viernes, 31 de diciembre de 2010

Pensiones: Necesario debate sin dogmas







Acabamos el año teniendo muy vivo el debate sobre la reforma del sistema de pensiones. Si la reforma es necesaria -nadie lo niega-, acometerla desde posiciones dogmáticas acarreará perjuicios que recaerán sobre los pensionistas del futuro. No hay que olvidar que todo dogma distorsiona la realidad por servir a determinados intereses. Si evitamos que eso ocurra en el debate sobre las pensiones, el diálogo será más fácil y el consenso posibe.
Algunas referencias pueden ser importantes.
La posición del Gobierno es conocida, pero es relevante insistir en la flexibilidad a la que ha hecho alusión el presidente Zapatero, pues la ciudadanía espera que de los 67 años no se haga un dogma:
Las conclusiones de la Comisión parlamentaria para el seguimiento del Pacto de Toledo son, dentro de su visión general, indicaciones imprescindibles. Es importante reparar en lo que se advierte (p.49) acerca de que no hay en ella acuerdo en torno a la edad legal de jubilación, pues si de ahí no se pasa, el futuro del Pacto puede peligrar al quedar vacío un punto esencial del mismo:
El economista Vicenç Navarro aporta una y otra vez datos y reflexiones imprescindibles para un debate sin trampas sobre pensiones, como en el artículo en el que critica los dogmas neoliberales que lo vienen condicionando:
Desde CCOO, concretamente desde su Fundación 1º de Mayo, se ha difundido el Informe sobre pensiones y reforma del sistema elaborado por Carlos Bravo, cuya lectura agradecerá toda persona interesada en conocer a fondo el estado de la cuestión:
Podríamos abundar en más material, pero para acompañar el fin de año podemos pensar que es suficiente. Si queremos que 2011, a pesar de todo, nos sea propicio, habrá que trabajarlo. Tras los disensos, también habrá que decir que el consenso es para quien lo trabaja. ¡Salud!

jueves, 30 de diciembre de 2010

En Belén hay un muro


















Las crónicas dan cuenta de la Navidad en Belén. Informan de la misa en la Basílica de la Natividad, presidida por Fouad Twal, patriarca latino de Jerusalén, y a la que asistió Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, como antes hizo Arafat siempre que los israelíes le dejaron. Las miles de personas que viajan a la actual Bethlehem, llenando sus calles y reforzando el carácter interreligioso de un lugar en que se alternan iglesias y mezquitas, confieren un perfil abigarrado a la ciudad donde la tradición sitúa el nacimiento de Jesucristo. Todo ello, sin embargo, y a diferencia de otras ciudades donde la historia, a pesar de sus tragedias, ha generado un horizonte que permite fundir significativamente presente y pasado, no logra compensar el menoscabo del aura que debería acompañar a la ciudad del rey David. Y ello es así, no por Belén, con méritos acumulados desde tiempos bíblicos, sino por las circunstancias que pesan sobre ella a causa de la ocupación israelí de la Cisjordania palestina.

El Estado de Israel, que al nacer expulsó de sus hogares a unos 800.000 palestinos, provocó nuevos desplazamientos en 1967 tras la Guerra de los Seis Días. El rediseño de fronteras (Línea Verde) trajo consigo la ubicación en campos de refugiados de centenares de miles de nuevos desplazados. Israel ocupó militarmente el territorio palestino y se anexionó Jerusalén Este. La represión política, la humillación social y la asfixia económica, acentuadas tras la Intifada posterior al fracaso de los Acuerdos de Oslo, llegan hasta hoy bajo el gobierno de Netanyahu. El establecimiento de colonias judías en el territorio ocupado, la construcción de nuevos asentamientos –desoyendo incluso las peticiones del presidente Obama-, las demoliciones de casas palestinas y el levantamiento de un imponente muro de separación entre israelíes y palestinos, son las ominosas condiciones que pesan sobre éstos en general y sobre los habitantes de Belén en particular.

Cuando a finales del pasado julio, los cooperantes de UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos) hicieron posible que una delegación del parlamento español visitara el campo de Aida, tras rodeo de decenas de kilómetros y paso por check-points para cubrir la corta distancia entre Jerusalén y Belén –calvario cotidiano de los que transitan entre las dos ciudades-, comprobamos lo que supone que allí exista lo más alejado que quepa imaginar del portal de los villancicos que inundan, con su anacrónico ruralismo, nuestras confortables navidades: un odioso muro coronado de alambradas y jalonado por torres de control. Aun así, las pintadas hechas sobre el hormigón en el lado palestino hablan de la esperanza de un pueblo que vive, resiste y reclama nuestro apoyo.

