sábado, 28 de mayo de 2011

Entre cuestionamientos y crisis: primarias y candidato



















Intervención en el Comité Federal del PSOE

28 mayo de 2011

Compañeras y compañeros:

Se ha hablado aquí, y bien dicho, de unidad, de cohesión del partido, de responsabilidad compartida y de apoyo y defensa de quien va a ser nuestro candidato a las próximas elecciones generales, Alfredo Pérez Rubalcaba. Por supuesto. Pero quiero que tengamos en cuenta la ducha de agua fría que nos ha caído con la derrota en las pasadas elecciones municipales y autonómicas. Por ello me pregunto, con el poeta, si hemos tocado el fondo. Porque puede ser que lo que hemos vivido sea un ensayo general de lo que suceda en las próximas elecciones generales. ¡Y eso es lo que no debe ocurrir!

Para que efectivamente no suceda una nueva derrota electoral como la que hemos sufrido tenemos que atender a las dos cuestiones que laten detrás de la que hemos padecido y que aquí se han señalado. Una tiene que ver con las medidas contra la crisis económica, las cuales han sido percibidas por la ciudadanía como una serie de ajustes injustos, como acaba de señalar el compañero Txiki Benegas. La otra tiene que ver con el cuestionamiento de la política que se ha manifestado a través de acampadas en las plazas y lo que se llama el movimiento 15 M. Ese cuestionamiento, esa deslegitimación de la política, sobre la cual, como el gran tema de fondo, ha llamado la atención Juan F. López Aguilar, reclama una respuesta por nuestra parte. La clave para nosotros estará en ser capaces de responder a las dos cosas a la vez: a la crisis económica y una crisis de la política que radica en la impotencia de la política frente a los poderes económicos. Tenemos que hacer ver a la ciudadanía la importancia y validez de la política desde la misma manera en que se afronta la crisis económica.

Los resultados electorales han mostrado la capacidad de movilización de la derecha. Sin embargo, siendo así, eso no quita que la derecha se movilice políticamente en torno a una visión funcional de la política. Esa visión funcionalista es la que cuadra con el liberalismo de cierta derecha, reciclado como neoliberalismo. Para nosotros, socialistas, en cambio, la política no es algo funcional, sino sustancial. Es lo que entronca con la tradición republicana en la que arraiga el socialismo democrático. Es en relación a ello como merece la pena recordar el republicanismo cívico que hicimos valer allá por 2004.

Pues bien, con ese republicanismo tiene que ver todo lo relativo a las primarias como procedimiento de elección de candidatos. Vamos a tener un candidato apoyado por todos. Pero hay que reconocer que, a la vista de comentarios y declaraciones, tenemos un problema con las primarias en nuestro partido. En el congreso que se haga después de las elecciones generales, y está bien que sea en ese momento –nosotros veníamos defendiendo eso desde Izquierda Socialista, teniendo en cuenta los diferentes tiempos que deben conjugarse (tiempo económico, tiempo del gobierno, tiempo del partido)-, en ese próximo congreso de balance y alternativas, habrá que proceder a codificar mejor el sistema de primarias para normalizarlo de una vez en la vida del partido. No se pueden entender las primarias como algo que vaya en contra de la unidad del partido. No se pueden tener en los Estatutos como algo que luego se acaba siempre eludiendo.

Ha sido muy sintomático estos días que se alabe la generosidad de Carme Chacón por no presentar su candidatura a las primarias. Esa valoración ética, tal como muchas veces se ha expresado, esconde una desvalorización del sistema de primarias, ante la cual hay que decir que conviene ir con más cuidado con el lenguaje que se utiliza, pues subrepticiamente carga con una valoración negativa que es la que se consolida. Carme Chacón ha sido muy generosa, cierto, pero hubiera sido igual de generosa si su decisión hubiera sido la de presentar su candidatura a primarias. Como en el caso de Alfredo Pérez Rubalcaba su coraje político y su valía acreditada a lo largo de toda su trayectoria hay que decirlas de él antes, en y después de las primarias.

Será decisivo cómo dotamos de credibilidad a todo el proceso que hemos previsto: primarias, conferencia política –nos parece muy bien como foro de ideas, donde participen los ciudadanos y se les escuche, sin eludir poner por nuestra parte el marco ideológico donde insertar las diferentes aportaciones- y congreso. Éste, según hemos dicho, como espacio para el debate, la crítica y la autocrítica, siempre desde la responsabilidad compartida, después de las elecciones, haciendo balance de toda una etapa y presentando alternativas y estrategias para siguiente etapa que tendremos por delante.

Muchas gracias, compañeros.

José Antonio Pérez Tapias
Diputado en el Congreso. Miembro de la corriente Izquierda Socialista

viernes, 27 de mayo de 2011

Vértigo tras la derrota



















La sensación de vértigo acompaña a las subidas excesivamente rápidas y a los acelerados descensos. Además, a la inversa del mal de altura, puede aparecer un mal de bajura, igualmente nefasto para mantener la cabeza en su sitio. No cabe duda que todo ello se da en el terreno político, y de manera acusada cuando la caída es brutal en virtud de lo que hace subir y bajar en política: el voto de los ciudadanos. La derrota electoral en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, de ésas sin paliativos, parece habernos lanzado a los socialistas a un correr desnortado tratando de huir del abismo.

En previsión de lo que venía –no andamos a dos velas en el PSOE-, se aprobó en el anterior comité federal la hoja de ruta de cara a las elecciones generales. En ella, como mandan los estatutos, se recogió la elección interna de un candidato o candidata para la presidencia del Gobierno, convocando elecciones primarias para que decida la militancia. Queremos ser un partido efectivamente democrático. Pero hubo más, el recorrido de esa hoja contempló un primer paso: la renuncia del presidente Zapatero a presentarse como candidato. Tal paso a algunos nos pareció en ese momento innecesario –no garantizaba la menor presión del debate nacional sobre el autonómico que ciertos candidatos pretendían en sus comunidades-, además de precipitado –consumía un recurso político para afrontar los previsibles malos resultados de las municipales, por ejemplo-. De todas formas, lo respetamos y damos fe de cómo fue aplaudido en cuanto gesto de talante profundamente democrático.

