miércoles, 30 de noviembre de 2011

Filosofía y política




















La relación entre filosofía y política es uno de los temas que se tocan bajo el título de La filosofía vivida , que es como se ha rotulado la entrevista que el equipo del programa Tesis de Canal Sur 2 tuvo la amabilidad de hacerme. En ella hablamos también de las tareas de la filosofía en la actualidad, así como de la aportación de la filosofía a la promoción del diálogo intercultural en una sociedad pluralista como la nuestra. No faltan, como se puede esperar, alusiones a la crisis en la que estamos inmersos y a lo que se puede decir de ella desde la filosofía.


Para ver la entrevista, una vez que se ha abierto pinchando en el enlace que a continuación se indica, se puede avanzar hasta el minuto 10 del programa. No hace falta decir que los otros contenidos del programa relativos al Corral de la Montería de Sevilla y al grupo Symple Dylan son sumamente interesantes.



lunes, 28 de noviembre de 2011

Por un federalismo en serio















POR UN FEDERALISMO EN SERIO
En apoyo de http://www.laideafederal.org/

España necesita articularse y consolidarse como Estado federal. A partir de la Constitución de 1978, el despliegue del Estado de las Autonomías nos ha permitido un proceso muy fructífero de descentralización política. Sin embargo, el Estado autonómico presenta limitaciones y zonas de indefinición que reclaman profundizar en el mismo avanzando hacia un federalismo consecuente. Los recientes procesos de reformas de Estatutos de Autonomía de diversas Comunidades vuelven a poner de manifiesto esa necesidad, máxime tras resoluciones del Tribunal Constitucional que han puesto de relieve el precio de la indefinición de la misma Constitución española respecto al modelo de Estado.

Las urgencias de la crisis económica en la que estamos inmersos no pueden hacernos olvidar cuestiones importantes, y el logro de una mejor articulación territorial de España es para nosotros una de ellas. Si tenemos presente que en el actual contexto de crisis, además de las amenazas que se dirigen contra el Estado de bienestar, también aparecen otras no menores con su punto de mira puesto en el Estado autonómico, razón de más para profundizar en una propuesta federalista para España que constituta una alternativa consistente a las presiones recentralizadoras que se pueden vislumbras en el horizonte político.

No sólo desde Cataluña y Euskadi, sino desde todas las Comunidades Autónomas hay que promover una cultura federal que robustezca la conciencia colectiva respecto a la necesidad de rehacer el pacto constitucional para la mejor articulación territorial del Estado, y ello desde principios compartidos de lealtad institucional, respeto a las legítimas diferencias y compromiso con la igualdad de derechos de los ciudadanos.

Si a las razones para ir hacia una España federal se añaden las exigencias que plantea un proyecto europeísta hoy muy debilitado por la crisis del euro que zarandea a la Unión Europea, tenemos más motivos y más fuertes argumentos para difundir y recabar apoyos para un federalismo en serio que también ha de articularse en el ámbito europeo. Bienvenido, pues, todo lo que redunde en la “idea federal”.

José Antonio Pérez Tapias


viernes, 25 de noviembre de 2011

Límites en la aclamación del héroe











En otros momentos de nuestra historia, cuando se estilaba la retórica que apelaba a categorías épicas, este artículo “postelectoral” podría haber empezado diciendo que Rubalcaba tiene ya su sitio entre los héroes del socialismo español. Lo curioso es que eso ya lo han dicho otros, y sin los circunloquios de un lenguaje indirecto, en los días siguientes a la jornada electoral del pasado 20 de noviembre, fecha que será recordada como la de una derrota histórica –ya puestos, vayamos a la épica- del PSOE frente al PP. Como es lógico, han proliferado los análisis acerca del ascenso de la derecha hacia una mayoría absoluta más que holgada y sobre la caída vertiginosa del voto socialista, con pérdida del apoyo de más de cuatro millones de electores respecto a las anteriores generales. De entre esos análisis, en lo que toca a la defección de antiguos votantes del PSOE, sobresale, como denominador común, que las contradicciones se pagan. Y se añade, como apreciación muy subrayada, que la credibilidad perdida a lo largo de toda una legislatura por esa caída en contradicciones insalvables no se recupera en un par de meses de campaña electoral, máxime si en ellos no cesa el ahondar en las contradicciones propias. A las elecciones generales se iba, pues, con la intención de minimizar daños, sabiendo que se perdían. Tal era el destino que aguardaba al PSOE, y no inscrito en las estrellas, sino escrito en la mundanal prosa de un relato con crónica de derrota anunciada –mis disculpas a García Márquez por recurrir una vez más a parafrasear su conocido título-.