José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 30 de diciembre de 2010)

lunes, 27 de diciembre de 2010

15 días para dialogar en serio



Ni la situación económica, ni el clima social, ni el ambiente político están para malgastar cualquier oportunidad que haya de recuperar el diálogo social. Si gobierno y sindicatos (UGT y CCOO) se han dado 15 días para dialogar sobre reglamentos de la reforma laboral, negociación colectiva y reforma de las pensiones, esos días deben ser aprovechados al máximo para DIALOGAR EN SERIO. La ciudadanía en general y los trabajadores en particular no van a perdonar que los interlocutores que se citan para dialogar se limiten a hacer el paripé. Conocidos los frustantes resultados de la reunión entre Zapatero, Méndez y Toxo el pasado 19 de diciembre, tras las manifestaciones del día anterior, los temores de que se repita el fracaso son grandes. Pero mayor es el clamor ciudadano para que el diálogo sea posible y culmine con acuerdos entre las partes los temas cruciales que nos ocupan y preoccupan.

Dialogar en serio supone
* llevar propuestas en torno a las cuales es posible el intercambio de aregumentos,
*escuchar de verdad a los interlocutores y
*tener voluntad de alcanzar acuerdos.
Si se dan esos tres ingredientes, el diálogo puede fructificar. ¿Es así por las dos partes? Los ciudadanos tenemos elementos de juicio y aún tendremos más una vez terminado el plazo que se ha establecido para evaluar el proceso existente y los resultados del mismo.

Si los sindicatos han de tener en cuenta la necesidad y urgencia de ciertas reformas, el gobierno ha de hacer lo suyo para hacerse cargo de unos argumentos sindicales que no pueden serle ajenos. El gobierno, y concretamente su presidente, no debe mantener en la represión del más triste olvido las propias declaraciones sobre la cohesión social como valor e incluso como activo económico de cara a la deseable recuperación económica. Pretender resolver ésta sólo con criterios economicistas duros, impuestos heterónomamente se diga lo que se diga, es situarse en un camino que, por la misma conflictividad social que surgirá en su curso, no será la mejor vía para salir de la crisis. Aproximar posiciones y recuperar el diálogo que abra paso incluso a un renovado pacto social es lo que anhela la sociedad española. No responder a ese anhelo es defraudar sus expectativas y ahondar en una valoración negativa de nuestra situación como país que la agravará. La línea recta cuyo trazado es el puro endurecimiento de los ajustes no es el camino más corto para recuperar la confianza interna y la credibilidad externa que nuestra economía necesita.

¡Que de verdad haya diálogo, por favor!