La cuestión es que después, ante el comité federal del 28 de mayo, muchos de aquellos aplausos se han trocado en presiones queriendo alterar el guión establecido. El motivo aducido es la magnitud de la derrota, considerando que exige un debate en profundidad sobre la política del partido. Para ello se plantea realizar un congreso federal, sin apreciar en todo su alcance implicaciones ineludibles de su convocatoria, como es la dimisión del secretario general para dar paso a una nueva ejecutiva. El envite ha sido fuerte, tanto que la tensión creada por el mismo ha traído como consecuencia que Carme Chacón haya comunicado a la opinión pública la retirada de su candidatura a las primarias para evitar conflictos internos y que salga dañada la imagen de cohesión y unidad que el partido debe dar ante la ciudadanía.

Cabe decir que la propuesta de un congreso para debatir sobre el proyecto del PSOE, de la cual ha sido adalid Patxi López como secretario de los socialistas vascos, tiene su lógica, pero puede decirse lo que comentaba Tolstoi en relación a ejércitos en retirada: incrementa esas circunstancias imprevistas que “aparecen más cuanto más vergonzosa resulta la derrota”. Siempre debe haber debate, con sus componentes de crítica y autocrítica, pero lo cierto es que un planteamiento como el que se ha hecho respecto a un congreso no nos parece lo más acertado. Hay que reelaborar el proyecto socialista, pero no huyendo del vértigo tras las pasadas elecciones, sino una vez culminado el ciclo de dos legislaturas al frente del gobierno de España. Todo ello requiere un balance adecuado y un trabajo serio de redefinición ideológica, elaborando una estrategia a largo plazo, lo cual no se resuelve por vía rápida en un congreso que difícilmente puede tener la preparación adecuada.

Por tanto, considerando necesario un congreso, pensamos muchos que para acometerlo no hay que dejarse llevar por esa precipitación que Descartes criticaba en sus Reglas para la dirección de la mente. Ahora hay que afrontar el proceso de primarias, y de forma creíble para la ciudadanía, dando la palabra a los militantes para decidir sobre lo más urgente. Eso no supone soslayar el necesario debate para un programa electoral netamente de izquierda, coherente, que responda a los problemas que nos acucian, desde el paro hasta cómo seguir afrontando los conflictos de nuestro mundo globalizado. Para ello tenemos la fórmula de una conferencia política bien llevada. Luego, tras las próximas elecciones, será el momento de un congreso del partido con la seriedad, la serenidad y la profundidad que la cuestión requiere, tanto para la reconstrucción de nuestro proyecto como para la elección de quienes han de dirigir el partido en los duros años que tenemos por delante.

José Antonio Pérez Tapias
Diputado en el Congreso y miembro del Comité Federal del PSOE

(Publicado en el diario El Mundo el 27 de mayo de 2011)



jueves, 26 de mayo de 2011

Reconstrucción



¿Qué debemos hacer los socialistas tras perder las elecciones municipales y autonómicas? Se impone, en primer lugar, el análisis de lo que ha sido, dicho con fórmula consagrada, derrota sin paliativos: nada la suaviza, por más que descontemos excepciones en determinados lugares. ¿Por qué tan demoledores resultados? Las medidas contra la crisis económica han provocado la reacción de votantes defraudados, desconcertados por los giros políticos e indignados ante ajustes padecidos como injustos.

Otras consideraciones sobre cómo ha llegado el PSOE hasta donde está las podemos sintetizar mediante algunos enunciados. Uno de ellos vendría a afirmar que los giros a la derecha de un partido o de un gobierno de izquierda, además de desnaturalizarlos, allanan el camino a la misma derecha. Es iluso pensar que con políticas contaminadas de neoliberalismo se convence a un electorado con expectativas socialdemócratas. Un segundo enunciado puede decir: pretender achacar la pérdida de apoyo a carencias en comunicación, siendo verdad, es insuficiente. Sencillamente, la gente no está de acuerdo con el modo de abordar la crisis. ¿Se podría haber hecho otra cosa para afrontar el dilema “ajuste o caos” ante el que nos vimos como país? Eso es harina de otro costal. Pero cabe una tercera consideración respecto a ese otro costal: aun habiendo transitado por el camino supuestamente correcto (según ortodoxia definida por poderes financieros) o por el que se estimó ineludible, dicho camino muestra mucho de equivocado. Estamos viendo cómo la aplicación de durísimos ajustes no facilita la salida de la crisis, especialmente la generación de empleo, al bloquear el crecimiento. ¿Por qué no revisar plazos y objetivos de control del déficit? Va siendo un clamor que la UE se coordine para ello –lo hace urgente el caso de Grecia- y deje claro que la política no es impotente frente a la economía. Si en el futuro, a los castigos electorales se añade una profunda melancolía por esfuerzos inútiles, la sensación de derrota será mayor.

¿Qué hacer? Es perentorio establecer una secuencia clara de acción: primarias para elegir a quien encabece las candidaturas socialistas en unas elecciones generales ya en puertas y, tras los comicios, un congreso que, con verdadero debate, entre a fondo en las alternativas para el largo plazo. A través de todo ello hay que acometer la reconstrucción del proyecto socialista y la elaboración de una estrategia frente a esta derecha que políticamente se va enseñoreando del mapa de España. ¿Hasta cuándo ha de mantenerse el gobierno, en agónica lucha contra la crisis? La respuesta ha de tener en cuenta no sólo evitar descalabros mayores; se trata de evitar sobre todo la frustración de la ciudadanía respecto a la política, ya muy cuestionada.





