
El mensaje del Jefe del Estado al dirigirse a los españoles en esta Nochebuena de 2010 ha trasladado al conjunto de la ciudadanía unas reflexiones que, dado su emisor, bien podemos considerar reflexiones reales. Como cabe esperar en estos casos, pero más en este tiempo de crisis, tales reflexiones han venido enmarcadas en un contexto donde priman las llamadas a la unidad, al esfuerzo de todos y cada uno para sacar a España de la difícil situación en la que está como país. Tales llamamientos forman parte del papel encomendado a S.M. el Rey, el cual, desde las aquilatadas funciones que la Constitución le encomienda, ha de desempeñar ese papel según los más estrictos criterios de neutralidad para así no empañar las tareas de representación que tiene que ejercer la más alta magistratura del Estado. Conforme a eso, ciertamente, su mensaje navideño ha sido un mensaje de "aliento y confianza", como ha señalado desde el PSOE la portavoz Elena Valenciano.
Entrando en el mensaje del Rey para una lectura atenta del mismo, cosa que está bien hacer correspondiendo a la seriedad que la Casa Real le imprime, destaca sobremanera un párrafo central en el que se articulan tres enunciados cruciales, lo cual se puede realzar sin que ello vaya en detrimento de los demás puntos que contiene el mensaje de S.M. el Rey Juan Carlos.
Los tres enunciados del párrafo en cuestión dicen así:
1) "Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo"
2) "Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias,"
3) "cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit".
El caso es que, así dichos, estos tres enunciados en su conjunto constituyen el nuevo "lugar común" que se quiere establecer en los tiempos que corren, dándole estatuto similar a los otros lugares comunes que en las declaraciones del Rey suelen manifestarse y reforzarse: solidaridad con los más necesitados (ahora, obviamente, parados), apoyo a FFAA (especialmente las que desarrollan misiones en el exterior), convocatoria a lucha unitaria contra el terrorismo y apoyo a las víctimas, y palabras para enfatizar el papel de España en el mundo o en relación a la UE.
La cuestión es que al adentrarnos en ese nuevo "lugar común" que el mensaje real tiende a transfigurar -emulando a las obras del arte contemporáneao que, según el filósofo Arthur C. Danto, transfiguran los lugares comunes de nuestra vida actual- se suscitan algunas reflexiones que, en otro sentido, son tan reales como las reales del Rey. El factor añadido es que en las reflexiones reales de Su Majestad, el Rey no puede salirse de su vocación constitucional al servicio de neutros "lugares comunes", lo que a veces hace que sus reflexiones reales no sean suficientemente realistas. Eso no es un problema de los enunciados que emite el Rey, pero sí nuestro, y al señalarlo de ningún modo se hace y ni siquiera se insinúa una crítica a un discurso del Monarca al que no se le puede pedir otra cosa. ¿Cuál es nuestro problema en este caso? Pues nuestro problema no es otro que las contradicciones que encierran los tres enunciados citados, absolutamente pasadas por alto por quien ni puede ni debe entrar en la tarea crítica de abordarlas. Mas ése, siendo el caso del Rey, no debe ser el nuestro.
El primer enunciado al que nos referimos dice una verdad prácticamente compartida por todo el mundo: sin crecimiento no se crea empleo.
El segundo enunciado, aparte la llamada a la unidad y a posibles pactos que conlleva, contiene una declaración normativa que apunta a qué hacer respecto a las "reformas necesarias". El enunciado tendría asegurado el ser compartido también por todos si se tomara en el nivel de generalidad con que se ha explicitado. Ocurre, sin embargo, que implícitamente se refiere a reformas ya en marcha, como la laboral, la de las pensiones y la del sistema financiero español, que ya no tienen el nivel de consenso que muchos podrían pensar como necesario. En consecuencia, la declaración real, con el "debemos" que introduce, puede deslizarse hacia un voluntarismo bienintencionado ajeno a las tensiones que actualmente gravitan sobre las mencionadas reformas.
Y el tercer enunciado, el que insiste en cumplir nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit, añade ciertamente un punto decisivo al convocar a la adhesión al programa de ajuste del gobierno. El Rey no entra, ni puede hacerlo, en calificar ese programa de ajuste, ni en cuestionbar si el objetivo en cuanto al déficit que viene marcado desde la UE es adecuado o no. Pero asoma aquí la contradicción fundamental que en todo esto late: siendo necesario el ajuste, dado qe también es necesario el crecimiento, si el ajuste es demasiado fuerte, se debilita el crecimiento, hasta verse incluso frenado. Es decir. ajuste excesivo y crecimiento necesario son contradictorios. ¿Y no nos vemos metidos en esa contradicción?
No vamos a insistir en cómo reputados economistas, cuales Krugman y Stiglitz en el exterior, u Ontiveros en el interior, han señalado esa contradicción, en la que España puede verse terriblemente apresada. ¿Tendrá que ver con ello que la recuperación se ponga de aquí a cinco años más, como el presidente Zapatero ha dicho en su última comparecencia parlamentaria?
La cuestión es tan tremenda que hasta el FMI, a la vez que exigía ajustes, advertía, y no sólo en general, sino en particular a España (así en su informe del 6 de octubre en Washington), que "las reducciones de los déficits presupuestarios serán probablemente más dolorosas si se producen de forma simultánea en muchos países a la vez y si la política monetaria no puede compensarlas". Sumaba a ello el pronóstico de que en España la contracción del déficit público acometida por el gobierno de Zapatero para 2011 sería equivalente a 3,6 puntos del PIB. ¿Es perverso que el mismo organismo que induce duros ajustes formule tan tranquilamente esos pronósticos, poniendo el dedo en la llaga de la contradicción? Lo es, como lo es que su director, a la vez que urge a los cambios que necesita la UE para salvar el euro, diga, y en eso no le falta razón, que las medidas a aplicar no pueden ser igual "para Baviera que para Extremadura". Cierto, pero aquí nadie lograr parar los pies del nacionalismo económico de Merkel. En fin, todo ello llega a su culmen con la desfachatez de la agencia Moody, que tan de cabeza nos trae, la cual tras bajar las calificaciones de la economía irlandesa, y una vez que Irlanda se aplica al ajuste más duro y acepta el rescate europeo, dice también con con un ajuste en esos términos no será posible el crecimiento necesario para su salida de la crisis.
Todo ello es lo que hay, incluido el meternos de hoz y coz en la contradicción profunda en que estamos inmersos. Estas reflexiones, reales como las de tantos, y con un realismo que las reflexiones reales de Su Majestad no pueden alcanzar, son las que se pueden hacer en la tarde de un día de Navidad cuando uno se toma en serio el discurso del Jefe del Estado.