sábado, 25 de diciembre de 2010

Reflexiones reales sobre ajuste y/o crecimiento







El mensaje del Jefe del Estado al dirigirse a los españoles en esta Nochebuena de 2010 ha trasladado al conjunto de la ciudadanía unas reflexiones que, dado su emisor, bien podemos considerar reflexiones reales. Como cabe esperar en estos casos, pero más en este tiempo de crisis, tales reflexiones han venido enmarcadas en un contexto donde priman las llamadas a la unidad, al esfuerzo de todos y cada uno para sacar a España de la difícil situación en la que está como país. Tales llamamientos forman parte del papel encomendado a S.M. el Rey, el cual, desde las aquilatadas funciones que la Constitución le encomienda, ha de desempeñar ese papel según los más estrictos criterios de neutralidad para así no empañar las tareas de representación que tiene que ejercer la más alta magistratura del Estado. Conforme a eso, ciertamente, su mensaje navideño ha sido un mensaje de "aliento y confianza", como ha señalado desde el PSOE la portavoz Elena Valenciano.
Entrando en el mensaje del Rey para una lectura atenta del mismo, cosa que está bien hacer correspondiendo a la seriedad que la Casa Real le imprime, destaca sobremanera un párrafo central en el que se articulan tres enunciados cruciales, lo cual se puede realzar sin que ello vaya en detrimento de los demás puntos que contiene el mensaje de S.M. el Rey Juan Carlos.
Los tres enunciados del párrafo en cuestión dicen así:
1) "Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo"
2) "Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias,"
3) "cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit".
El caso es que, así dichos, estos tres enunciados en su conjunto constituyen el nuevo "lugar común" que se quiere establecer en los tiempos que corren, dándole estatuto similar a los otros lugares comunes que en las declaraciones del Rey suelen manifestarse y reforzarse: solidaridad con los más necesitados (ahora, obviamente, parados), apoyo a FFAA (especialmente las que desarrollan misiones en el exterior), convocatoria a lucha unitaria contra el terrorismo y apoyo a las víctimas, y palabras para enfatizar el papel de España en el mundo o en relación a la UE.
La cuestión es que al adentrarnos en ese nuevo "lugar común" que el mensaje real tiende a transfigurar -emulando a las obras del arte contemporáneao que, según el filósofo Arthur C. Danto, transfiguran los lugares comunes de nuestra vida actual- se suscitan algunas reflexiones que, en otro sentido, son tan reales como las reales del Rey. El factor añadido es que en las reflexiones reales de Su Majestad, el Rey no puede salirse de su vocación constitucional al servicio de neutros "lugares comunes", lo que a veces hace que sus reflexiones reales no sean suficientemente realistas. Eso no es un problema de los enunciados que emite el Rey, pero sí nuestro, y al señalarlo de ningún modo se hace y ni siquiera se insinúa una crítica a un discurso del Monarca al que no se le puede pedir otra cosa. ¿Cuál es nuestro problema en este caso? Pues nuestro problema no es otro que las contradicciones que encierran los tres enunciados citados, absolutamente pasadas por alto por quien ni puede ni debe entrar en la tarea crítica de abordarlas. Mas ése, siendo el caso del Rey, no debe ser el nuestro.
El primer enunciado al que nos referimos dice una verdad prácticamente compartida por todo el mundo: sin crecimiento no se crea empleo.
El segundo enunciado, aparte la llamada a la unidad y a posibles pactos que conlleva, contiene una declaración normativa que apunta a qué hacer respecto a las "reformas necesarias". El enunciado tendría asegurado el ser compartido también por todos si se tomara en el nivel de generalidad con que se ha explicitado. Ocurre, sin embargo, que implícitamente se refiere a reformas ya en marcha, como la laboral, la de las pensiones y la del sistema financiero español, que ya no tienen el nivel de consenso que muchos podrían pensar como necesario. En consecuencia, la declaración real, con el "debemos" que introduce, puede deslizarse hacia un voluntarismo bienintencionado ajeno a las tensiones que actualmente gravitan sobre las mencionadas reformas.
Y el tercer enunciado, el que insiste en cumplir nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit, añade ciertamente un punto decisivo al convocar a la adhesión al programa de ajuste del gobierno. El Rey no entra, ni puede hacerlo, en calificar ese programa de ajuste, ni en cuestionbar si el objetivo en cuanto al déficit que viene marcado desde la UE es adecuado o no. Pero asoma aquí la contradicción fundamental que en todo esto late: siendo necesario el ajuste, dado qe también es necesario el crecimiento, si el ajuste es demasiado fuerte, se debilita el crecimiento, hasta verse incluso frenado. Es decir. ajuste excesivo y crecimiento necesario son contradictorios. ¿Y no nos vemos metidos en esa contradicción?
No vamos a insistir en cómo reputados economistas, cuales Krugman y Stiglitz en el exterior, u Ontiveros en el interior, han señalado esa contradicción, en la que España puede verse terriblemente apresada. ¿Tendrá que ver con ello que la recuperación se ponga de aquí a cinco años más, como el presidente Zapatero ha dicho en su última comparecencia parlamentaria?
La cuestión es tan tremenda que hasta el FMI, a la vez que exigía ajustes, advertía, y no sólo en general, sino en particular a España (así en su informe del 6 de octubre en Washington), que "las reducciones de los déficits presupuestarios serán probablemente más dolorosas si se producen de forma simultánea en muchos países a la vez y si la política monetaria no puede compensarlas". Sumaba a ello el pronóstico de que en España la contracción del déficit público acometida por el gobierno de Zapatero para 2011 sería equivalente a 3,6 puntos del PIB. ¿Es perverso que el mismo organismo que induce duros ajustes formule tan tranquilamente esos pronósticos, poniendo el dedo en la llaga de la contradicción? Lo es, como lo es que su director, a la vez que urge a los cambios que necesita la UE para salvar el euro, diga, y en eso no le falta razón, que las medidas a aplicar no pueden ser igual "para Baviera que para Extremadura". Cierto, pero aquí nadie lograr parar los pies del nacionalismo económico de Merkel. En fin, todo ello llega a su culmen con la desfachatez de la agencia Moody, que tan de cabeza nos trae, la cual tras bajar las calificaciones de la economía irlandesa, y una vez que Irlanda se aplica al ajuste más duro y acepta el rescate europeo, dice también con con un ajuste en esos términos no será posible el crecimiento necesario para su salida de la crisis.
Todo ello es lo que hay, incluido el meternos de hoz y coz en la contradicción profunda en que estamos inmersos. Estas reflexiones, reales como las de tantos, y con un realismo que las reflexiones reales de Su Majestad no pueden alcanzar, son las que se pueden hacer en la tarde de un día de Navidad cuando uno se toma en serio el discurso del Jefe del Estado.

jueves, 23 de diciembre de 2010

El valor de un pacto






























Hernán Cortés supo lo que significaba quemar las naves: perder la posibilidad del regreso. Desde un lugar cercano a la actual Veracruz comenzó la conquista del imperio mexica y sólo quedaba ir hacia delante. Circunstancias hábilmente manejadas por una mente estratégica, que a su vez pudo aprovecharse de alianzas con los sometidos a los aztecas, permitieron conseguir un objetivo de tal envergadura. No fue fácil y a punto estuvo de quedar hundido en el lago de Tenochtitlán en la Noche Triste de la rebelión, luego sofocada, de los fieles a Moctezuma contra los conquistadores. Al final, para éstos, la imposibilidad del retorno mereció la pena. Con todo, en muchas otras historias, no siempre épicas, pero a veces con fuerte carga dramática, la apuesta de quemar las naves se vio como una temeridad. Ulises, paradigma de la razón calculadora occidental, velaba por las suyas para poder volver a Ítaca.