José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 26 de mayo de 2011)

miércoles, 25 de mayo de 2011

Primero, primarias






La elección interna de un candidato o candidata para la presidencia del gobierno no sólo está prevista por los estatutos del PSOE, sino que además se anunció en el último Comité Federal tras la declaración de Zapatero de que no se volvería a presentar como candidato. Unas elecciones generales en puertas, después de la derrota sufrida por el PSOE en las pasadas municipales y autonómicas, hacen más apremiante la celebración de las primarias, convocando a toda la militancia del Partido para que se pronuncie sobre la mejor candidatura para los próximos comicios. El Comité Federal del próximo sábado 28 de mayo tendrá que fijar el calendario para esas primarias ya comprometidas.



Ha surgido también, sobre todo por la iniciativa de Patxi López, lehendakari y secretario general del Partido Socialista de Euskadi, la propuesta de hacer un congreso general del PSOE para redefinir el proyecto socialista y elegir una nueva dirección, de forma que quien ocupara la secretaría general fuera quien asumiera la candidatura para la presidencia del gobierno. No es una idea descabellada, pero a muchos no nos parece lo más conveniente. Es verdad que hay que reelaborar el proyecto socialista, pero no sólo después de las pasadas elecciones con resultados demoledores para nosotros, sino después de un ciclo que incluye dos legislaturas al frente del gobierno de España. Todo ello requiere un balence adecuado y un trabajo serio de redefinición ideológica de nuestra alternativa, en especial frente a la derecha, cosa que no se resuelve por vía rápida en 40 días de apretada preparación de un congreso.



Por ello, considerando necesario un congreso que ha de ser crucial, pensamos muchos que para acometerlo no hay que dejarse llevar por esa precipitación que Descartes criticaba en sus Reglas para la dirección de la mente. Ahora, en cambio, es momento de primarias, las cuales suponen dar la palabra a toda la militancia en una situación muy especial tras la derrota electoral para que decida sobre lo más urgente. Es importante dar esa posibilidad de la máxima participación democrática. Todo ello sin entrar en las consideraciones que habría que hacer sobre la convocatoria de un congreso que supondría la inaplazable dimisión del actual secretario general. ¿Acarrearía el inmediato final de la legislatura? Hay interrogantes serios a ese respecto que los compañeros proclives al congreso no han despejado.



Primero, pues, primarias. Luego, tras las próximas elecciones, un congreso del partido con la seriedad, la serenidad y la profundidad que la cuestión requiere.



lunes, 23 de mayo de 2011

Entre la indignación y el voto




















Llegaron las elecciones. Las municipales y autonómicas del 22 de mayo han dejado un mapa político con sensibles cambios de color en ayuntamientos y parlamentos autonómicos. Es la democracia. Para ensalzarla tampoco hace falta decir que el pueblo siempre tiene razón, pues tan pueblo es la parte que apoya a unos como la que da su voto a otros. Los resultados son los que son y en este caso, además de configurar las mayorías que permitirán gobernar municipios y comunidades autónomas, son la aldaba de elecciones generales que ya andan buscando fecha por el calendario. Tendrá que conjugar empeño, paciencia y buen sentido para el momento oportuno quien debe decidir sobre tan crucial asunto. Entre tanto, nos podemos hacer algunas preguntas, suscitadas no sólo por los resultados de los pasados comicios, sino por fenómenos ocurridos durante la campaña electoral. Relevantes fueron las manifestaciones del fluido y digitalizado colectivo “Democracia Real Ya”, el cual explicita en sus actuaciones la conexión con el reto del nonagenario Stéphane Hessel y su panfleto Indignaos, así como con sus clónicos españoles en el libro Reacciona. ¿Qué pasó con el voto de los indignados, si lo hubo?

Una primera cuestión sería si votaron quienes se movilizaron una semana antes de la jornada electoral para expresar en calles y plazas el profundo malestar por la situación económica y, más motivante aún, por las respuestas políticas frente a ella. Éstas se juzgan claudicantes en lo que a la política se refiere, impotentes ante los poderes financieros y desequilibradas en las cargas impuestas por la crisis. Gentes de diferentes edades y procedencias, pero mayoritariamente jóvenes, nutrieron una protesta cívica frente a una realidad social injusta. Hasta el FMI habló de que en España laboralmente puede haber una “generación perdida”. ¿Cómo no reaccionar? Si antes no se hizo fue por falta de cauces, por el individualismo dominante, por la amortiguación de la crisis en colchones familiares y, también, por las políticas sociales que el gobierno trata de mantener. Pero todo ello no oculta un futuro nada halagüeño. ¿Puede interpretarse, entonces, buena parte de la abstención registrada como vinculada a ese malestar de fondo? Así es, aunque no haya que concluir que las manifestaciones de “Democracia Real Ya” añadieran más abstención de la que hubiera habido sin ellas. También muchas personas que las secundaron fueron a votar. A ello se invitó desde la izquierda, insistiendo en que en nuestra democracia las elecciones son “reales” y su resultado no es indiferente.

A toro pasado cabe recordar la distancia expectante con la que el PP miraba los acontecimientos. La derecha sabía que quienes eran cuestionados por las personas y colectivos movilizados eran los partidos de izquierda y, en especial, el PSOE y su gobierno. La derecha sabía que la abstención inducida por una deslegitimación de la izquierda parlamentaria le favorecía. Es pregunta pertinente si la consciencia de ello afloró entre los manifestantes. La respuesta se puede intuir teniendo en cuenta que lo que aglutinaba a quienes se lanzaron a la calle el 15 de mayo era no sólo la crítica a las políticas aplicadas, sino la desafección respecto a la política, incentivada por la visión negativa de una llamada “clase política” sumida en el desprestigio. Puede pensarse que tal consideración es injusta con las instituciones y las personas que nos dedicamos a la política –descontemos los casos de manifiesta incompetencia y de probadas corrupciones-, pero tal desvalorización es un hecho. Ello pone de manifiesto, por un lado, que tenemos un problema serio de representación política de la ciudadanía y, por otro, que ha calado peligrosamente el enfoque demagógico y populista acerca de la política y los políticos. Puede faltar poco para que algunos, como en la Argentina del “corralito”, salgan con la pancarta que diga “que se vayan todos”.

