domingo, 31 de mayo de 2009

Fernando de los Ríos, europeísta convencido






En Nueva York, en el exilio, el 31 de mayo de 1949, murió Fernando de los Ríos, “socialista por convicción”, según sus propias palabras –pensaba que en verdad no se puede ser socialista de otra manera-. El caso es que de él puede decirse, además, que era europeísta a fuer de socialista –dicho sea parafraseando el famoso “socialista a fuer de liberal” con que se autodefinía Indalecio Prieto- y, por tanto, con análogo convencimiento. El que fue diputado por Granada y, sucesivamente, ministro de Justicia, de Instrucción Pública y de Estado entre 1931 y 1933 en el gobierno de la II República, cuando ya ésta era pasado tras la derrota que para los leales a la legitimidad republicana supuso la Guerra Civil que siguió al golpe militar del general Franco, redactó en 1944, llegando la Segunda Guerra Mundial a su fin, un Proyecto de Constitución de los Estados Unidos de Europa para cuyo preámbulo escribió: “Los Estados de Europa, animados por el deseo de salvaguardar su herencia cultural, prevenir nuevas guerras, aliviar el tremendo peso de su armamento, garantizar la seguridad social y crecientes estándares de vida, garantizar la libertad personal, nacional y religiosa de todos los europeos y hacer una contribución positiva a un mundo más ordenado, han aprobado los siguientes artículos de asociación y de unión”. Visionario en medio de la tragedia, sin que el dolor le impidiera entrever por dónde tenía que ir lo que habría de llegar, Fernando de los Ríos ponía palabras a la convicción compartida de quienes se disponían a trabajar por un futuro de paz, justicia y desarrollo para una Europa que debía entenderse y realizarse a sí misma como una Europa unida.

Había que tener, ciertamente, fuertes convicciones políticas y una acendrada esperanza militante para apostar así por Europa tras la barbarie y los desastres que la habían asolado. Mas quien conozca el pensamiento y la trayectoria del autor de obra tan especial para la historia de las ideas políticas como El sentido humanista del socialismo, no se extrañará de que así fuera. Después de todo, su autor llevó al Preámbulo de su proyecto de texto constitucional para Europa lo que en dicho libro proponía como una vida internacional que había de gravitar sobre el “principio de la cooperación”. Adelantando lo que tendría que encarnar una organización supranacional de Estados, insistía en que “el nuevo internacionalismo ni puede ni debe negar realidades tan vitales como las naciones, no de otro modo que éstas tampoco pueden hacerlo con las personalidades regionales, colectivas e individuales, si aspiran a enriquecer el acervo de la vida nacional”. Tal internacionalismo de nuevo cuño, que “labora por la integración”, es el que después, cuando los hechos habían dado al traste con la Sociedad de Naciones, aplicaría con más concentrada vehemencia a la propuesta de unión europea. Pensaba que, en efecto, la Segunda Guerra, de la cual la fratricida guerra de España fue sangriento capítulo inicial, había despertado “la conciencia de la comunidad” al mostrar “la interdependencia estrecha de los pueblos, su necesidad mutua, y la perentoriedad para esta nuestra Europa de llegar a una ordenación jurídico-social de las relaciones internacionales”.

En las mismas páginas de esa obra cumbre del militante socialista y catedrático de Derecho de la Universidad de Granada se hacía hincapié en la continuidad cultural que existe en Europa entre el humanismo que tiene sus renovadas raíces en el Renacimiento y en su ganada conciencia de la dignidad humana, el constitucionalismo que desde la tradición liberal aportó la concepción del Estado como protector y garante de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, y esa nueva fase del constitucionalismo, madurada al calor de la tradición socialista, que es la del “constitucionalismo social”. La protección y defensa de los derechos sociales, añadidos en su reconocimiento a los civiles y políticos, ensancha los objetivos de justicia, de esa justicia que es “fundamento del socialismo”, como decía don Fernando, hasta la justicia social, para llenar de contenido real el derecho y la libertad.

