viernes, 25 de noviembre de 2011

Límites en la aclamación del héroe











En otros momentos de nuestra historia, cuando se estilaba la retórica que apelaba a categorías épicas, este artículo “postelectoral” podría haber empezado diciendo que Rubalcaba tiene ya su sitio entre los héroes del socialismo español. Lo curioso es que eso ya lo han dicho otros, y sin los circunloquios de un lenguaje indirecto, en los días siguientes a la jornada electoral del pasado 20 de noviembre, fecha que será recordada como la de una derrota histórica –ya puestos, vayamos a la épica- del PSOE frente al PP. Como es lógico, han proliferado los análisis acerca del ascenso de la derecha hacia una mayoría absoluta más que holgada y sobre la caída vertiginosa del voto socialista, con pérdida del apoyo de más de cuatro millones de electores respecto a las anteriores generales. De entre esos análisis, en lo que toca a la defección de antiguos votantes del PSOE, sobresale, como denominador común, que las contradicciones se pagan. Y se añade, como apreciación muy subrayada, que la credibilidad perdida a lo largo de toda una legislatura por esa caída en contradicciones insalvables no se recupera en un par de meses de campaña electoral, máxime si en ellos no cesa el ahondar en las contradicciones propias. A las elecciones generales se iba, pues, con la intención de minimizar daños, sabiendo que se perdían. Tal era el destino que aguardaba al PSOE, y no inscrito en las estrellas, sino escrito en la mundanal prosa de un relato con crónica de derrota anunciada –mis disculpas a García Márquez por recurrir una vez más a parafrasear su conocido título-.

En el contexto descrito se situó como personaje central la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba. Tampoco es muy original la comparación entre él y Don Quijote, pero no sólo por fisonomía, sino por lo común de considerar quijotesca la aventura electoral que emprendió quien tenía que enfrentarse a molinos de viento bien reales y sin ninguna boda en el horizonte que, al modo de las de Camacho, alegrara el previsible devenir de los días. Es cierto que noticias del País Vasco y el afecto de miles de militantes han sido bálsamo de Fierabrás, muy de agradecer en medio de batallas sobre jamelgo renqueante y con armadura abollada. El PSOE como maquinaria electoral no estaba en su mejor momento. No obstante, la cita con el destino era ineludible, por más que viéndola venir se confirmara lo que Walter Benjamin dijera: “el destino aparece cuando se considera una vida como condenada”. En este caso, no era otra la condena que el fracaso de una misión con objetivo inalcanzable. ¡Hay que tener madera de héroe, aun en sociedad postheroica, para acometer tal empresa! De ahí que el agradecimiento a Rubalcaba y el reconocimiento de su valor ético y su coraje político hayan de ser tan intensos como sus hechos reclaman.

Ahora bien, lo dicho no significa que tenga que carecer de límites la aclamación de quien como héroe trágico se ha enfrentado a un destino en el que lo necesario se apreciaba desde el principio como imposible. La desmesura en las actuaciones del coro puede echar a perder las memorables páginas escritas por el candidato socialista. Estamos en una sociedad del espectáculo que todo lo amortiza y lejos de una cultura capaz de entender el mérito del sacrificio, de ahí que haya que advertir cómo darían al traste con lo valioso de su acción –acción política inserta en la historia producida bajo la determinación de hacer ajustes “cueste lo que cueste”- desmesuradas aclamaciones del héroe que pudieran hacer derivar su trayectoria sacrificial de la tragedia a la farsa, como advertía Marx que ocurría en el repetirse de la historia. A propiciar esa deriva contribuyen quienes instrumentalizan la figura del héroe democrático con la intención de parapetarse tras él, en vez de acometer en un Congreso sin precipitados “arreglos orgánicos”, no sólo lo relativo a una nueva dirección socialista, legitimada desde un limpio juego democrático, sino además un nuevo guión para la difícil etapa en la que el PSOE ya ha entrado. No puede ser que en medio de los simulacros políticos a los que nos lleva la mercantilización del mundo se imponga el disimulo para fingir lo que no se tiene: proyecto político consistente, estrategia definida, apoyo de las bases y confianza de la ciudadanía. Si fuera así se haría más patente la impotencia para hacer frente a lo que de verdad nos anega: el “terror al hundimiento de lo político”, como dijo Baudrillard. Esto va en serio. Reconozcamos, pues, lo heroico, pero sin instrumentalizar al héroe.



José Antonio Pérez Tapias
[Publicado en EL SIGLO, nº 949 (28 noviembre 2011), p. 39]



1 comentario:

Miguel de Esponera dijo...

Se ha dicho demasiadas veces que el PSOE necesita construir un nuevo discurso. Lo que no puede identificarse, desde luego, con un programa electoral, ni con seis medidas socialdemócratas. Hace falta un "relato". Ahora que no hay urgencias (espero que las elecciones andaluzas no sean otra excusa para posponer el debate a fondo), ahora que no hay posiciones que conservar, sino sólo territorio de conquista y una ciudadanía descreída de la política, el partido debe sentirse libre para ser ambicioso. Creo que deberíais reclamar al menos uno o dos años para de verdad darle vueltas a las posibilidades de la socialdemocracia como nuevo compromiso del socialismo con la realidad. Con la nueva y hostil realidad. Y de abrir, escenificándolo, las puertas del partido a la gente que lo rodea. ¿Por qué el partido, o algunos de sus miembros, no hacéis una inteligente OFERTA PÚBLICA DE PARTICIPACIÓN POLÍTICA? Ahora no es sospechoso afiliarse al PSOE, porque es el partido perdedor. Ahora es el momento de PEDIR a ciudadanos que se adscriban y militen, a cambio de nada, para aportar nuevo aire político. Si yo pudiera militar en un partido, creo que estaría ya habnlando contigo para formalizar mi solicitud.

La prensa, aliada siempre con lo simple, va a fijar su atención, inevitablemente,en un nombre: el que sea designado secretario general. Pero eso es terrible. Todos tenemos nuestras preferencias: ¡cómo ilusionaría que gente como tú, como Eduardo Madina, como otra gente con más futuro que pasado, fuérais capaces de ganar (¡otra vez!) a Felipe, a Bono, y tantos etcéteras. Pero dejarse llevar por la fuerza de los nombres sería echar agua en un cántaro roto. Lo importante es el cántaro.

Te han dejado fuera del Congreso, pero eres libre para pelearte con la realidad. No sé si tu adscripción a una corriente (IS)simplifica más de la cuenta tu perfil, y por eso sería una buena noticia que te implicaras en iniciativas con otros políticos del PSOE con ganas de inventar, sin la marca IS. Lo cierto es que gente como tú tenéis competencia y fundamento como para reformular la socialdemocracia SIN PALABRAS GASTADAS (perdona las mayúsculas).

Al electorado no se le gana con planteamientos topográficos (más izquierda, más centro, más España, más diversidad), sino con lucidez. Somos muchos los que agradecemos con toda el alma cualquier planteamiento intelectualmente honesto pensado para convencer "por lo alto", y no por lo bajo de las imágenes, los tópicos y las inercias.

¿Cómo decirte que eres imprescindible, sin parecer exagerado? Nadie lo es, pero tú entiendes lo que quiero decirte.