Puestos a terminar preguntando, ante manifestaciones de ciudadanos con razón indignados, es procedente indagar las respuestas a insoslayables cuestiones, pues si el porqué está claro, el para qué está oscuro y el contra quién queda difuso. Alguien, entre los manifestantes que se pusieron a debatir, dijo: “Todos tenemos grandes ideas aquí, pero tendríamos que ponernos de acuerdo en qué estamos reivindicando”. Pues de eso se trata y, para que los votos no se vayan por el sumidero de la abstención o por derroteros antidemocráticos, toca a los partidos activar los cauces de participación.



José Antonio Pérez Tapias


[Publicado en EL SIGLO, nº 927 (23 mayo 2011)]


viernes, 20 de mayo de 2011

La ciudad en la urna













Hay ciudades que ocupan el espacio que han sabido ganar; otras quedan arrinconadas en el mapa. La geografía no es sólo naturaleza; es tierra históricamente roturada. Por ello, encontramos ciudades llanas que se elevaron a cumbres de cultura y otras entre montañas que lograron en su entorno fértiles valles. No faltan las que se pierden entre lo alto y la bajo, sin estar a la altura que debieran. La cartografía de las ciudades muestra lo más variopinto y su diversidad se multiplica con el bullir de cada una. La tipología va desde las que tienen alta estima de sí hasta las que se miran de reojo por no aguantar espejos. Las trazas de sus relaciones con lo cercano y lo remoto dibujan incontables líneas de un mundo cuya red tiene sus nudos en las ciudades. ¿Cómo se halla en él Granada, nuestra ciudad?

Conviene que en las campañas previas a la elección de nuestros representantes en los parlamentos municipales que son los ayuntamientos, entre dimes y diretes, trascendiendo partidas de juego sucio, nos interroguemos por el estado de la ciudad, por su ubicación en los mapas reales y también imaginarios del mundo en que se insertan. Sería ejercicio razonable, neutralizando el ruido que torpedea la comunicación, preguntarnos por las causas y protagonistas que, para lo bueno y lo malo, han traído las ciudades a donde se encuentran. Buscando respuestas iríamos desechando promesas estériles de quienes pretenden que creamos delirantes sueños de ilusas ciudades de prodigios. Pasó el tiempo de los embaucadores, aunque quieran lucir medallones que han adornado pechos de alcaides. Vecinas y vecinos que batallan en el diario trajín bien harían estando en guardia respecto a vendedores de costosas baratijas electorales: teleféricos kilométricos, túneles y ascensores inverosímiles o ferias de dudoso arte cuando luego no se respeta el verdadero patrimonio.

Y los políticos, especie considerada parásita respecto a la cual muchos no escamotean esfuerzos para su extinción, ¿qué podemos hacer en campaña –sobre todo candidatos a ediles- a favor de cada ciudad? Es obligado exponer programas creíbles. E indispensable que la ciudadanía perciba por dónde va el desarrollo que se propone. En el arte de la política no se gana sólo con la lupa sobre cada esquina; es necesario presentar el cuadro en su conjunto, que es lo que los electores, incluso indignados o escépticos, acaban evaluando. Llegado el día de la sacrosanta votación democrática tienen en sus manos, libres e iguales, su papeleta, la del voto que es llave que abre el futuro en una dirección u otra. Así, la ciudad se juega su ser en la urna. De los ciudadanos depende que ella, mortal como todo lo humano, no se precipite hacia otras urnas de apariencias seductoras, pero que pueden ser funerarias.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 19 de mayo de 2011)


jueves, 19 de mayo de 2011

Socialistas a la escucha de movimiento 15 M





En el PSOE nos tomamos en serio el malestar que miles de ciudadanos están expresando estos días en calles y plazas de ciudades de España, con su punto neurálgico en la Puerta del Sol de Madrid. Tanto las manifestaciones convocadas el pasado domingo, 15 de Mayo (15M) por Democracia Real Ya, como las asambleas celebradas en los lugares de reunión y "acampada" de los manifestantes, dan a conocer los motivos de una protesta que, como ha reconocido el Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, tiene sus razones:


http://www.europapress.es/nacional/noticia-zapatero-hay-escuchar-porque-hay-razones-descontento-20110519172350.html


Tal reconocimiento, con lo que implica no sólo de aceptación de la crítica, sino de autocrítica, ha de dar paso a la emisión de mensajes en los que desde el PSOE mostremos verazmente que nos hacemos cargo de las reivindicaciones planteadas y del compromiso de ofrecer soluciones a las mismas, activando todos los mecanismos de diálogo político disponibles en nuestra sociedad y sus instituciones democráticas.


Respetando la iniciativa de los ciudadanos y ciudadanas que se manifiestan, valorando la autonomía de sus plataformas de coordinación y expresión, es importante, además del acuse de recibo, señalar pistas para la profundización en la democracia en el sentido que se está reivindicando: una democracia política más participativa y coherente que lleve el caraácter democrático de las decisiones hasta las cuestiones sociales y económicas que afectan a todos. Destaca en primer lugar todo lo relativo al paro que castiga a millones de ciudadanos, especialmente a los jóvenes.