Lo que había de ser el Estado social y democrático de derecho se abre así paso de la mano de una concepción del socialismo que realza el valor jurídico de un sistema legal enfocado democráticamente hacia la consecución “del máximo de libertad real” del individuo y hacia la consecución del “máximo de justicia realizable” para la comunidad. Desde su socialismo humanista, para Fernando de los Ríos, esa idea de “constitución social” se enderezaba “a impedir las relaciones de dependencia personal propias del capitalismo en sus múltiples variantes históricas”. No cabe duda que el reformismo que tal constitucionalismo social implicaba suponía transformar profundamente la realidad capitalista de explotación y alienación, llevando la práctica de una “política social protectora”, con sus medidas en cuanto a defensa de los trabajadores, salario mínimo, negociación colectiva de contratos laborales, pensiones y prestaciones por desempleo, hasta el más elevado nivel de una “política social emancipadora”, capaz de avanzar incluso en la “democracia industrial” y siempre con su centro de gravedad en la educación como clave fundamental para lograr una sociedad a la altura de la dignidad humana, con un “régimen político de iguales derechos y garantías jurídicas para todos”.

Concibiendo, pues, el proyecto de una asociación de Estados europeos como el camino por excelencia para que en Europa se realizara el constitucionalismo social que en su seno había sido alumbrado, hay que contar a don Fernando de los Ríos no sólo entre los pioneros de lo que hoy es el apasionante, aunque dificultoso, proceso en marcha de la Unión Europea, sino también entre los más lúcidos precursores de la Europa social que hoy, y con especial intensidad ante las próximas elecciones para el Parlamento europeo, muchos defendemos como clave para una Unión Europea económicamente bien articulada, democráticamente avanzada, socialmente cohesionada y solidariamente inserta en el complejo mundo de nuestro siglo XXI.

José Antonio Pérez Tapias
Diputado socialista

(Artículo publicado en La Opinión de Granada el 30 de mayo de 2009)

viernes, 29 de mayo de 2009

¿España, paraíso bancario? El caso de Obiang




Coincidencias. En esta semana, a la vez que el PSOE ha defendido en el Congreso, con Jesús Caldera como portavoz, una buena proposición no de ley sobre la eliminación de los paraísos fiscales y la erradicación de la impunidad en el sistema financiero, la prensa ha dado cuenta de que la Fiscalía General del Estado ha informado a favor de la competencia del Juzgado de Instrucción de Canarias para investigar cuentas e inversiones inmobiliarias en España del Presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang. Éste, por cierto, tuvo que desistir en noviembre de 2006 de visitar el Congreso de los Diputados ante la reacción en contra de determinados grupos parlamentarios, como posteriormente tuvo que aparcar en septiembre de 2008 su intento de nueva visita a España al no darle cita ni el Rey ni el Presidente Zapatero.
Sabido es que Obiang, según la revista Forbes, es uno de los individuos más ricos del planeta. Algunos de sus movimientos de capital con estación término en España, tras rodeo por sociedades panameñas y bancos norteamricanos, han levantado sospechas de entidades tan poco sospechosas como el Senado de los EEUU y el mismísimo Banco de Santander. A raíz de ello la Asociación pro Derechos Humanos de España interpone una denuncia.
Un caso como éste, por cierto, cae fuera de la modulación que se quiere hacer de la justicia universal, pues hablamos de asuntos ocurridos en España, bien es verdad que protagonizados por un autócrata que empobrece a su pueblo y asfixia la democracia de su país. La prensa informó hace poco de que las elecciones realizadas en Guinea dieron como resultado 99 diputados del partido oficialista y uno de la oposición. El expolio de las riquezas de Guinea, tercer productor de petróleo de África tras Nigeria y Angola, va a parar a manos del presidente y de su entorno. La "maldición del petróleo", que no es ningún fenómeno natural, una vez más hace estragos sobre un pueblo oprimido que, tras la emancipación respecto de España, cayó bajo la dictadura de su primer presidente, Macías, para seguir bajo la autocracia de Obiang cuando éste desbancó al anterior, su tío para más señas.
Un escritor africano, Donato Ndongo Bidgoyo, expresa así tan desgraciada experiencia: "Nuestros padres exigieron la independencia para que pudiéramos realizar los anhelos de libertad y desarrollo, y sólo hemos padecido opresión y miseria".
Bien estaría que una España en donde su presidente, su gobierno y el partido que le apoya, más otros del arco parlamentario, están comprometidos en la lucha por la transparencia financiera y contra los paraísos fiscales, no permita que en ella haya paraíso bancario alguno para autócratas que expolian a sus pueblos. ¡Que la justicia haga su trabajo!