Actualmente, quienes capitanean fuerzas contemporáneas se ven con frecuencia ante la alternativa de ser como Cortés, incluso con la probabilidad de que su aventura acabe en desastre, o ser como Ulises. Así podemos ver en España la coyuntura en torno al futuro del sistema público de pensiones. ¿Vamos a una reforma de las mismas quemando las naves al avanzar hacia lo ignoto, por mucha demografía que se baraje, o acometemos la reforma con mayor cautela, para no quedarnos sin barco con que navegar entre la Escila del temor al futuro y la Caribdis de la abusiva voracidad de los mercados?

De las medidas anunciadas por el gobierno para asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones, como incremento del período de cómputo de cotizaciones, freno a prejubilaciones y aumento de la edad de jubilación a los 67 años, aunque con excepciones para trabajos penosos (¿cuáles, cuántos?), es esta última la que genera mayor rechazo social, sindical y político. Así se ha manifestado en la Comisión parlamentaria sobre el Pacto de Toledo, donde se debaten estas cuestiones. La pregunta, como la formulaba el economista Emilio Ontiveros recientemente, es: ¿merece la pena romper el pacto social y político –quemar las naves- por la cuestión de los 67 años, tomada como fetiche para aplacar a los mercados, cuando pueden consensuarse las demás medidas que se contemplan? Su respuesta, con razón, era que no. Será de agradecer, por tanto, la flexibilidad que haga posible el acuerdo sobre edad legal de jubilación en el marco del Pacto de Toledo. Reforzarlo en su valor social y político, y también económico frente a los mercados, será un mensaje claro para éstos, con la fuerza de un pacto nacional. Hay que mezclar las necesarias gotas de la osadía de Cortés con la suficiente dosis de la astucia de Ulises. Lo que no vale es la rigidez, compañera del miedo.

José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 23 de diciembre de 2010)

lunes, 20 de diciembre de 2010

El (contra)modelo chino

















El símbolo ha sido la silla vacía del Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, durante la ceremonia de entrega de los premios. Un hueco como ése es toda una denuncia que se formula contra el Estado, en este caso la República Popular China, que con su misma actuación represiva ha impedido que ese lugar se viera ocupado. La señal es la enviada al mundo por esa misma República, dando difusión a su mensaje contrario a los derechos humanos –ese invento de Occidente, como claman todos los tiranos- cuando ha llamado a boicotear el premio a quien promovió la Carta 08 a favor de los derechos humanos en el gigante asiático y a quien tuvo un papel destacado en las manifestaciones de Tiananmen cuando los estudiantes reivindicaban derechos y democracia. El síntoma de cómo andan ciertos países, desde Rusia a Marruecos, pasando por Kazajastán y Cuba, sin olvidar a Irán o Serbia, es que en número de 18 hayan secundado la llamada china a boicotear el Nobel de la Paz de 2010. Tienen en común o el estar pillados por el poderío económico chino o el compartir con el régimen comunista de Pekín el menosprecio a los derechos humanos y, en consecuencia, los atropellos a la democracia.

A pesar de símbolos, señales y síntomas, China, en el desorden mundial de nuestros días, es indiscutible potencia emergente. Su poder económico pone en jaque al mismísimo dólar y financia con su superávit la deuda de países desarrollados, empezando por los EEUU. China hace valer su peso en el mercado global. Es conocida su penetración en África con un nuevo colonialismo, ante el que fallan los mismos resortes críticos. Se sabe de su potente presencia en Latinoamérica, haciendo del Pacífico el océano de intercambios que hoy está desplazando al Atlántico. Y todo por ser un gigante económico preparado por el Partido Comunista heredero del maoísmo para situarse en posición ventajosa en el mercado mundial. Esa es la realidad, la cual sólo algunos vislumbraban, como cuando François Houtart, sociólogo de Lovaina, hablaba del paradójico papel de un PC dedicado a fomentar un proceso de acumulación de capital de los mayores de la historia, si bien controlado por el Estado. El caso es que tal acumulación viene desarrollándose como todos los procesos en que el capital se expande y concentra a costa de los trabajadores. Cientos de millones de chinos lo hacen posible mediante salarios de miseria y en condiciones deplorables. Por más que todo ello haya servido para la aparición de una incipiente clase media y para que millones de chinos, mediando procesos migratorios del campo a las ciudades, dejen atrás condiciones paupérrimas, nada redime un contexto socioeconómico de explotación de mano de obra barata que se mantiene gracias a un régimen autoritario –lo podemos seguir considerando dictadura- que tiene a raya a la población y reprime reivindicaciones democráticas y laborales.