Desde la corriente Izquierda Socialista nos sumamos a esta manera de abordar lo que está ocurriendo en nuestra sociedad como expresión de la "indignación" de la ciudadanía ante la impotencia de la política y los abusos de los poderes económicos. Consideramos necesario que ante estas manifestaciones que están teniendo lugar durante la campaña para elecciones municipales y autonómicas del 22M, se tenga un profundo respeto democrático. En ese sentido hemos manifestado nuestra confianza en que la Junta Electoral Central adopte criterios flexibles y abiertos respecto a las manifestaciones y concentraciones ciudadanas en curso, considerando la prioridad de todo lo relativo a los derechos de expresión y manifestación y teniendo en cuenta que desde tales movilizaciones no se incide en la compaña con peticiones de voto para ningún partido. De esa forma se contribuirá al mejor clima social, de convivencia verdaderamente democrática, necesario para un buen desarrollo de la jornada electoral del próximo domingo:


http://www.europapress.es/nacional/noticia-15m-izquierda-socialista-aboga-primar-derecho-manifestacion-buen-desarrollo-comicios-20110519151632.html

Salvar la política








Vivimos un tiempo de tremendas paradojas. Basta constatar el desprestigio de la política en el momento en que es más necesaria. Es chocante que en países como el nuestro nos deslicemos hacia una democracia de la indiferencia cuando las revoluciones árabes aspiran a regímenes democráticos en los que sean reconocidos los derechos ciudadanos.

¿A qué se debe esa historia passionis de la política en la que se flagela a quienes se dedican a ella, erosionando las instituciones democráticas? Respuestas no faltan. Unas ponen el acento en la corrupción en el ámbito político –no tratada de la misma forma por todos los partidos-, cáncer de la democracia, con el agravante de que la metástasis se atribuye a todos los políticos aunque sólo un número muy exiguo esté involucrado El eco mediático multiplica el efecto. Tal desenfoque hace que se vea a los políticos formando una casta privilegiada. Nadie niega que haya que corregir el alejamiento respecto de la ciudadanía, pero extrapolar la cuestión a los términos de una clase política ineficaz y parasitaria no se corresponde con la realidad. Se echa en falta un análisis alejado de derivas populistas.

¿Será posible rescatar la política reinsertándola en una suerte de historia salutis? Debe ser, si queremos la organización civilizada de sociedades complejas y de su vida en común. Es recurrente insistir en la revitalización de los partidos políticos, profundizando en su democracia interna, clave para evitar la formación de oligarquías y redes clientelares en su seno. También sabemos de reformas de las dinámicas parlamentarias que propiciarían una vida política más acorde con las preocupaciones ciudadanas. Pero hay otras cuestiones de fondo.

La confrontación entre Estado y mercado hace difícil el aprecio de la política. El sometimiento de ésta a un mercado capitalista que impone sus leyes a las instituciones democráticas es la causa más profunda de su descrédito. Remontar el declive de la política requiere superar el economicismo neoliberal y afrontar un nihilismo cultural que comporta el desfondamiento de valores sobre los que asentar la convivencia democrática. Para salvar la política hay que sacarla de su impotencia. También en momentos electorales.


José Antonio Pérez Tapias
[Publicado en la revista Vida Nueva, nº 2753 (14 mayo 2011)]


miércoles, 18 de mayo de 2011

Castillo de libertad

















Puede resultar extraño hablar de “castillo de libertad”. ¿Contradicción en los términos? Si la palabra “castillo” lleva connotaciones de fortaleza inexpugnable y cierre defensivo, habrá que decir también que la libertad necesita baluartes. ¿Cómo, si no, defender logros liberadores de los ataques de los enemigos de la libertad, tan abundantes? Porque, aun disfrutando de libertades, es contagiosa la querencia por la servidumbre. Afortunadamente, no faltan personas capaces de ser diques contra el conformismo inducido por el miedo a la libertad, así como conciencia crítica en o frente a instituciones proclives a exaltar la obediencia como máxima virtud y el poder como valor absoluto. Una de esas personas es José María Castillo, Pepe Castillo para sus próximos, reputado teólogo más allá de nuestras fronteras nacionales y religiosas, cuyo apellido, precisamente por su condición de hombre libre y liberador, da pie a la metáfora con la que arrancamos para hablar de él y su obra.

Ya hay quien en estas páginas ha escrito de él con motivo del Doctorado Honoris Causa con que la Universidad de Granada le ha homenajeado. Me sumo, tras el acto de investidura, a lo expresado por Juan A. Estrada contextualizando el pensamiento de Castillo en la teología contemporánea, así como a la exposición de méritos hecha en la investidura por el profesor García Casanova, sobre la que abundó el Rector de la Universidad. Ellos recogían el sentir de la comunidad universitaria acerca de la valía de la obra intelectual de quien, más allá de las creencias de cada uno, merece el reconocimiento de una institución laica que se hace cargo de la relevancia de un discurso teológico enhebrado a lo largo de toda una vida. En él están presentes el rigor, el diálogo con otros saberes, la atención a los problemas de nuestro tiempo, las contradicciones de nuestra sociedad, el servicio a quienes en ésta llevan la peor parte y, por supuesto, el testimonio de unas convicciones profundas que son las que a Pepe Castillo le vinculan a esa comunidad que es la Iglesia, a pesar de no haber recibido por parte de sus representantes institucionales el trato que debía de habérsele dado. Es destacable paradoja que una institución civil vehicule el reconocimiento social ganado por un teólogo al que las instancias eclesiásticas le hurtan el reconocimiento debido. Sin embargo, tal paradoja no es sino reflejo de la tensión entre una sociedad secularizada, con sus contradicciones y miserias, pero donde caben la pluralidad y el diálogo, y una Iglesia replegada sobre sí misma, con serias dificultades no sólo para transmitir el mensaje que es su razón de ser, sino incluso para mantenerlo con la vitalidad exigible. Ésa es la tensión entre cuyos polos se ha situado Castillo a lo largo de su trayectoria.