jueves, 28 de mayo de 2009

Adiós a Luis de Sebastián
















Otro maestro que se fue. Murió en Barcelona el pasado martes, 26 de mayo. Quienes no disfrutamos de su docencia "en directo", le pudimos seguir durante años por sus libros, los cuales, a su acumulación de saber económico y reflexión política, añadían su interpelación moral y su desgarrada búsqueda de coherencia entre la crítica sin concesiones y la necesidad de la acción.
Desde sus orígenes burgaleses, acabó en El Salvador, donde fue vicerrector de la UCA junto a Ignacio Ellacuría. La marca de aquella "prueba de fuego" nos la transmitió con la fuerza de su palabra. Testimonio de ello fue su artículo "El Salvador: ¡el pueblo es quien lucha!", publicado en El Periódico de Catalunya el 20 de noviembre de 1981. Como ha recordado ahora José Ignacio González Faus, por aquellos años "el FMLN quería nombrarle ministro de Hacienda cuando ganasen una guerra que nunca ganaron..." (Cosas de la vida: el FMLN ha ganado las últimas elecciones en El Salvador poco antes de que a Luis de Sebastián le llegara el momento de morir).

Su crítica del neoliberalismo ha sido constante y a fondo, también poniendo de relieve sus contradicciones internas, como en un inolvidable artículo que publicó en El País el 13 de mayo de 1998 bajo el título "La revolución antiliberal".

Queda una obra que va a seguir dando que pensar, incluso en tiempo de elecciones europeas como los actuales, pues es lo que ocurre con su libro África, pecado de Europa (2006). Otros títulos suyos, en el catálogo de Trotta, son:

La solidaridad (1996)
Neoliberalismo global. Apuntes críticos de economía internacional (1997)
El rey desnudo: cuatro verdades sobre el mercado (1999)
De la esclavitud a los derechos humanos (2000)
Un mundo por hacer. Claves para comprender la globalización (2002)
Uno de sus últimos escritos, esta vez en Ariel, ha salido recientemente bajo este rótulo tan expresivo: Un planeta de gordos y hambrientos.

Como bien cuentan las crónicas, Luis de Sebastián murió entre el último artículo que dejó escrito y la conferencia que ya no pudo dar. Quien descansa en paz nos urge a no descansar mientras que no haya paz (la de verdad, la que viene con la justicia).

domingo, 24 de mayo de 2009

Europeísmo socialista desde Andalucía

















Domingo, 24 de mayo: mitin en Dos Hermanas (Sevilla) con intervenciones de Magdalena Álvarez, Manuel Chaves, Pepe Griñán y Zapatero. Entusiasmo, ideas y un proyecto para Europa: europeísmo socialista, sin duda. Hay que seguir profundizando en él. Es nuestra gran ventaja frente a una derecha que en España nunca ha sido europeísta.

Algunos mensajes desde una Andalucía que, desde España, se inserta en Europa:

"No se entiende el desarrollo de Andalucía sin lo que ha supuesto en las últimas décadas la integración en Europa" (M. Chaves).

"Los andaluces fueron a Europa como emigrantes, y así contribuyeron a construirla. Hoy la construimos políticamente desde el desarrollo que hemos alcanzado. Los objetivos son la libertad y la igualdad. Los andaluces, con fuerte conciencia de nuestra dignidad, no queremos privilegios, sino igualdad para todos" (Griñán)

"Frente a la crisis, el gobierno se ha comprometido a promover un cambio de modelo productivo para una economía sostenible, sostenible también desde la cohesión social, la defensa de los derechos de los trabajadores y la protección de los más débiles. Un plan para una Andalucía sostenible hará de esta tierra pionera de ese nuevo modelo productivo. Y desde ahí potenciaremos Europa, que ha de ser unión política para la paz y el desarrollo en el mundo, para luchar contra el cambio climático" (R. Zapatero)

¿Y de qué ha hablado hoy la derecha? No merece la pena reproducirlo. Rajoy y Camps, juntos en Alicante, tenían sus preocupaciones en otros temas; desde luego, no en Europa. Cubriendo sus vergüenzas no dan más que para tachar de "inquisidores" a los otros. Cuando piden el voto no deja de ser su objetivo "socializar la corrupción". ¿Hace falta más para distinguir dos modelos?