Con todo, lo sorprendente es que el régimen chino se convierta en oscuro objeto del deseo para muchos países, que en muchos Estados se añoren circunstancias similares para afrontar la crisis económica y que el modelo chino se imite implícita o explícitamente al recortar derechos y desmantelar políticas sociales. Se dirá que ello lo ha propiciado un dumping social que ha conducido a posiciones claudicantes por parte de quienes se esperaba que elevaran el listón de los derechos humanos. El pragmatismo más ramplón ha hecho furor y ahora es el gobierno chino el que, contra sus ciudadanos, hace valer sus pretensiones, incluso permitiéndose recuperar la figura de Confucio para legitimar sus prácticas represivas.

¿No ha sido el gobierno chino el que interceptó Google anticipando las medidas que hoy se quieren tomar contra Wikileaks? ¿No presionó el gobierno chino para que el gobierno español trabajara a fin de levantar el embargo de armas que sobre él pesaba desde la matanza de Tiananmen? ¿No fue el gobierno chino el que nos empujó, junto con Israel, para abandonar el compromiso del Estado español con una jurisdicción universal? ¿No actuamos según el más grosero proceder del gobierno chino, si las revelaciones de Wikileaks son verdaderas, cuando nos desentendimos del caso Couso en aras de una razón de Estado servilmente entendida? ¿No es el modelo chino, en realidad contra-modelo, el que da pautas para recortes de derechos de los trabajadores bajo presión de los mercados? También habrá que resistir frente al embrujo del modelo chino y de ello nos alegraremos nosotros y algún día nos lo agradecerán los chinos.

José Antonio Pérez Tapias
[Publicado en EL SIGLO, nº 907 (20 de diciembre de 2020)]

viernes, 17 de diciembre de 2010

¿Flexibilidad en la edad de jubilación? ¿De qué se habla?




Sentenciado y bien sentenciado está el asunto desde que Zapatero sufrió la ducha fría que le dieron en Davos en el ya lejano mes de enero. Parece que desde entonces está escrito el guión del pensionazo, por más que estemos dando vueltas y vueltas, mas para quedar siempre en el mismo sitio. Hoy de nuevo se ha escenificado en Bruselas el consabido guión, aprovechando la asistencia del presidente al Consejo europeo. ¡Vaya empeño con lo de los 67 años! ¡Menos mal que el anuncio se repite diciendo que se abordará con "flexibilidad"!

¿De qué flexibilidad se trata? ¿Cómo hay que entender ese cimbreo en lo que se refiere a la edad legal de jubilación si como con martillo pilón se machaca siempre en el mismo clavo: jubilación universal y obligatoria, como norma general, a los 67 años. Luego se harán excepciones. ¿Cuántas? ¿Para quiénes? ¿Habrá que hacer tantas que la norma general quedará inutilizada como tal norma? ¿Para qué entonces esas alforjas, si ese es el destino del viaje? Y si el susodicho destino no es neutralizar la norma, entonces es injusto.


Lo dijo Zapatero en distintos momentos: esto no tiene que ver con la salida de la crisis. Si es así, ¿por qué de esta forma en estos momentos cuando hay otros medios de ir actualizando el sistema de pensiones para asegurar sus sostenibilidad? ¿O es que es irrelevante elevar el periodo de cotización a 20 años (con lo que ya supone de flexibilidad que los trabajadores tienen que aplicarse)? ¿O es que no es serio el compromiso de aproximar la edad real de jubilación a la legal hasta hacerlas coincidir? ¿O es que no hay garantía de acabar con prejubilaciones y jubilaciones anticipadas (por cierto, siguen haciéndose ahora mismito en los procesos de fusión de cajas de ahorros)?
También oímos en el Comité Federal del PSOE que el asunto se abordaría buscando el consenso (¿sólo con PNV y CiU?) y en el marco del Pacto de Toledo. Y supusimos que el Pacto no iba a quedar aguado en punto tan fundamental. ¿Dónde está la credibilidad?¿Es que sólo hay que ser creíbles ante quienes llevan la batuta del capital?

Hay muchas y cualificadas voces que indican que ahora no tiene por qué pasar por ahí la reforma del sistema de pensiones. Y no hemos oído argumentos más fuertes para convencer del incremento de edad de jubilación de 65 a 67 como medida legal universal. Cosa distinta es incentivar a que voluntariamente se prosiga la vida laboral en determinadas condiciones sin que implique agravio para quienes no puedan hacerlo.

