lunes, 24 de mayo de 2010

Desastre de Cajasur: demasiado eclesiástico



¿En qué guión estaba previsto que los canónigos que representaban al Cabildo Catedralicio de Córdoba, con Santiago Gómez Sierra a la cabeza, promovieran el no a la fusión con Unicaja? Todo parace indicar que en alguno, pues no se llega hasta el final de la negociación para romper la baraja a última hora. Por lo que sabemos, es lo que ha hecho irresponsablemente el Consejo de Cajasur, ciuyos miembros ya ha sido destituidos del mismo por el Banco de España, una vez que ha procedido a la intervención de la entidad cordobesa. Todos los miembros del Consejo, empezando por los que inclinaban la balanza hacia el no a la fusión, sabían que ese era el destino de una caja ya imposible de sostenerse por sí sola. Las facturas del ladrillo pesaban como hormigón armado, aunque aún no han caído como debieran sobre la pensión que se garantizó para sí y su familia, de por vida, el ínclito Miguel Castillejo, el cura negociante que dirigió los caminos de Cajasur por trienta años, dando dolores de cabeza a la Junta de Anadalucía, hasta que Griñán aplicó unos paliativos, y provocando que el Vaticano incluso cambiara al obispo. Al final, ¿para qué?

Aunque el PP arremete contra los gobiernos socialistas de la Junta y de España, para no quedar por detrás de sí mismos ni Cristóbal Montero ni Javier Arenas, cualquiera sabe que lo que dicen no responde a los hechos, pues lo niega hasta Juan Ojeda, destacado militante del PP, con amplio curriculum político en sus filas, y hasta la fecha vicepresidente de Cajasur. En alarde de claridad que le honra ha puesto los puntos sobre las íes: la culpa del fracaso de la operación de fusión entre Unicaja y Cajasur está en los canónigos que se sentaban en su Consejo, que han seguido pensando y operando como si la entidad en crisis fuera suya, hasta el punto de preferir el suicidio por ellos mismos decretado que buscar una salida airosa para la entidad, los trabajadores, los impositores, Córdoba y la ciudadanía en general. No hay que olvidar que somos ahora los ciudadanos los que a través del FROB, el fondo que ahora va a utilizar el Banco de España para salvar Cajasur hasta que se resuelva su futuro por la fusión o absorción que se estime viable, vamos a pagar los desafueros eclesiásticos. Volvemos a donde siempre, a los costos públicos para, en este caso, curar lo que Juan Ojeda ha calificado de "puñalada a Córdoba". Esperemos, por los demás, que el expediente abierto por el Banco de España a los directivos de Cajasur llegue a donde tenga que llegar, sin que se detenga al topar con la Iglesia.

En el desatino mayúsculo de los canónigos, amparados betíficamente por un obispo que quiere disimular, santurrón, como si no fuera de este mundo, pone de manifiesto que este final de viaje y todo el recorrido ha sido demasiado eclesiástico, por sus protagonistas principales, por la trayectoria, por los modos y por las malas excusas. Decir que se ha obrado así para defender los derechos de los trabajadores -más se perderán en lo que siga- entra en el capítulo del cinismo eclesiástico, pues lo que estaba en juego era el dogma, es decir, la conservación de privilegios que la Iglesia no quería perder. ¡Qué mal han llevado el asunto quienes interesadamente olvidaron que no se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero!

1 comentarios:

Paco Piniella dijo...

En la misma sintonía...
http://piniella.blogspot.com/2010/05/pagando-los-caprichitos-del-senor.html