jueves, 29 de septiembre de 2011

La mirada de los leones





















Allí están, como la Puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo, y mucho más. Desde las escalinatas del palacio de la Carrera de San Jerónimo dirigen sus ojos, de negro azabache como toda su figura, a cuanto pasa a su alrededor. Impertérritos, desafiando con su bronce fundido, procedente de viejos cañones de la guerra de África, tanto los fríos invernales como el implacable sol del verano madrileño, ahí están los leones del Congreso de los Diputados. Fieles a su callada misión, ejercen de guardianes del venerable templo de la soberanía nacional –de lo que va quedando de ella-. En determinados días su discreta condición de testigos les permite observar abrazos y despedidas cuando un mandato llega a su fin. Ellos saben que tras el último pleno de esta IX Legislatura las cosas fueron muy especiales, pero van a mantener el secreto de emociones contenidas y melancólicas palabras que diputadas y diputados cruzábamos entre nosotros antes de emprender el retorno a nuestros lugares de origen. No escapaba a su mirar felino que algunos se relamían con anticipación excesiva ante probables victorias electorales, por más que el panorama de una economía zarandeada por la crisis invitara a la prudencia.

Por mi parte, ese día del último pleno quise salir del Congreso por donde están sus leones, como humilde homenaje a esa casa del pueblo por la que pasamos aquellos que en diferentes etapas hemos tenido el honor de representarlo. Entre prisas de última hora dirigí mis ojos, a modo de despedida, a esos reyes de la selva aposentados como cancerberos de la institución cuya función es precisamente que nuestra sociedad no sea una selva. No pude evitar que esas esculturas de domesticada fiereza me parecieran amables cachorros en comparación con los desbocados poderes que el capitalismo salvaje ha desplegado.

El hemiciclo ha sido teatro de la asimétrica confrontación entre un poder político acosado y unos poderes económicos agigantados sobre sus mecanismos de dominación. En la arena donde se ha librado tan desigual batalla hemos estado, en diversas posiciones y con muy distintos papeles, los diputados de esta legislatura. Los parlamentarios socialistas hemos acompañado la lucha agónica del gobierno, y sobre todo de su presidente, contra una crisis que nos desbordaba, y hemos podido ver enfrente a una oposición de lo más oportunista esperando a que cayera la fruta madura del poder ansiado. Entre esos polos han deambulado unos y otros por el escenario, ya apoyando, ya criticando al gobierno, pero todos sobrecogidos por la dureza del momento. La mirada de esos leones centenarios, que ven pasar el tiempo, quizá sea, aun con inexistente retina, un motivo para la esperanza. También en política hay que tener fe, esa razonable confianza en lo incierto imprescindible para abrir posibilidades de futuro.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 29 de septiembre de 2011)


1 comentarios:

Anónimo dijo...

Amigo, eso me ha sonado a despedida. ¿No repites como candidato? Un abrazo emeritense