Una amplia mayoría de la sociedad española no suscribe esa medida y no porque no se explique bien, sino sencilla y llanamente por haber entendido claramente de qué se trata: gesto (inútil) ante los mercados, cabeza de pensionistas en bandeja herodiana, botín apetecible para inducir planes privados de pensiones, campo libre para especuladores financieros, y a todo ello sumándole ruptura del diálogo social y piedra de molino al cuello para hundirnos en el abismo. Algunos entonces aplaudirán piruetas con cara de pánico que terminan en salto mortal. No habrá red, no quedarán alianzas sociales, y una terrible soledad será el consuelo de quienes quizá se vean como futuros héroes incomprendidos. ¡No se convence cuando se pide convicción con cara de víctima!

Pero todo esto no debe ser así y todavía puede no ser así. Hay tiempo para pensar, hablar, pactar y tejer alianzas incluso para resistir inteligentemente y no sucumbir servilmente. El dios mercado no parará hasta que le destronemos (y su sacerdotisa Merkel estará dirigiendo los sacrificios hasta que la UE se vea en el fondo del precipicio, si no hacemios algo más serio para impedirlo que lo hecho estos días en Bruselas).

jueves, 16 de diciembre de 2010

El desempleo como estigma





Hay situaciones que marcan la vida de las personas. El desempleo de larga duración es una de ellas. El problema se acrecienta cuando la huella del paro en la piel de la biografía no queda sólo para la percepción interna de quien se ve arrojado a las filas de los que no tienen trabajo, sino que además ese rastro se perpetúa como señal ante los demás. Entonces no es sólo la condición de desempleado la que afecta al individuo, sino también el estigma que a los ojos de los otros, en el entorno familiar y otros ámbitos, empieza a presentar. Los efectos de la precariedad laboral y aún más del desempleo sobre el carácter personal son corrosivos, incidiendo en la propia identidad –lo ha puesto de relieve el sociólogo norteamericano Richard Sennett-.

El acoso que sufren nuestras sociedades bajo la presión de los mercados financieros, siempre insatisfechos en cuanto a sus márgenes de beneficios, y con la coartada de una austeridad que, como dice Josep Ramoneda, se ha convertido en una forma de ideología, trae consigo el descrédito de las políticas sociales y el envalentonamiento de quienes quieren desmantelarlas. Así sucede con las prestaciones por desempleo, las cuales, de plantearse como un derecho pasan a concederse como donación humillante. No escatima perspicacia el fallecido Tony Judt al analizar esa deriva. En su recorrido, bajo el título Algo va mal, por los avatares de la socialdemocracia hasta la crisis actual, recuerda cómo mediante políticas sociales se logró pasar de prácticas degradantes, reguladas por leyes de pobres con criterios de beneficencia, a la provisión pública de la asistencia como un derecho. Ello supuso, ha escrito el historiador británico, recusar la indecencia de definir la condición cívica en función de la fortuna económica: “la incapacidad de encontrar trabajo, lejos de ser estigmatizada, se empezó a considerar una situación de dependencia ocasional, pero en absoluto deshonrosa, de los conciudadanos”. Hoy, sin embargo, vuelven actitudes propias del conservadurismo más clasista, recicladas bajo la exaltación del mercado, al subrayar los “incentivos” para abandonar la supuesta indolencia, una concepción individualista del esfuerzo y medidas que tratan al parado como destinatario de posibles sanciones disuasorias. Los neoliberales ganan al difundir que es un disparate universalizar políticas sociales y extender el Estado de bienestar.

Sucumbir a la embestida neoliberal contra los desempleados, aparejada a la presión de los mercados contra el Estado social, es lo que no debe ocurrir. La ayuda a los parados de larga duración, en la forma que se estime más acertada, responde a un planteamiento político justo. Para reforzarlo también se harán presentes en las calles las organizaciones sindicales.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 16 de diciembre de 2010)

