


No es extraño que, desde el punto de vista de lo que debe ser, entendamos la democracia como diálogo colectivo. Cierto que no es diálogo para sólo llegar a conclusiones discursivas, sino para tomar decisiones conforme al juego de mayorías y minorías. Y es frecuente considerar la vida política, que gira en torno al poder, en términos de lucha –si bien, en democracia, civilizada-, como dinámica de antagonismos y confrontaciones.
Entre esas constelaciones alegóricas también solemos hacer referencia a la vida política hablando de conciertos y desconciertos: se conciertan acuerdos o se producen desconciertos. Entre los últimos cabe mencionar el actual desconcierto en gran parte de la sociedad debido a las medidas del gobierno de Rajoy –como la subida del IRPF-, de las cuales el PP no anunció nada en campaña electoral. También fue desconcertante, hasta el punto de causar súbita perplejidad en la ciudadanía, el giro del gobierno de Zapatero con sus ajustes a partir de mayo de 2010. De aquellos polvos, estos lodos: de aquel desconcierto, el desastre electoral del PSOE, a partir del cual la formación socialista se apresta a realizar un Congreso para la puesta al día que le permita recuperar credibilidad y ganar la confianza de su base social. Así, el 38 Congreso se plantea bajo la pretensión de ser inédito concierto en el que el partido de Pablo Iglesias empiece nueva etapa, con partituras y dirección de orquesta diferentes.
Dado que las crisis se superponen unas a otras –la crisis económica arrastra la crisis de la representación política y, en medio de ellas, la crisis de la socialdemocracia aflora como crisis del PSOE-, un congreso con aspiraciones de concierto, movilizando propuestas y sentimientos entre procedimientos democráticos y lógicas de poder, tendría que verificar metafóricamente aquello que Ernst Bloch decía de la música: entre todas las artes, y por su vinculación con los afectos, “es la que más está dirigida y más en situación de ofrecer una pre-apariencia de desembocadura”. Se trata de perfilar vías de salida para nuestras crisis.
Visto así, diríase que los socialistas estamos preparando un concierto en Re mayor. Si nos fijamos, es el prefijo “re” el más repetido al puntear el pentagrama con las notas de lo que queremos entonar. Hablamos de RE-construcción del proyecto socialista, de RE-carga del partido, de RE-inicio de nueva etapa, incluso, con cierto exceso, de RE-fundación. Y ello sin dejar de RE-conocer lo logrado ni de RE-visar los errores. Todo eso va en el orden del día. Si se hace bien será un digno concierto, cuya música, como la de Beethoven, y según decía Adorno, porte “el eco resueltamente orquestado de la lucha social”. Eso sería re-confortante y se podría re-coger en alguna otra obra, aunque ya fuera en re menor.
Entre esas constelaciones alegóricas también solemos hacer referencia a la vida política hablando de conciertos y desconciertos: se conciertan acuerdos o se producen desconciertos. Entre los últimos cabe mencionar el actual desconcierto en gran parte de la sociedad debido a las medidas del gobierno de Rajoy –como la subida del IRPF-, de las cuales el PP no anunció nada en campaña electoral. También fue desconcertante, hasta el punto de causar súbita perplejidad en la ciudadanía, el giro del gobierno de Zapatero con sus ajustes a partir de mayo de 2010. De aquellos polvos, estos lodos: de aquel desconcierto, el desastre electoral del PSOE, a partir del cual la formación socialista se apresta a realizar un Congreso para la puesta al día que le permita recuperar credibilidad y ganar la confianza de su base social. Así, el 38 Congreso se plantea bajo la pretensión de ser inédito concierto en el que el partido de Pablo Iglesias empiece nueva etapa, con partituras y dirección de orquesta diferentes.
Dado que las crisis se superponen unas a otras –la crisis económica arrastra la crisis de la representación política y, en medio de ellas, la crisis de la socialdemocracia aflora como crisis del PSOE-, un congreso con aspiraciones de concierto, movilizando propuestas y sentimientos entre procedimientos democráticos y lógicas de poder, tendría que verificar metafóricamente aquello que Ernst Bloch decía de la música: entre todas las artes, y por su vinculación con los afectos, “es la que más está dirigida y más en situación de ofrecer una pre-apariencia de desembocadura”. Se trata de perfilar vías de salida para nuestras crisis.
Visto así, diríase que los socialistas estamos preparando un concierto en Re mayor. Si nos fijamos, es el prefijo “re” el más repetido al puntear el pentagrama con las notas de lo que queremos entonar. Hablamos de RE-construcción del proyecto socialista, de RE-carga del partido, de RE-inicio de nueva etapa, incluso, con cierto exceso, de RE-fundación. Y ello sin dejar de RE-conocer lo logrado ni de RE-visar los errores. Todo eso va en el orden del día. Si se hace bien será un digno concierto, cuya música, como la de Beethoven, y según decía Adorno, porte “el eco resueltamente orquestado de la lucha social”. Eso sería re-confortante y se podría re-coger en alguna otra obra, aunque ya fuera en re menor.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 19 de enero de 2012)
(Publicado en el diario Granada Hoy el 19 de enero de 2012)
1 comentario:
ya sabes que yo apuesto por las notas en "sostenido" y me temo que dirijan el concierto grande o conciertos intermedios algún (a) que otro (a) soplagaitas
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