Oyendo en el crucero del Hospital Real el magnífico discurso de nuestro Honoris Causa, con esa voz diáfana en la que vuelca la energía que le acompaña, incluso siendo ya octogenario, me inundaron recuerdos de las clases magistrales que Castillo impartía en la Facultad de Teología de Granada, hasta que las presiones vaticanas obligaron a la Compañía de Jesús a apartarle de la docencia. Me ratifiqué en aquello que pensé en mis juveniles años de formación: no sé cuando se cayó del caballo, pero este Castillo, como Pablo de Tarso, es un gran teólogo de la libertad que, liberando conciencias de oxidados grilletes de moralina, abre las puertas de un compromiso ético reasentado sobre la memoria del Crucificado, rescatándolo del secuestro a manos de falsas imágenes de Dios construidas por una Iglesia transmutada en organización clerical.

Como Pablo en el Areópago, hablando a los atenienses del “Dios desconocido”, Castillo en la Universidad reafirmó el valor de una teología sin falsas teodiceas, fiel a la trascendencia de un Dios que no debe traicionar con idolátricas imágenes. Estamos en nuestra inmanencia y en ella no cabe esperar revelaciones divinas donde no las hay. Frente a las alienantes imágenes de un Dios que nuestros conceptos han situado entre la impotencia y la violencia, el compromiso de la fe es responder con nuestro comportamiento a los otros que nos interpelan, a veces desde la soledad y el desvalimiento, y siempre exigiendo justicia y reclamando amor. Castillo acabó citando el dicho de Jesús refiriéndose al juicio de Dios recogido en el capítulo 25 del evangelio de Mateo: “cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”: la humanización de Dios de la que hablan sus últimos libros. ¿Recordar eso es la disolución de la teología? Creo que no; todo lo contrario.


José Antonio Pérez Tapias
(Artículo publicado en el diario Granada Hoy el 18 de mayo de 2011)


domingo, 15 de mayo de 2011

Fatah y Hamás recuerdan la "Nakba" con su reconciliación






Este año de 2011, el recuerdo de la catástrofe (nakba) que para el pueblo palestino se inició el 15 de mayo de 1948, tras la constitución unilateral del Estado de Israel, con muerte, destrucción y el desplazamiento forzado de cientos de miles de personas fuera de los lugares donde vivían, tiene lugar cuando gana solidez la buena noticia que ha supuesto el proceso de reconciliación iniciado por Fatah y Hamás.




El paso fundamental dado por las organizaciones políticas palestinas para avanzar hacia la liberación de su pueblo por caminos de democracia, pluralismo y respeto a los derechos humanos debe ser motivo de esperanza para todos. Desgraciadamente no lo entienden así ni el primer ministro de Israel, Netanyahu, ni su gobierno, haciendo alarde una vez más de su ceguera histórica y de su cicatería política, las que les llevan a seguir manteniendo políticas contrarias a principios y leyes que el Estado de Israel debería respetar si quisiera ser verdaderamente democrático y de derecho (que supone mucho más que hacer elecciones y configurar gobiernos según juego de mayorías y minorías).


La reconciliación de Fatah y Hamás se inscribe en el contexto formado por las revoluciones democráticas que se están dando en el mundo árabe, y precisamente los palestinos son pioneros en elecciones democráticas transparentes, lo cual les avala de cara a sus propios procesos electorales y al carácter fehacientemente democrático del Estado que aspiran a constituir. Siendo éste un objetivo que ya se sitúa en un horizonte próximo y para el que las autoridades palestinas ya adelantan en el ámbito internacional la petición de que dicho Estado sea reconocido, lo que procede por parte de todos los países democráticos es preparar el terreno para ese reconocimiento, especialmente en el marco de Naciones Unidas. Sabemos que el Estado de Israel, al que la Autoridad Palestina accedió a reconocer hace mucho tiempo, pone trabas de todo tipo a la constitución de ese Estado al que los palestinos tienen derecho. Pero desde el Estado de Isarel no hay derecho a actuar así, y eso es lo que hay que decir. ¿Y si llega la hora de la constitución unilateral del Estado palestino porque Israel no quiere acceder a ello? Pues habrá que decir que ese Estado de Israel carece de legitimidad para pedir a las naciones de este mundo globalizado que no reconocozca lo que es voluntad del pueblo palestino respaldada por el derecho internacional.






















sábado, 14 de mayo de 2011

El cachalote herido
























Cuando la mar se encrespa, hasta llegar a buen puerto puede teñirse de amargura. Quizá porque, como reflexionaba Ismael, a quien Melville atribuye la narración de la terrible odisea tras Moby Dick, “todas las cosas nobles están tocadas por la melancolía”. Así, produce una extraña sensación de tristeza, cuando la derrota de ETA es clamorosa y su final se avista en el horizonte, ver cómo se acompasan iracundas voces y hoscos gestos para remover las procelosas aguas por las que navegamos.

En el cuaderno de bitácora de nuestra travesía queda constancia de tormentas que nos zarandean y de destrozos causados por huracanes que exigen de la tripulación sacrificios sin cuento ante las crisis desencadenadas; se registran, además, los ataques infligidos por un gran cetáceo con vocación de leviatán que embiste contra el buque como si quisiera horadar su línea de flotación. La fuerza de sus empellones y coletazos tiene su causa en el arpón que la bestia lleva clavado en el lomo desde hace siete años, produciéndole insufrible dolor. Testigos de los sucesos de entonces cuentan que el arrastrar esa suerte de aguijón mucho debe a los movimientos del animal por incontroladas respuestas instintivas. El escozor de una sangrante llaga que no cicatriza provoca furibundas reacciones de ese gran cachalote herido.