Debate sobre las elecciones europeas




Metidos ya de lleno en la campaña para las elecciones del 7 de Junio, aún puede haber tiempo para seguir la pista a cuestiones importantes relacionadas con ellas: participación, expectativas, situación de Europa en medio de la crisis, solapamiento de temas europeos y debate nacional, candidaturas...
Sobre todo ello hablamos en el debate que hace algunos días mantuvimos unos cuantos colaboradores de la revista El Siglo, y quizá lo que allí salió resulte interesante. La transcripción de ese debate, uno más de la serie "Sobremesas", se encuentra en el nº 835 (24 de mayo de 2009) de esa publicación, apareciendo bajo el título "Elecciones europeas". ¿Qué resultados arrojarán? Lo que de ellas salga será de lo más relevante para el futuro de Europa.

jueves, 21 de mayo de 2009

Necesidad de Europa



Es síntoma de la situación de Europa que un europeísta como Jürgen Habermas titule ¡Ay, Europa! uno de sus últimos libros. El tono de la exclamación no implica concesión alguna al desaliento. Todo lo contrario, a lo largo de la obra su autor sigue manifestando su firme compromiso con la construcción europea. Su actitud y sus palabras valen como referencia en momentos cruciales en los que estamos convocados a elegir a quienes nos van a representar en el Parlamento europeo. No obstante, y visto lo ocurrido en anteriores convocatorias europeas, recae también sobre la próxima del 7 de junio el temor de que una elevada abstención confirme que importantes sectores de la ciudadanía no encuentran motivos para ir a las urnas. ¿Es que no interesa Europa? ¿Por qué esa actitud distante respecto a las cuestiones europeas, que a lo sumo parece vencerse si las elecciones europeas se tiñen de connotaciones nacionales? Todo sería distinto desde el convencimiento de la necesidad de Europa.

La actual crisis económica marca la coyuntura en que estamos. En medio de ella, se aprecia bajo nueva luz lo que significa la UE. Así es a pesar de las contradicciones entre sus miembros –vimos las distancias entre Francia y Alemania, por una parte, y Reino Unido, por otra, en la reunión del G 20-, a pesar de la lentitud en sus medidas del Banco Central Europeo, a pesar del diluido papel de la Comisión y de su presidente Barroso, a pesar del euroescepticismo difundido desde la misma presidencia checa de la UE, a pesar de las incertidumbres que pesan sobre el Tratado de Lisboa… Todo ello no merma la convicción de que para salir de la crisis es mejor estar dentro de la UE, que fuera. Es cierto que incluso en los países con euro aparecen planteamientos proteccionistas que reeditan nacionalismos económicos, pero no dejan de verse como medidas transitorias de gobiernos que responden a urgencias de sus sociedades. Se espera volver al cauce de las decisiones y reglas comunes. En el mundo del mercado global no hay Estado, por mucho keynesianismo que se profese, que pueda plantear en solitario, en trasnochado ejercicio de soberanía, su política económica. Si a ello añadimos los retos de la regulación del sistema financiero, de objetivos de desarrollo global, de lucha contra el cambio climático, etc., queda aún más claro que la UE es necesaria como actor colectivo del cual hemos de formar parte.

En tiempos como los que vivimos se hace aún más notorio que las decisiones que se toman en la UE nos afectan en gran medida. Las directivas que emanan del Parlamento europeo condicionan los desarrollos legislativos nacionales. De ahí, por ejemplo, la importancia que tuvo el que en él se frenara aquélla con la que se pretendía que la semana laboral pudiera prolongarse hasta las 65 horas. Es buena muestra de la trascendencia de lo que se decide en las instancias europeas y de la importancia de que se lleve a ellas el modelo de una Europa social que profundice en derechos de su ciudadanía y en el carácter inclusivo de la democracia que debe reinar en la UE y en los Estados que la integran.

