favor de lo que la sociedad española necesita. A ello se apunta al insistir, estando reciente la oposición realizada por el PP, que no se pagará con la misma moneda. La responsabilidad no depende de lo que otros hayan hecho, sino de los compromisos propios. Pero a la vez forma parte de la responsabilidad ante el electorado el que la oposición sea, por mor de la eficacia, contundente, y no sólo ante determinadas decisiones del gobierno, sino ante la orientación de una política que tiene el Estado de bienestar en su punto de mira y atragantado el Estado de las autonomías. Es por ello que la oposición socialista no puede consistir en poner la otra mejilla. El mandato evangélico, válido como opción individual en las relaciones interpersonales, no es prescripción para la política. Una posición condescendiente con medidas neoliberales como las que se vienen encima supondría injustificable tibieza ante el golpe que en toda su cara se llevarán los ciudadanos sobre los que recaiga el peso desigualmente repartido de recortes, restricciones y ajustes. No debe ser.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 26 de enero de 2012)

1 comentarios:

Miguel de Esponera dijo...

Fíjate que el ministro dijo ayer que si el rescate de Grecia se hubiera hecho a tiempo, España no estaría ahora como está. ¿Pero no era Zapatero? Ah, no, eso ya no hace falta, ahora ya sí es verdad que la crisis es global.

La clave para una oposición útil será la claridad. No verse obligados a dar pellizcos de monja (o de cura) en pequeñas intervenciones televisivas como respuesta a cada medida del Gobierno, sino de introducir ideología en esta democracia aparentemente desideologizada. El PSOE no debe intentar parecerse a la mayoría de la sociedad, sino ser lo más claro posible. Si la gente no se une a un discurso político e ideológico claro y bien construido, pues habrá que seguir en la oposición. Para la democracia es más importante poder elegir que qué es lo que se elige...