


El principio de coherencia es exigente, tanto respecto a los componentes de un discurso, como en referencia a la indispensable concordancia –al menos en cierto grado- entre lo que se dice y se hace. Va con nuestra condición racional que sea así y lo conlleva nuestra condición moral. De todas formas, las sinuosidades de la vida, personal y colectiva, nos muestran cómo dicho principio lo flexibilizamos al “pactar” con la realidad. Hay un límite: el de una coherencia tan quebrantada que afecte a la propia credibilidad, generando una desconfianza difícilmente superable. Las contradicciones que se enquistan en lo dicho o que se instalan, incluso como contraposición de contrarios, en la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, restan credibilidad a las palabras.
A algunos, en una posición cínica blindada contra acusaciones de incoherencia, no les importa incurrir en contradicciones. Eso ocurre en política, como en otros ámbitos de la vida, y más en la época de un capitalismo cínico. Pero hay que matizar: eso se castiga por el lado izquierdo del espectro político, donde siguen vigentes requerimientos de coherencia. Lo prueba la derrota sufrida por el PSOE en las pasadas elecciones y que Rubalcaba, como candidato, no haya vencido las reticencias de muchos al apreciar como inverosímil su mensaje, por más que lo lanzara cual héroe enfrentado al destino en la contienda electoral.
Respecto a las generales anteriores, el PSOE ha perdido más de cuatro millones de votos. Sin merma de la estimación que merecen los casi siete millones conservados, es insoslayable despejar el porqué de la defección de tantos votantes. Pormenorizados análisis lo escrutan, más allá de la constatación de que esos votos se han dispersado por otros partidos o la abstención. Son efectos, pero no causas del abandono de las siglas PSOE. Éste se debe a diversos factores, pero en el fondo late la valoración que han hecho muchos ciudadanos –y en especial millones de parados- de las contradicciones en que los socialistas nos hemos sumido, sea por la gestión de la crisis, sea por la incapacidad para un balance de lo acaecido más ajustado a la realidad para permitir recomponer un proyecto consistente. El giro político de mayo de 2010, aun con la previsión de su coste electoral explicitada por Zapatero –si los hechos constreñían a ello eso no iba a aminorar las contradicciones resultantes-, y la colisión entre valores proclamados y decisiones tomadas, entre lo realizado y lo de nuevo propuesto, han comportado un grave déficit de credibilidad. Tras la derrota frente a una derecha que pinta azul el mapa de España procede afrontar las propias contradicciones, pero llenando el cargador de tinta roja para así poder escribir la historia de una nueva etapa, una vez saldada la factura que se nos ha pasado.
A algunos, en una posición cínica blindada contra acusaciones de incoherencia, no les importa incurrir en contradicciones. Eso ocurre en política, como en otros ámbitos de la vida, y más en la época de un capitalismo cínico. Pero hay que matizar: eso se castiga por el lado izquierdo del espectro político, donde siguen vigentes requerimientos de coherencia. Lo prueba la derrota sufrida por el PSOE en las pasadas elecciones y que Rubalcaba, como candidato, no haya vencido las reticencias de muchos al apreciar como inverosímil su mensaje, por más que lo lanzara cual héroe enfrentado al destino en la contienda electoral.
Respecto a las generales anteriores, el PSOE ha perdido más de cuatro millones de votos. Sin merma de la estimación que merecen los casi siete millones conservados, es insoslayable despejar el porqué de la defección de tantos votantes. Pormenorizados análisis lo escrutan, más allá de la constatación de que esos votos se han dispersado por otros partidos o la abstención. Son efectos, pero no causas del abandono de las siglas PSOE. Éste se debe a diversos factores, pero en el fondo late la valoración que han hecho muchos ciudadanos –y en especial millones de parados- de las contradicciones en que los socialistas nos hemos sumido, sea por la gestión de la crisis, sea por la incapacidad para un balance de lo acaecido más ajustado a la realidad para permitir recomponer un proyecto consistente. El giro político de mayo de 2010, aun con la previsión de su coste electoral explicitada por Zapatero –si los hechos constreñían a ello eso no iba a aminorar las contradicciones resultantes-, y la colisión entre valores proclamados y decisiones tomadas, entre lo realizado y lo de nuevo propuesto, han comportado un grave déficit de credibilidad. Tras la derrota frente a una derecha que pinta azul el mapa de España procede afrontar las propias contradicciones, pero llenando el cargador de tinta roja para así poder escribir la historia de una nueva etapa, una vez saldada la factura que se nos ha pasado.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 24 de noviembre de 2011)
(Publicado en el diario Granada Hoy el 24 de noviembre de 2011)
4 comentarios:
Se percibe al filósofo en tu análisis de la naturaleza humana. Faceta, que a mi gusto, da todo color al escrito. El perfil ideológico es una paleta de la que se nutre la composición cromática del cuadro. En tiempos como los que vivímos creo que el Fauvismo, azul o rojo son peligrosos. Un esfumato de ambos limaría asperezas y podría dar con la clave para salir de esta como artistas. El tiempo dirá, pero la economía es un lienzo débil y desagradecido si la pintura se agrieta al secarse. Termina resquebrajándolo. Let' s hope not. Disfruto mucho con el pensador que redacta tus escritos.
Comparto en gran medida su reflexión. Esa falta de coherencia en los mensajes no solo son en el tema de la gestión de la crisis. Cosas más simples como la reordanción de la función pública en Andalucía, la gestión de las "manzanas" podridas, los 2 años perdidos en la negación de la situación y, finalmente verse abocado a la solución fácil, Llamarle primarias a lo que no lo son, la falta de interés en la lucha contra la economía sumergida, plagar las listas con gente ya sin futuro en la política etc Nuestros valores no premiten esa falta de coherencia.
Los siento por Alfredo, ha sido un buen candidato pero ha pagado los platos rotos. A la luz de los resultados, es obvio, decir que “el pararrayos Zapatero no ha librado al candidato Rubalcaba de su altísima cuota de desgaste como exvicepresidente del primero y como hombre fuerte del partido” (Jesús Maraña, Publico 21-11-2011)
Efectivamente, lúcido análisis. Y yo si creo que el futuro pasa por la inconsistencia ideológica, colectiva y grupal y eso pasa por el color rojo y el verde, el rojo y el verde del siglo XXI. Y los dinosaurios que se vayan a casa, por favor¡¡¡
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