La ofuscación de una ballena cuya hemorragia la escora peligrosamente a la derecha induce los golpes que asesta a esta nave que, al botarla, bautizamos como “Estado social y democrático de derecho”. Cuando a tenor de la carta náutica, y ante elecciones inminentes, se somete la hoja de ruta a legítimos jueces de a bordo para asegurar un rumbo sin terror, el cachalote herido paradójicamente vuelve a la carga azuzado por vientos del norte que traen noticia de violencias que amainan. La arremetida, como de partido popular que demagógicamente coordina sus fuerzas, llega a ser muy dura ante la sentencia de un tribunal constitucional que, desde el castillo de popa, garantiza en el barco los derechos de todos, incluidos los de quienes pacíficamente quieren desembarcar. Los magistrados no admiten trampas con la violencia política, pero el cachalote, con tanto resoplar, no está para el ejercicio de análisis que requiere la sentencia emitida en vísperas de que el pasaje hable con su voto. En medio del oleaje, el agua que sale a chorros desde sus entrañas parece alentar a quienes difunden la falsedad de que “ETA gana” o a quienes mienten gritando que los socialistas hemos metido a ETA poco menos que en el puente de mando. Afortunadamente, podemos izar en el mástil la bandera con el lema “gana la democracia”, sabiendo que nuestro barco no es aquel Pequod que naufragó por la “maliciosa inteligencia” de la Ballena Blanca y por el temerario afán de venganza del capitán Ahab.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el día 12 de mayo de 2011)

miércoles, 11 de mayo de 2011

La hospitalidad de Túnez




Mientras los países de la UE tratamos de quitarnos de encima la problemática de los refugiados que salen de Libia, aun sabiendo que en muchos casos han llegado a costas italianas como inmigración irregular forzada por Gadafi, los países fronterizos con el país norteafricano en guerra están dando un magnífico ejemplo de solidaridad hacia quienes huyen de la misma, especialmente Túnez.


En la patria de Bouazizi, quien con su muerte activó el detonante de las revoluciones democráticas en el mundo árabe, la situación es difícil, en pleno período de transición a la democracia -hay elecciones previstas para el 24 de julio-, con la situación económica muy precaria y con las fuerzas retardatarias del antiguo régimen poniendo trabas al proceso de cambio. Aun con todo eso, los tunecinos se están volcando con los refugiados, acogiéndolos en sus casas y sin dejarse atrapar por las posibles (y a veces ya reales) reacciones de los "gadafistas" a su hospitalario comportamiento.


A Túnez ya han pasado desde Libia unas 361.000 personas. De ellas, unas 36.000 eran ciudadanos tunecinos que trabajaban allí; otras 146.600 eran ciudadanos libios; y han sido cerca de 179.000 los de terceros países que han atravesado la frontera tunecina. ¡Y en Europa se encienden sospechosamente todas las alarmas por unas 25.000 personas que han llegado a ella! El desconsiderado trato a esa migración, la falta de sensibilidad hacia quienes en ella tengan que ser recibidos como refugiados, la puesta en marcha de todo un proceso tendente a cerrar fronteras y revisar el acuerdo de Schengen..., son muestras de la incoherencia del espíritu democrático de Europa. Decir que se apoyan las revoluciones democráticas en países árabes y luego desentenderse de todo esto, con actuaciones de ribetes xenófobos, resta credibilidad a la solidaridad de la que los europeos alardeamos. ¡Muy buen ejemplo el de los tunecinos!


jueves, 5 de mayo de 2011

Ni héroes ni tumbas





















Quiso el azar que, enterados de la muerte del autor de Sobre héroes y tumbas, “testigo insobornable” de nuestro tiempo –como quiso ser, emulando a otros a los que así apreció-, nos llegara la noticia de otra muerte, la de Bin Laden, el más buscado terrorista, impulsor de Al Qaeda y mentor del atentado del 11 S en Nueva York. Muerto cerca de Islamabad a manos de fuerzas de EEUU, su fallecimiento no va a dar pie a que se le recuerde como héroe: su prestigio en el mundo musulmán estaba en declive. Es más, amén de no haber condiciones para ser reconocido como tal ni por quienes jalearon sus crímenes, la Armada norteamericana arrojó al mar su cadáver para deshacerse de un muerto que podría ser venerado como mártir. Quizá no se haya evaluado la peligrosidad de mitificaciones que, aun sin tumba, no necesitan cuerpos materiales como apoyo. Recordaba Sábato que los mitos son más fuertes que los hechos.

Quien sale como héroe de tal hazaña es el presidente Obama, precisamente una vez reafirmada –de nuevo el destino- su condición de ciudadano de EEUU desde su nacimiento. Pero Obama, quizá porque “nadie puede escapar a su propia fatalidad” –lo decía uno de los personajes de Sábato-, ha sucumbido a la secuencia que los hados le tenían preparada. El primer capítulo venía dado por una dosis masiva de Realpolitik hasta aparecer como líder capaz de un golpe decisivo al terrorismo islamista. Dejando atrás mojigaterías achacadas por los conservadores, la gesta presidencial se adentró en el segundo capítulo, con guión de Far West: vivo o muerto. La “Operación Geronimo” –denominación nada inocente-, culminada al dar muerte a un Bin Laden desarmado, dio paso a un psicodrama colectivo con ardor patriótico recubierto del recuerdo de las Torres Gemelas. Obama afirmó enfático: “se ha hecho justicia”. No obstante, él sabe que es falso, que no hay justicia civilizada fuera del derecho y que en este caso para nada se pensó en juicio de Corte Penal Internacional o algo parecido.

Corifeos globalizados en torno a un presidente cuyo ataque de pragmatismo le ha despojado de principios por él invocados, no quieren preguntar acerca de Pakistán como escenario sin prerrogativas, y eluden repensar una guerra en Afganistán desencadenada para apresar a quien ahora ha sido asesinado. ¿No quedaba más remedio? Ciertamente, se dice. Y se justifica como acto de soberanía tal estado de excepción que no necesita decretarse. El Nobel Obama ya está entre los adalides de la razón de Estado. Donde no entrará será en un panteón de héroes de la razón democrática. Nos queda a todos transitar por un túnel similar al que describió Sábato como “oscuro y solitario”, esperando esa luz en el extremo que hoy está más lejos. Así es por el asesinato de un criminal que, contra los principios, se consideró necesario.