En el contexto descrito se situó como personaje central la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba. Tampoco es muy original la comparación entre él y Don Quijote, pero no sólo por fisonomía, sino por lo común de considerar quijotesca la aventura electoral que emprendió quien tenía que enfrentarse a molinos de viento bien reales y sin ninguna boda en el horizonte que, al modo de las de Camacho, alegrara el previsible devenir de los días. Es cierto que noticias del País Vasco y el afecto de miles de militantes han sido bálsamo de Fierabrás, muy de agradecer en medio de batallas sobre jamelgo renqueante y con armadura abollada. El PSOE como maquinaria electoral no estaba en su mejor momento. No obstante, la cita con el destino era ineludible, por más que viéndola venir se confirmara lo que Walter Benjamin dijera: “el destino aparece cuando se considera una vida como condenada”. En este caso, no era otra la condena que el fracaso de una misión con objetivo inalcanzable. ¡Hay que tener madera de héroe, aun en sociedad postheroica, para acometer tal empresa! De ahí que el agradecimiento a Rubalcaba y el reconocimiento de su valor ético y su coraje político hayan de ser tan intensos como sus hechos reclaman.

Ahora bien, lo dicho no significa que tenga que carecer de límites la aclamación de quien como héroe trágico se ha enfrentado a un destino en el que lo necesario se apreciaba desde el principio como imposible. La desmesura en las actuaciones del coro puede echar a perder las memorables páginas escritas por el candidato socialista. Estamos en una sociedad del espectáculo que todo lo amortiza y lejos de una cultura capaz de entender el mérito del sacrificio, de ahí que haya que advertir cómo darían al traste con lo valioso de su acción –acción política inserta en la historia producida bajo la determinación de hacer ajustes “cueste lo que cueste”- desmesuradas aclamaciones del héroe que pudieran hacer derivar su trayectoria sacrificial de la tragedia a la farsa, como advertía Marx que ocurría en el repetirse de la historia. A propiciar esa deriva contribuyen quienes instrumentalizan la figura del héroe democrático con la intención de parapetarse tras él, en vez de acometer en un Congreso sin precipitados “arreglos orgánicos”, no sólo lo relativo a una nueva dirección socialista, legitimada desde un limpio juego democrático, sino además un nuevo guión para la difícil etapa en la que el PSOE ya ha entrado. No puede ser que en medio de los simulacros políticos a los que nos lleva la mercantilización del mundo se imponga el disimulo para fingir lo que no se tiene: proyecto político consistente, estrategia definida, apoyo de las bases y confianza de la ciudadanía. Si fuera así se haría más patente la impotencia para hacer frente a lo que de verdad nos anega: el “terror al hundimiento de lo político”, como dijo Baudrillard. Esto va en serio. Reconozcamos, pues, lo heroico, pero sin instrumentalizar al héroe.



José Antonio Pérez Tapias
[Publicado en EL SIGLO, nº 949 (28 noviembre 2011), p. 39]



jueves, 24 de noviembre de 2011

Las contradicciones se pagan

















El principio de coherencia es exigente, tanto respecto a los componentes de un discurso, como en referencia a la indispensable concordancia –al menos en cierto grado- entre lo que se dice y se hace. Va con nuestra condición racional que sea así y lo conlleva nuestra condición moral. De todas formas, las sinuosidades de la vida, personal y colectiva, nos muestran cómo dicho principio lo flexibilizamos al “pactar” con la realidad. Hay un límite: el de una coherencia tan quebrantada que afecte a la propia credibilidad, generando una desconfianza difícilmente superable. Las contradicciones que se enquistan en lo dicho o que se instalan, incluso como contraposición de contrarios, en la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, restan credibilidad a las palabras.

