jueves, 22 de diciembre de 2011

Orden a la orden





Con frecuencia, para diferenciar derecha e izquierda, se echa mano de una equívoca polarización entre libertad e igualdad, para decir que la derecha, por eso del liberalismo, defiende la libertad y que la izquierda, por aquello de la “conspiración de los iguales” liderada por Babeuf, opta por la igualdad. Respetables cabezas, de las que heredamos valiosos legados –inevitable recordar a Isaiah Berlin-, han contribuido al marasmo ideológico en torno a la correlación entre libertad e igualdad. Por ello es fácil hacer funcionar en beneficio propio tan falaz contraposición. Sin ir más lejos, Mariano Rajoy, presidente del gobierno gracias a la mayoría absoluta otorgada por las urnas, en su discurso de investidura no perdió la ocasión para insistir en que él y su partido defienden la libertad –por ejemplo, a la hora de elegir centro educativo para los hijos, sin molestarse en reparar en que una libertad que no puede universalizarse no merece ese nombre por ser más bien práctica discriminatoria injustificable-. Sucede que habla de la libertad dentro del orden que la derecha concibe y construye.

En realidad de verdad, lo propio de quienes se ubican en la derecha es, ante todo, ser gente de orden. El mismo Rajoy es un hombre de orden, de forma incluso que entre las virtudes que se le reconocen está la de ser muy previsible: a tal punto llega un orden personal puesto al servicio del orden social. Es tan previsible que su discurso de investidura no arrojó sorpresas: generalizaciones sobre recortes en aras del fundamentalismo de la austeridad, ajustes que van a recaer sobre administraciones públicas, reducción máxima del empleo público –¡hacia el “Estado mínimo”!-, vaciamiento de la negociación colectiva, medidas de estímulo al gusto del empresariado…, y suma y sigue. Más exactamente, resta y sigue en disciplinada aplicación de recetas neoliberales, pidiendo de camino fe en las reformas.

Lo cierto es que tampoco han sido para sorprender determinadas alabanzas prodigadas hacia el nuevo presidente: por fin alguien al frente del gobierno con un programa. La demanda de orden se ve satisfecha, aunque lo anunciado como acción de gobierno siga siendo genérico y ambiguo. Pero lo importante es que a la cabeza del país hay alguien fiable, que no va a tener debilidades con los sindicatos, ni guiños frívolos hacia el 15M, ni inviables empeños en salvar la protección social, ni sospechosas querencias hacia lo público. Y por supuesto, que no va dividir a los españoles con la memoria histórica, ni a perder crédito con alianzas de civilizaciones, ni a presentarse por Europa como adalid de los derechos civiles o la igualdad de género. Ya hay en Moncloa un hombre de orden, dispuesto a poner orden, en quien podrá confiar la gente de orden. Y siempre, ¡a la orden, Frau Merkel!

José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 22 de diciembre de 2011)









1 comentarios:

Javier dijo...

El liberalismo de la derecha española no es más que liberalismo económico o liberalismo de mierda, como lo llamo yo. Y es que ese liberalismo que practican, basado exclusívamente en la meritocracia (cada uno tiene la condición económica que se ha ganado) tiende a dejar a muchos ciudadanos fuera de las condiciones mínimas de subsistencia y claro, mientras que unos son libres para vivir en la calle y de la beneficencia, otros son libres para mandar cientos y miles de millones a paraisos fiscales. Pues eso, liberalismo de mierda.
Un saludo