La necesidad de Europa no se queda en lo constatado acerca de por qué es necesaria para nosotros –recordemos lo que han supuesto los fondos europeos para nuestra tierra-, sino que tiene su reverso en aquello de lo que Europa está necesitada y que nosotros, sus ciudadanos, debemos aportar. Europa necesita impulso para decantar su futuro como Unión política supranacional, capaz de hacer valer su peso en un marco multilateral de relaciones internacionales a favor de la paz, del desarrollo solidario de los pueblos, de la democratización de los Estados y del respecto a los derechos humanos. La verdad es que el futuro de esta “Europa difícil”, como la describe el filósofo Étienne Balibar, depende de que sepa transitar hacia una “Europa cosmopolita”, horizonte que dibuja el sociólogo Ulrich Beck. La clave está en que los Estados nacionales de la Unión sean capaces de autolimitarse en su nacionalismo. Y la clave de la clave, en que su ciudadanía impulse ese proyecto político experimentándose como demos, como pueblo con “poder constituyente”. En tanto así ocurra, el electorado europeo dejará de ser abstencionista y diremos, con Michael Hardt y Antonio Negri, que ello quizá sea síntoma de que la innovación política que la UE supone estará transformando el imperio de un mundo sometido a la difusa pero efectiva soberanía del mercado global.

(Artículo publicado en el diario Granada Hoy el 19 de mayo de 2009)

martes, 19 de mayo de 2009

¿Será posible el pacto por la educación?



La educación, más allá de las bases económicas sobre las que gravita la supervivencia, es lo más importante que una sociedad tiene que resolver para asegurar su perdurabilidad en condiciones de vida digna para sus miembros. Ese carácter crucial de la educación es subrayado por líderes políticos y de opinión al insistir en la primacía que ha de tener entre las prioridades de la sociedad. Padres y docentes suelen compartir tan enfáticas declaraciones. No se quedan atrás los empresarios. Sin embargo, ¡qué lejos está que la educación cuente con tan firmes apoyos por parte de todos! Lo que se haga en educación es, por lo menos, para pasado mañana, y nuestra sociedad está volcada a lo inmediato, atrapada por la miopía del corto plazo. Mucha hipocresía social oculta que la educación, de hecho, no interesa tanto como muchos dicen.

Hace años que se viene planteando la necesidad de un pacto por la educación. Desde el sistema educativo y desde las familias se han alzado muchas voces en ese sentido, aduciendo que la educación no puede estar sometida a constantes vaivenes legislativos, administrativos y de modas pedagógicas, al albur de cambiantes mayorías políticas. La fatiga del profesorado, el desconcierto de los padres y el malestar en los centros hablan de esa necesidad de consenso en torno a la educación. Con todo, no deja de ser chocante que algunas de las voces que invocan el necesario acuerdo sean las mismas que contribuyeron a hacer saltar el relativo consenso -¡tampoco lo mitifiquemos!- que en torno a la educación había desde la Constitución del 78 y desde la LODE de 1985. La impugnación de la LOGSE y la aprobación de la LOCE por el PP no iban en la dirección de potenciar pactos sobre educación. Después, la polémica sobre Educación para la Ciudadanía tras la entrada en vigor de la LOE no ha permitido reconstruir consenso alguno.

Cuando Ángel Gabilondo, nuevo ministro de Educación, anuncia que será objetivo suyo conseguir un “pacto social y político por la educación” –el nuevo presidente de la Junta de Andalucía también ha enarbolado la bandera de una “alianza por la educación”-, está levantando acta del vacío en que al respecto nos movemos. Subraya que se trata de una cuestión de Estado e insiste en que hay que dialogar en serio para lograr el anhelado “pacto de Estado”, suponiendo la buena disposición de las partes y manifestando que él no va a escatimar “voluntad de escucha” –lo cual suena a esa hermenéutica del filósofo Paul Ricoeur en cuya obra es un gran especialista-. Sienta, además, una premisa: la educación es un “bien público”, un “valor público” de primer orden que no es patrimonio de ningún partido. Y como hechos que obligan a abordar de manera inaplazable la problemática educativa de nuestro país sitúa el “drama” del fracaso escolar –sorprende una confesión tan explícita-, la urgencia de impulsar la formación profesional y la conveniencia de clarificar todo lo relativo al Plan Bolonia. La educación infantil, la política de becas o la correlación entre enseñanzas y mercado de trabajo también reclaman atención compartida.