A algunos, en una posición cínica blindada contra acusaciones de incoherencia, no les importa incurrir en contradicciones. Eso ocurre en política, como en otros ámbitos de la vida, y más en la época de un capitalismo cínico. Pero hay que matizar: eso se castiga por el lado izquierdo del espectro político, donde siguen vigentes requerimientos de coherencia. Lo prueba la derrota sufrida por el PSOE en las pasadas elecciones y que Rubalcaba, como candidato, no haya vencido las reticencias de muchos al apreciar como inverosímil su mensaje, por más que lo lanzara cual héroe enfrentado al destino en la contienda electoral.

Respecto a las generales anteriores, el PSOE ha perdido más de cuatro millones de votos. Sin merma de la estimación que merecen los casi siete millones conservados, es insoslayable despejar el porqué de la defección de tantos votantes. Pormenorizados análisis lo escrutan, más allá de la constatación de que esos votos se han dispersado por otros partidos o la abstención. Son efectos, pero no causas del abandono de las siglas PSOE. Éste se debe a diversos factores, pero en el fondo late la valoración que han hecho muchos ciudadanos –y en especial millones de parados- de las contradicciones en que los socialistas nos hemos sumido, sea por la gestión de la crisis, sea por la incapacidad para un balance de lo acaecido más ajustado a la realidad para permitir recomponer un proyecto consistente. El giro político de mayo de 2010, aun con la previsión de su coste electoral explicitada por Zapatero –si los hechos constreñían a ello eso no iba a aminorar las contradicciones resultantes-, y la colisión entre valores proclamados y decisiones tomadas, entre lo realizado y lo de nuevo propuesto, han comportado un grave déficit de credibilidad. Tras la derrota frente a una derecha que pinta azul el mapa de España procede afrontar las propias contradicciones, pero llenando el cargador de tinta roja para así poder escribir la historia de una nueva etapa, una vez saldada la factura que se nos ha pasado.







José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 24 de noviembre de 2011)

jueves, 17 de noviembre de 2011

Contra la desmoralización
























El voto de los electores el próximo domingo va a tener un marcado carácter “contra algo”: contra el desempleo, contra la impotencia de la política, contra la parálisis de Europa, contra el desmantelamiento del Estado de bienestar, contra ajustes padecidos como injustos, contra la corrupción –aunque este tema apenas ha aparecido en campaña, por motivos explicables, pero que no dejan de sorprender-, contra la crisis, en definitiva. El momento deja poco margen para la construcción de discursos en los que se articule una propuesta programática en positivo, lo cual es algo que no se resuelve sin más dando la vuelta a lo que se dice en negativo. Ello es sintomático de la crisis de la política a la que nos está arrastrando la locura económica.

Creo, sin embargo, que la fuerte presión con que la dinámica de los mercados está erosionando a las instituciones democráticas es tan grave que nos obliga a ir más allá en las intenciones de rechazo y búsqueda que puede albergar el voto ciudadano, sea al partido que sea, incluso siendo en blanco. El estado de ánimo de la ciudadanía que está convocada a las urnas se puede describir en términos de perplejidad ante la contradictoria realidad que nos rodea, de desconcierto ante respuestas políticas insuficientes y de temor ante una creciente incertidumbre que puede acabar en un paralizante miedo al futuro. Con tales ingredientes en el ánimo social, no es exagerado decir que la democracia puede verse seriamente dañada, profundamente herida en su núcleo moral, el que se sitúa en la dignidad de unos ciudadanos que se ven no sólo menoscabados en derechos, sino humillados en su condición. En una palabra, estaríamos ante una “desmoralización” de la democracia de consecuencias previsiblemente alarmantes.