José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 5 de mayo de 2011)




martes, 3 de mayo de 2011

Del papelón del Tribunal Supremo a la papeleta del Constitucional

















Ya dijo el lehendakari Patxi López que la Justicia tenía un "papelón" con tener que resolver el asunto Bildu, es decir, pronunciarse desde el Tribunal Supremo acerca de las candidaturas de la coalición electoral formada por Eusko Alkartasuna, Alternatiba e independientes de la llamada izquierda abertzale. El Tribunal Supremo ya lo hizo, dejando fuera de las elecciones las 254 listas de Bildu. De sus componentes, 9 magistrados se posicionaron a favor de la admisión total de los recursos del gobierno, a través de la Abogacía del Estado, y del ministerio Fiscal. Otros 6 magistrados votaron en contra, y hubo uno que propuso una resolución intermedia, consistente no en la admisión total de los recursos (es decir, ilegalización total de las candidaturas de la coalición), sino en una admisión parcial, recusando las candidaturas donde las independientes quedaran confirmados probadamente en su vinculación a Batasuna. Ganó la posición de los magistrados que defendían una sentencia maximalista de exclusión total de las listas de Bildu. Pero ahí no acaba la historia.


Como antes con el caso del partido Sortu, también apartado de las próximas elecciones municipales por sentencia del Tribunal Supremo formulada tras votación cuyo resultado fue de 9 magistrados a favor y 7 en contra, Bildu también apelará al Tribunal Cosntitucional, que es paso franqueado por nuestro ordenamiento legal. Puede decirse entonces, parafraseando a Patxi López, que ahora va a ser el Constitucional el que va a tener que afrontar esa "papeleta". Tanto en un caso como en otro, en lo ya decidido como en lo que se decida, forma parte del compromiso cívico de personas, instituciones y partidos políticos de un Estado democrático de derecho el respetar las resoluciones judiciales. En ésas estamos y habrá que tener bien presente (y recordar a algunos, como quizá sea el caso de muchos del PP) que eso ha de valer tanto respecto al Tribunal Supremo como respecto al Constitucional.


¿Qué se dirá si el Constitucional se pronuncia en sentido distinto al de la sentencia del Supremo? Conviene recordar que si el gobierno ha hecho su papel, no sólo respetando escrupulosamente procedimientos, plazos y resoluciones, sino aportando información pertinente desde las fuerzas de seguridad, así como planteando recursos que cabía hacer a la Abogacía del Estado y al Ministerio Fiscal, también los jueces han hecho lo que creían que debían hacer, y en eso también entra la posición de 7 magistrados con voto distinto y contrario al de la mayoría en el Supremo en relación al partido Sortu y 6 en el mismo caso en relación a Bildu. Basta ese "pequeño detalle" para que sea evidente que estamos ante casos complejos, con muchas vertientes, que requieren no sólo el mero aplicar la ley (que nunca es "mero aplicar" mecánico), sino el afinar en el conflicto de las interpretaciones y tener en cuenta en todo caso las circunstancias en que la ley se aplica y las condiciones en las que el juego de las interpretaciones se produce. Y si la hermenéutica jurídica conlleva siempre eso, habrá que tener en cuenta a su vez las diferentes perspectivas y funciones de tribunales que son distintos, por más que sujetos todos al mismo ordenamiento legal. Es decir, el Tribunal Constitucional tendrá que operar desde el enfatizado prisma de la salvaguarda de derechos fundamentales de los ciudadanos. Es desde estos, sin que ello comporte infravaloración de otros motivos presentes en las resoluciones ya emitidas, desde donde se puede pensar que la protección de esos derechos puede llevar a admitir las candidaturas de la coalición Bildu -salvo el caso de candidatos con probada relación con ETA- y, por tanto, a una sentencia distinta de la de su exclusión total de las elecciones.


Quienes han defendido ante la opinión pública que las impugnaciones que se han hecho, primero respecto a Sortu, y luego respecto a Bildu, son "infundadas", como es el caso del catedrático de Derecho Constitucional Javier Pérez Royo, por citar alguno, y de reputada solvencia, lo han hecho desde esa perspectiva. Ella es también desde la que han expuesto sus apreciaciones sobre la cuestión compañeros socialistas como Odón Elorza, alcalde de San Sebastián, o Lluís Miquel Pérez, alcalde de Reus, los cuales ponen el acento esa tan delicada cuestión que aquí está en juego, lo cual, como a nadie debe escapar, tiene que ver con la credibilidad de nuestra democracia -cuestión que en ningún momento ni siquiera se pone al mismo nivel que la de la veracidad, por más que haya de ser reconocible, de quienes vienen del entorno de ETA y se les pide expresa renuncia a la violencia-. En esa línea de credibilidad de nuestra democracia y de sus garantías legales se ha manifestado Txiki Benegas cuando ha insistido en las credenciales democráticas de AE y Alternatiba, integrantes de la coalición Bildu.


Cuando desde el PSOE se ha criticado la deslealtad de quienes desde el PP han formulado acusaciones -ésas claramente infundadas- de negociación con ETA y de permisividad hacia su supuesta entrada en listas electorales es por lo que esos fraudulentos y calumniosos mensajes suponen de mentiras respecto a las actuaciones del gobierno, de intoxicación de la opinión pública y, además, de presión absolutamente rechazable hacia la judicatura. Y si ahora el PP se quiere apuntar abusiva, cínica y demagógicamente el "tanto" que a su parecer le supone la sentencia del Supremo respecto a Bildu, habrá que hacerle observar que esperamos el mismo énfasis poniéndose al lado del Constitucional en el caso de que su resolución fuera distinta, acogiendo quizá los votos particulares y los argumentos jurídicos de los magistrados que en alta proporción en sus respectivos tribunales han mantenido una posición favorable a la concurrencia electoral ya de Sortu, ya de Bildu. Eso es lo que reclama la madurez de nuestra democracia y el buen sentido de la ciudadanía.