lunes, 13 de diciembre de 2010

Lo que Van Rompuy sabe de toros







Nada, el presidente del Consejo europeo no sabe nada de toros. A pesar de ello se acogió a las imágenes de la España castiza cuando felicitó al presidente del gobierno, al recibir de sus manos el premio del Foro Nueva Economía de Madrid, por las medidas "imponentes y muy concretas" anunciadas la semana pasada como complemento "al paquete decidido en mayo". Por no saber nada de tauromaquia desconoce el buen Van Rompuy que coger el toro por los cuernos es de lo más peligroso: el morlaco suele revolverse y no es extraño que embista al osado que trata de apresarle por sus defensas. Una cogida en tales circunstancias puede ser mortal y dejar sobre la arena un rastro de sangre, y no (sólo) del toro.
También José Viñals, ex-subgobernador del Banco de España y actual responsable de Asuntos Monetarios y Financieros del FMI, se sumó a los elogios mediante la tan manida metáfora taurina: felicidades al presidente por "coger el toro por los cuernos", aunque éstos le empitonen, una vez que los cuernos de la crisis ya se han llevado por delante derchos laborales y logros de los trabajadores. No hace falta recordar el capotazo del gobierno a la banca, así como la faena de muleta hecha en el ruedo de Moncloa ante el selecto público de los 37 empresarios que nutren el 40% de nuestro PIB. Una vez brindada a ellos la tarde, toca acabar con el PRODI a la vez que aliviar el impuesto de sociedades y privatizar entidades públicas. Un pase por aquí, otro por allá y estocada. Con el aplauso del respetable (empresariado y mundo de las finanzas) se llega al momento de la verdad. Éste lo señala Jean-Claude Trichet, desde la distancia, y aunque no sepa nada de toros por no hacerle falta -el mismo BCE, aun en Centroeuropa, es su sede como capataz de renombrada ganadería-, también elogia, aunque de manera condicionada, esto es, insistiendo en que hay que rematar la faena en cuanto a reforma laboral y del sistema de pensiones se refiere.
Con todo, resulta que, con la vista puesta en el tendido, al torero se le pasa que en las gradas de sol el público se va encrespando por momentos y, lo que es especialmente grave, que el mihura se revuelve a sus espaldas con riesgo de cornearle sin contemplaciones. Perece mentira, pero los que aplauden e incitan a coger el toro por los cuernos son los mismos que están esperando a que la banda de música toque, no ya para que cambie el tercio, sino para acabar con el silencio de una plaza enmudecina ante la cogida que provoca una terrible y aparatosa hemorragia en el diestro. Es la hemorrogia vaticinada por sondeos, estudios, análisis, comentarios...ante las terribles embestidas del cornúpeta por la derecha y la imposibilidad de darle ningún quiebro por la izquierda.
¡Atención, Zapatero, que la derecha que embiste y ora, como decía Machado, hoy, además, aplaude para despistar! Pero a esta afición no hay quien la engañe: el pueblo sabe a dónde apunta la querencia de los cuernos que le atacan.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Letras para una crisis














Las letras, signos indispensables para que el lenguaje gane con la escritura todo su potencial simbólico, con frecuencia se erigen ellas mismas en símbolos. El alfabeto pasa a ser más que un listado de signos. Cabe recordar el papel de la letra griega pi en matemáticas o, en otro ámbito, el de las letras alfa y omega para los primeros cristianos, que aludían con ellas al resucitado de su fe. De los contemporáneos podemos traer a colación el relato borgiano sobre el aleph, donde muestra la primera letra del alfabeto hebreo concitando todas las perspectivas sobre el universo. La nostalgia de una imposible visión de la totalidad no deja de tener raíces en un alma humana herida de finitud.

En nuestra prosaica realidad encontramos el recurso a letras para mensajes que se condensan sobre su grafía. La crisis económica que nos abruma halla así diferentes maneras a las que se acogen los economistas para referirse a ella. Unos dijeron que la crisis era como una V: recuperación tras caída vertiginosa. Después aparecieron los que hablaban de una U: recuperación después de un periodo de estancamiento. Los que más han tenido presente la crisis de 1929 advierten del riesgo de un proceso con perfil de W si los asomos de recuperación resultan abortados por ajustes excesivos, perjudiciales para el crecimiento. Y otros ven la crisis como una L: estancamiento indefinido tras la recesión.

Desde el campo político también se acude a letras. La geografía española se ha visto sembrada de carteles del Plan E, el cual, con sus dos ediciones, se planteó como respuesta ágil, de corte keynesiano, a una crisis imprevista. El problema siguiente es conocido: déficit público y fuerte deuda que mercados especulativos no perdonan ni habiendo sido contraída en su beneficio. Cuando los ajustes del gobierno entran en acción aparecen en escena nuevas letras: al plan A de recortes a funcionarios, congelación de pensiones, freno a inversiones y reforma laboral, le va siguiendo el plan B de menos impuesto de sociedades, más privatizaciones y fin de ayudas a parados de larga duración. Despunta un posible plan C con centro en la reforma de las pensiones, incrementando la edad de jubilación. Con tal sucesión alfabética es lo menos que, ante sondeos y resultados como los de Cataluña, se acumulen temores en el PSOE respecto a lo que pase en un cercano día D de elecciones. Entre tanto, mientras académicos de la lengua daban vueltas a cómo llamar a la Y, gente con mala fe, desde torres de control aeroportuarias, dio un insolidario puntapié al caldero de esa sopa de letras. Habiendo saltado la alarma por peligro de achicharramiento colectivo, el gobierno actuó en consecuencia. Falta la letra que pueda simbolizar la credibilidad que la ciudadanía no percibe.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 9 de diciembre de 2010)

domingo, 5 de diciembre de 2010

Sondeo sobre intención de voto: esperanza congelada

El sondeo de Metroscopia que presenta hoy El País es sumamente preocupante. La ventaja del PP sobre el PSOE es de 18,8 puntos. El voto socialista se sitúa al día de hoy en el 24,3 % (en las elecciones de 1977 obtuvo el 24,4 %). La causa principal de tal pérdida de apoyo está en el rechazo a las medidas económicas.