Recogiendo, pues, un diagnóstico que en diferentes contextos y horas históricas ya hicieron tanto Ortega como más tarde Aranguren, es pertinente plantear, frente a esa depresión de nuestro colectivo tono moral, así como frente a la desvalorización de los valores (morales) de la democracia que el economicismo y la tecnocracia en alza pueden inducir, la necesidad de que nuestro voto tenga en cualquier caso el carácter de un voto contra la desmoralización. Cuando, además, en nuestra cultura postheroica ningún candidato, a pesar de titánicos esfuerzos –y pienso singularmente en Rubalcaba, candidato socialista-, puede cargar por sí solo con esa tarea aun en situación que bordea lo trágico, razón de más para que los ciudadanos asumamos al votar el compromiso moral que la democracia exige. Ahora es eso lo más importante, dicho sea sin merma de la relevancia de lo que de inmediato se dilucida: quién gana o pierde en la contienda electoral –cuestión, por lo demás, que parece presentar pocas incógnitas, salvo matices nada desdeñables-.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 17 de noviembre de 2011)

martes, 15 de noviembre de 2011

Rubalcaba contra el rapto de Europa


















El rapto de Europa es un antiguo tema mítico, de hondo arraigo en la cultura de la Grecia antigua a la que tanto debe la misma Europa, el cual hoy puede convertirse en tema de actualidad, pero desgraciadamente ya no en relato mítico alguno, sino por lo que sucede en la realidad en la que estamos inmersos. A nadie escapa el momento crucial por el que pasa la Unión Europea y el proyecto europeísta en general. La crisis de la deuda de algunos de sus Estados miembros, convertida en perversa dinámica que incentivan los mismos mercados que se aprovechan de ella para la especulación financiera, sabemos que mantiene en jaque al euro como moneda común de 17 países. De esa forma, es el euro, manejado torpemente por quienes quieren resolver la crisis desde planteamientos de nacionalismo económico tan alicortos como interesados, el que puede transmutarse en agente real de ese rapto de Europa, arrebatándonos la posibilidad de avanzar en la construcción europea. Después de lo visto en Grecia, donde el rescate del país se hace pasar por caminos que ponen en peligro la democracia, y después del desembarco de la tecnocracia en el gobierno de Italia –por más que sacando de él a ese impresentable bufón que ha sido Berlusconi-, no deja de rondar por el escenario europeo la perversa propuesta de la Europa de dos velocidades, es decir, la vía hacia una escisión en la UE de la que no habría manera de reponerse en el horizonte histórico que somos capaces de vislumbrar. No va por ahí la solución, sino que, por el contrario, lo que por ahí se daría es el secuestro de Europa sustrayéndola del poder de decisión de los ciudadanos.

Estamos en España en plena lucha electoral, pero en medio de ella no hay que perder de vista la batalla que se libra en Europa. Rubalcaba, el candidato del PSOE para la presidencia del gobierno, tiene claro que hay que dar la batalla en Europa a favor del proyecto europeo, lo cual es a favor de cada uno de los países que en él estamos involucrados. También el presidente Zapatero se ha manifestado claramente en contra de la escisión que amenaza a Europa bajo esa propuesta aparentemente “salvadora” de las dos velocidades.

Hoy mismo, la CDU debate sobre Europa en el Congreso que celebra en Leipzig. Allá es donde Angela Merkel ha insistido, frente a la derecha recalcitrante de su partido, en que es necesaria más Europa. Cierto, pero hace falta que la canciller alemana respalde esa declaración con sus propios hechos, los cuales dejan mucho que desear hasta ahora. De suyo, Merkel, con la alianza de un Sarkozy que acaba plegándose al dictado de Alemania bajo la propaganda de un reeditado eje franco-alemán, ha dado más muestras de perseguir una Europa a la medida de Alemania –siguiendo y reforzando la estela de un euro que nació a la medida del deutsche Mark- que una Alemania integrada en Europa, que es por lo que habían trabajado sus mismos antecesores. Imponiendo reformas diseñadas desde el fundamentalismo de la austeridad, para más ajustes que recaen sobre la ciudadanía de cada país, el actual gobierno alemán promueve procesos de reformas aislados unos de otros, sin una solución europea global. No es el camino, como le recuerdan a Merkel en la misma Alemania.

