miércoles, 14 de diciembre de 2011

Mal cálculo de Merkozy






























En la actualidad el personaje más influyente de la política europea es Merkozy. Resultado de la hibridación entre la canciller alemana Merkel y el presidente francés Sarkozy, el personaje parte y reparte en la UE. También es verdad que acusa un comportamiento esquizoide del que algún británico diría que se parece al del conocido caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. La sintonía entre las dos almas de Merkozy se mantiene en tanto los intereses las aglutinan, pues aun con fricciones necesitan de su fusión. Desde ella desempeñaron su papel en la reciente Cumbre europea.

Viendo esa reunión de jefes de Estado y de Gobierno desde los honduras donde estamos los de a pie podemos observar cómo el gran autobús de la UE, conducido por un Merkozy que se arroga la patente de su eje tractor como eje franco-alemán, se dirige hacia el precipicio de una dura recesión en la que el objetivo de salvar al euro peligra por esa misma caída. Muchas voces advierten de que Merkozy ha diseñado mal la ruta, no evaluando las consecuencias de imponer a todos los demás viajeros un pacto fiscal centrado exclusivamente en el equilibrio presupuestario desde la dogmática de la austeridad. El enredo es mayúsculo cuando en vez de llevar los acuerdos por la vía de reformas de los tratados europeos, obturada por el díscolo premier británico al decidir bajarse a mitad de camino, nos mete en la de un nuevo tratado internacional para el Eurogrupo que es disonante con toda la estructura comunitaria. Cuando tal chapuza se arbitra además para, en aras del control del déficit, promover nuevos recortes, dejando la Europa social en la cuneta, es que, ciertamente, Merkozy ha hecho un mal cálculo, también por no tener en cuenta la conflictividad que pueda desatarse. Los mercados, a los que una vez más se quería calmar, lo están diciendo

Las torpes cuentas de Merkozy quedan reafirmadas por la negativa al aumento del fondo de rescate, a los eurobonos o a replantear las funciones del Banco Central Europeo, corroborando que en la doble raíz de su identidad domina el espíritu prusiano. Merkel lleva grabada aquella frase de quien fue ministro germano de finanzas, Theo Waigel, cuando dijo que “el euro habla alemán”, y se empeña en su receta monolingüe para una Europa que así no puede funcionar. Sólo consigue esa obscena exhibición de musculatura teutónica que hace años ya denunció Habermas. Sarkozy, por su parte, traga, ofreciendo encajes políticos de emergencia, pero ocultando sus debilidades tras las acusaciones al Reino Unido por su espantada aislacionista.

Mensaje a Merkozy: o aquí hablamos todos o se rompe la baraja. No es amenaza –no puede ser-, sino constatación. Es lo que nos hubiera gustado que dijera el par Zapatero-Rajoy mientras daba vueltas a la puerta giratoria de la presidencia del gobierno.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 15 de diciembre de 2011)