


Muere la democracia si se liquida al “demos”, a la sociedad en tanto que pueblo capaz de ejercer su ciudadanía. Hay riesgo de “democidio” cuando está en peligro la vida de la democracia como sistema político. Soy consciente de que la palabra fue acuñada, entre otros, por el politólogo R.J. Rummel para designar, como variante del genocidio, hechos criminales de un gobierno que asesina a la población de su Estado. Pero es pertinente trasladar el término, alumbrando nuevo sentido, a lo que está ocurriendo en la UE, especialmente en países del Eurogrupo. En algunos, las presiones de poderes económicos y políticos –con papel estelar de la canciller alemana- sobre los países más afectados por la crisis económica, con Estados atrapados por desmesuradas deudas, están llevando a un ninguneo de sus instituciones democráticas y a un mortal socavamiento del “demos” como sujeto colectivo.
Ha sido patente en Grecia. Obligada por instancias europeas e internacionales a durísimos ajustes para saldar una deuda impagable, ha vivido la patética situación de un primer ministro anunciando un referéndum para recabar de una ciudadanía ya muy castigada el apoyo para las medidas que se le exigen, pero de forma que al poco la propuesta es retirada bajo presiones insoportables. Se ha dicho, y los hechos lo avalan, que Papandreu, retirando el órdago, pretendía apoyo para un gobierno de concentración, a la vez que neutralizar la crítica de una derecha que se desentendía de culpas propias en el caos de la economía griega. Con todo, la jugada del jefe de gobierno heleno como discípulo de Maquiavelo no le ha permitido ser, como ha escrito Sami Naïr, más que “héroe por un día”; al siguiente se tuvo que envainar su radicalismo rousseauniano y dimitir. Penosa situación de Grecia revelando una contradicción entre capitalismo y democracia que se resuelve en desprecio a ésta por parte de los mercados y de quienes han asumido la tarea de representar a ellos en vez de a los ciudadanos. Y siendo grave la coyuntura de Italia, esos mismos mercados obligan a hacer las maletas a un Berlusconi que se encargó de destrozar el “demos” de la república. ¿Paradoja? Simplemente, el capital no quiere inútiles.
Estamos siendo testigos de la historia antidemocrática que se escribe al hilo de la crisis y de la manera de afrontarla por la ortodoxia neoliberal. Lo que se está haciendo conlleva retrocesos del Estado social y que la ciudadanía se vea desarticulada como “demos” sustentador de instituciones de autogobierno. Antes insistíamos en que el proyecto europeísta necesitaba un “demos” capaz de tejer la solidaridad transnacional y de actuar, como decía Habermas, en el espacio político de una Europa cada vez más amplia. Ahora el “democidio” quiebra todo eso. Y preguntamos: ¿para qué salvar el euro si al final se pierde el “demos”?
Ha sido patente en Grecia. Obligada por instancias europeas e internacionales a durísimos ajustes para saldar una deuda impagable, ha vivido la patética situación de un primer ministro anunciando un referéndum para recabar de una ciudadanía ya muy castigada el apoyo para las medidas que se le exigen, pero de forma que al poco la propuesta es retirada bajo presiones insoportables. Se ha dicho, y los hechos lo avalan, que Papandreu, retirando el órdago, pretendía apoyo para un gobierno de concentración, a la vez que neutralizar la crítica de una derecha que se desentendía de culpas propias en el caos de la economía griega. Con todo, la jugada del jefe de gobierno heleno como discípulo de Maquiavelo no le ha permitido ser, como ha escrito Sami Naïr, más que “héroe por un día”; al siguiente se tuvo que envainar su radicalismo rousseauniano y dimitir. Penosa situación de Grecia revelando una contradicción entre capitalismo y democracia que se resuelve en desprecio a ésta por parte de los mercados y de quienes han asumido la tarea de representar a ellos en vez de a los ciudadanos. Y siendo grave la coyuntura de Italia, esos mismos mercados obligan a hacer las maletas a un Berlusconi que se encargó de destrozar el “demos” de la república. ¿Paradoja? Simplemente, el capital no quiere inútiles.
Estamos siendo testigos de la historia antidemocrática que se escribe al hilo de la crisis y de la manera de afrontarla por la ortodoxia neoliberal. Lo que se está haciendo conlleva retrocesos del Estado social y que la ciudadanía se vea desarticulada como “demos” sustentador de instituciones de autogobierno. Antes insistíamos en que el proyecto europeísta necesitaba un “demos” capaz de tejer la solidaridad transnacional y de actuar, como decía Habermas, en el espacio político de una Europa cada vez más amplia. Ahora el “democidio” quiebra todo eso. Y preguntamos: ¿para qué salvar el euro si al final se pierde el “demos”?
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 10 de noviembre de 2011)
(Publicado en el diario Granada Hoy el 10 de noviembre de 2011)



2 comentarios:
Nosotros, los socialdemócratas europeos, no podemos estar buscando uvas en un momento como éste. Son momentos en los que tenemos que reforzar nuestras políticas claramente diferenciadas de los conservadores y liberales.
“Tiene toda la razón Rubalcaba cuando dice que los ajustes, sin un plan de impulso al crecimiento, no son la solución (…) Hay un límite a lo que los pueblos pueden soportar” (José Borrell, Publico 9-11-2011)
La democracia debe ser la esencia, lo inalterable, el punto fijo sobre el que se deben asentar todas las cuestiones. Pero a veces se ve tan lejos...
Democracia ¿dónde estás?
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