Rubalcaba, recogiendo el compromiso europeísta del Partido Socialista y el sentir mayoritario de la ciudadanía española, ha apuntado bien hacia la búsqueda de una solución europea a la crisis. Así, se ha mostrado a favor de los eurobonos y de dar pasos hacia nuevas funciones del Banco Central Europeo que lo saquen de su limitación a medidas monetarias con las miras puestas en el control de la inflación –¡que ahora no es el problema!- a través del control de los tipos de interés. El candidato Rubalcaba, dando pasos completamente acertados en esa dirección, propone flexibilizar el límite de déficit del 3% del PIB para 2013 como medida crucial que es necesario pactar entre los países de la eurozona. Es ésa una posición dogmática cuyo inmovilismo está trayendo de cabezas a todos en la crisis que actualmente se ceba sobre Europa, sin que nadie se atreva a poner en cuestión ese dogma de gestación un tanto azarosa, por no decir arbitraria, que recibió las bendiciones neoliberales de rigor y sólo por eso se mantiene. Ya con aplazar el cumplimiento de tal límite a 2015 la presión sobre los Estados cuya deuda pública es hoy por hoy objeto de movimientos especulativos, sería muchísimo menor. Con una medida como esa, tras la cual tenían que ponerse a trabajar coordinadamente las izquierdas europeas, se podría empezar a desatar el nudo que asfixia a Europa, liberándola de la soga con lo que hoy por hoy los mercados la llevan atada hacia su secuestro. ¿Y qué hace la derecha? Nada, como si Europa no existiera. El PP permanece ajeno a la batalla que se libra en el seno de la Unión. Y Rajoy, cuando ha dicho algo a este respecto, ha sido en dirección contraria a la inteligente propuesta de Rubalcaba. Conclusión: el PP no está contra el rapto de Europa que se cierne sobre nosotros.

José Antonio Pérez Tapias

jueves, 10 de noviembre de 2011

Democidio
























Muere la democracia si se liquida al “demos”, a la sociedad en tanto que pueblo capaz de ejercer su ciudadanía. Hay riesgo de “democidio” cuando está en peligro la vida de la democracia como sistema político. Soy consciente de que la palabra fue acuñada, entre otros, por el politólogo R.J. Rummel para designar, como variante del genocidio, hechos criminales de un gobierno que asesina a la población de su Estado. Pero es pertinente trasladar el término, alumbrando nuevo sentido, a lo que está ocurriendo en la UE, especialmente en países del Eurogrupo. En algunos, las presiones de poderes económicos y políticos –con papel estelar de la canciller alemana- sobre los países más afectados por la crisis económica, con Estados atrapados por desmesuradas deudas, están llevando a un ninguneo de sus instituciones democráticas y a un mortal socavamiento del “demos” como sujeto colectivo.

Ha sido patente en Grecia. Obligada por instancias europeas e internacionales a durísimos ajustes para saldar una deuda impagable, ha vivido la patética situación de un primer ministro anunciando un referéndum para recabar de una ciudadanía ya muy castigada el apoyo para las medidas que se le exigen, pero de forma que al poco la propuesta es retirada bajo presiones insoportables. Se ha dicho, y los hechos lo avalan, que Papandreu, retirando el órdago, pretendía apoyo para un gobierno de concentración, a la vez que neutralizar la crítica de una derecha que se desentendía de culpas propias en el caos de la economía griega. Con todo, la jugada del jefe de gobierno heleno como discípulo de Maquiavelo no le ha permitido ser, como ha escrito Sami Naïr, más que “héroe por un día”; al siguiente se tuvo que envainar su radicalismo rousseauniano y dimitir. Penosa situación de Grecia revelando una contradicción entre capitalismo y democracia que se resuelve en desprecio a ésta por parte de los mercados y de quienes han asumido la tarea de representar a ellos en vez de a los ciudadanos. Y siendo grave la coyuntura de Italia, esos mismos mercados obligan a hacer las maletas a un Berlusconi que se encargó de destrozar el “demos” de la república. ¿Paradoja? Simplemente, el capital no quiere inútiles.