La remodelación del gobierno parace que ya agotó su capacidad para remontar. La firmeza del gobierno ante la "calamidad pública" provocada por los controladores aéreos, valorada positivamente por la ciudadanía en general, no es previsible que incida en la tendencia que los sondeos manifiestan hasta el punto de cambiar el sentido de su curso.

Para ilustrar lo que pasa bien puede leerse el artículo de Paul Krugman en El País de hoy, titulado "Congelar la esperanza", escrito después de la decisión de Obama de congelar el sueldo de los trabajadores federales. Con ello -dice Krugman-, Obama hace suya una medida reclamada con insistencia por los republicanos, dejando al Partido Demócrata desvalido ante el empuje conservador. Para colmo -insiste Krugman-, tal medida es de escasa relevancia para combatir el déficit y será perjudicial en cuanto a la necesidad de alentar el crecimiento.

El artículo de Krugman se puede leer con mucho provecho y en cada línea asaltan al lector las analogías que presenta la sociedad española con lo que allí se describe. Pruebe quien quiera a hacer los cambios oportunos: PSOE en lugar de Partido Demócrata y así sucesivamente, aunque siempre habrá quien diga que EEUU no está bajo la disciplina de la UE (¿qué disciplina?)

Artículo: http://www.elpais.com/articulo/economia/global/Congelar/esperanza/elpepueconeg/20101205elpnegeco_2/Tes

jueves, 2 de diciembre de 2010

El pulso del presidente











Durante estos días, cuando el vendaval financiero ha reducido el “tigre celta” –la Irlanda modélica como laboratorio neoliberal- a tan menguado tigre de papel que apenas llega a gato escaldado, no faltan avisos con la inquietante alarma de que España se halla en el ojo del huracán. Éste, más terrible que el del mítico Polifemo, es agujero negro a donde puede precipitarse nuestra economía si no cesan los ataques de mercados no sólo insaciables, sino antropófagos. Devoradores de humanos, a base de deglutir débiles Estados macerados bajo el peso de la deuda, son unos mercados que hacen del euro el objeto de su festín. Cuentan con la parálisis de la UE, la inoperancia de su Banco Central y el nacionalismo económico de Alemania bajo la batuta de Merkel.

En medio de un escenario cuya tramoya está montada con elementos que tanto recuerdan La tempestad shakesperiana como La escena de canibalismo de nuestro Goya, nada más lógico que esperar una mano segura en el timón del barco, so pena de vernos todos como los desesperados náufragos de La balsa de la Medusa. Pero, dado que la nave española está lejos de parecer aquel romántico bergantín “con diez cañones por banda y viento en popa a toda vela”, sus más conspicuos pasajeros, su preciada élite empresarial, convocando a un capitán al que le han hecho llegar por vía regia su pavor ante la peligrosa deriva que la arrastra, le urgen sin contemplaciones a que “no le tiemble el pulso”. De tan manida expresión la marinería enseguida detecta su tufo autoritario.

¿Por qué, en la zozobra, tanto desvelo por el pulso del presidente? Los 37 empresarios de marras, rondando el simbólico número de 40, le enviaban a quien encabeza el gobierno un mensaje claro: “sea firme, rápido y contundente” con las reformas. Esto es, dejado atrás todo buenismo, no se lo piense si hay que arrojar lastre por la borda. Consignas para el cuaderno de bitácora: rumbo a la reforma laboral según el mercado exige y a toda máquina hacia la reforma de las pensiones según esperan los tiburones de las finanzas. La competitividad es el norte.

¡Que el pulso no se debilite! Los otoñales vientos de Cataluña son una brisa para lo que se avecina. Y en la carta de navegación, una ruta: reconducir el Estado de las autonomías y reducir el Estado de bienestar. Cuando el timonel, convertido en cirujano de hierro, culmine la operación, hablaremos. Mientras tanto la élite experta ha conseguido de políticos que considera incompetentes unas rebajas en el impuesto de sociedades e incrementar su botín mediante privatizaciones. Dicen que era condición para que la bandera de la marca-país ondeara en el mástil buscando sumisa complicidad con aquellos que navegan bajo calaveras de diseño en el océano de la globalización.
José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 2 de diciembre de 2010)