Estamos siendo testigos de la historia antidemocrática que se escribe al hilo de la crisis y de la manera de afrontarla por la ortodoxia neoliberal. Lo que se está haciendo conlleva retrocesos del Estado social y que la ciudadanía se vea desarticulada como “demos” sustentador de instituciones de autogobierno. Antes insistíamos en que el proyecto europeísta necesitaba un “demos” capaz de tejer la solidaridad transnacional y de actuar, como decía Habermas, en el espacio político de una Europa cada vez más amplia. Ahora el “democidio” quiebra todo eso. Y preguntamos: ¿para qué salvar el euro si al final se pierde el “demos”?


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 10 de noviembre de 2011)

jueves, 3 de noviembre de 2011

La rebelión de Papandreu








El patio europeo está revuelto. Poco ha durado el efecto de la cumbre celebrada hace unos días para tratar de alejar a la UE del abismo. Si se quería llegar a la inmediata reunión del G20 con respuestas tranquilizadoras acerca del euro, apuntaladas sobre la quita del 50 por ciento de la deuda griega, la recapitalización de la banca y el incremento hasta un billón de euros de un fondo de rescate para países en riesgo, el invento no ha funcionado. Sorprendentemente –para gobernantes, pues la ciudadanía ya no se sorprende de nada-, ha sido el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, el que ha soliviantado a la eurozona. Su anuncio de someter a referéndum el plan de rescate de Grecia ha hecho temblar las estructuras de la UE, a la vez que se disparaban de nuevo las maniobras especulativas que traen de cabeza a Estados pendientes de sus bonos “soberanos”.

Si miedo había a los mercados, las reacciones al anunciado referéndum muestran el miedo que en ellos, y en los que les están sometidos, produce la democracia. Proliferan interesadas apologías de la democracia representativa que nada quieren saber de legítimos ejercicios de democracia directa, por más que las calles estén llenas de ciudadanos indignados porque nadie cuenta con ellos para decir una palabra sobre decisiones que hacen recaer sobre sus espaldas el peso de la crisis. Papandreu ya habló hace meses de la posibilidad de un referéndum, aunque no se le tomó en serio; ahora busca recuperar una legitimidad que tiene bajo mínimos, planteando a los ciudadanos, ante un rescate que supone aliviar a Grecia una deuda impagable pero al precio de ajustes más duros con los que ha de cargar una población ya muy castigada, la alternativa de seguir o no con la moneda común. La pregunta que afronte la ciudadanía va a comportar un terrible dilema –o ajuste o quiebra-, con el cual Papandreu pondrá a la derecha griega, en gran medida causante del desastre de su país, en un brete ineludible. Y todo ello pendiente de que supere la moción de confianza a la que se ha sometido.

Europa se sitúa expectante ante un drama que se halla al borde de ser tragedia para todos. Y los europeos barruntan que están ante una variante de la orwelliana “rebelión en la granja” en la que los griegos han explicitado lo que descubrieron aquellos sufridos animales una vez desvelado el engaño al que les sometían sus líderes: que todos somos iguales, pero unos más iguales que otros. Como proyecto político Europa no puede seguir consagrando diferencias entre velocidades, entre eje central y ruedas traseras, entre centro y periferia, entre norte y sur. Una Europa de los mercaderes puede aprovecharse de las desigualdades; una Europa de los ciudadanos no puede permitirlas. Para ello es clave que toda rebelión sea transformadora.


José Antono Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 3 de noviembre de 2011)