Todo ello se va a tratar en tres mesas: con los grupos parlamentarios en el Congreso, con las Comunidades autónomas en la Conferencia sectorial y con los sindicatos. ¡Ojalá sean fructíferas! No va a ser fácil. Frente a la pretensión de sacar la educación de la disputa política, hay que reconocer que sobre las cuestiones educativas recaen buena parte de las divergencias ideológicas en el espectro político. A ello se suman los intereses eclesiásticos, que complican las cosas sobremanera. El ministro apunta a la necesidad de pactar el marco general de la educación, para que luego cada opción política mantenga dentro de él sus propuestas. Es la pertinente distinción entre sistema y modelo: definir qué corresponde al sistema para, dentro del mismo, plantear las legítimas alternativas respecto a modelos educativos. Pero si se acentúa, por ejemplo, el carácter inclusivo que ha de tener la escuela, como elemento definitorio del sistema educativo, ¿de verdad lo aceptarán todos, con lo que supone para una equitativa escolarización de inmigrantes? Y si hablamos de laicidad: ¿afecta al sistema o al modelo? Optar por una cosa u otra es decisivo para el futuro de nuestra educación. ¡Que las musas acompañen al ministro! A mí me susurran que, con pacto o sin él, acabará la crisis económica y aún seguiremos con la crisis de la educación.

José Antonio Pérez Tapias
Diputado socialista

[Artículo publicado en la revista EL SIGLO, nº 835 (18 de mayo de 2009), p. 30]

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti, en el recuerdo, para siempre


Hay que pararse unos momentos y detenerse para recordar, para que la noticia de su muerte nos ayude a grabar, más de lo que están en nuestra memoria, poemas y cuentos de ese genial poeta uruguayo que tan nuestro, tan de todos -menos de dictadores y asesinos-, ha sido. Como "gran cronista de los sentimientos" lo ha definido Luis García Montero en un magnífico artículo titulado "Textos como espacios públicos".

¡Adiós, Mario Benedetti, poeta del amor y del compromiso militante, cantor de la esperanza!

"Desde el origen somos indefensos/
si alguien nos hace añicos la esperanza".

Contigo la seguiremos recomponiendo cada día.

domingo, 17 de mayo de 2009

Revisión de los Acuerdos Iglesia-Estado. A propósito del desafío oscurantista



Si quieren vociferar, que sea sin privilegios.

A estas alturas, ésa es una conclusión palmaria a la que tendríamos que haber llegado todos los que somos contrarios a las sucesivas ediciones del "desafío oscurantista" -atinadísima expresión del filósofo italiano Paolo Flores d'Arcais para describir el reaccionarismo eclesiástico- que ahora, sea con motivo de los preservativos y el SIDA, sea con motivo del proyecto de ley sobre el aborto, los sectores más conservadores e intransigentes de la Iglesia católica lanzan de nuevo a la ciudadanía democrática de nuestro país.

La revisión de los Acuerdos ("inconstitucionales") de 1979 entre el Estado español y la Santa Sede debe acometerse por una cuestión de principios, es decir, por coherencia democrática y por la consistencia de nuestro ordenamiento jurídico, a tenor de lo que debe ser un Estado laico consecuente con la aconfesionalidad establecida por la Constitución española. Ahora bien, dicho eso, el colmo es que una Iglesia a la que se le siguen concediendo privilegios injustificables se comporte como lo hace, no ya sólo con el Estado español y sus instituciones democráticas, sino con la sociedad española en su conjunto.

Los portavoces eclesiásticos católicos tienen todo el derecho a manifestar sus opiniones sobre cualquier asunto que sea objeto de debate en la "plaza pública". Eso sí, entrando en el debate han de hacerlo en condiciones de igualdad respecto a todas las demás asociaciones y entidades de la sociedad civil, incluidas las otras confesiones religiosas, es decir, sin los privilegios que la Iglesia católica conserva gracias a los mencionados Acuerdos. Estamos viendo cómo muchos de sus "portavoces" hacen de ellos un uso tanto más abusivo cuanto menos debaten y más vociferan, que es lo que vemos que algunos hacen desde púlpitos, emisoras de radio y páginas de prensa. ¿Libertad de expresión? Por supuesto, y la defenderemos también para que digan lo que dicen, pero tratándose de igual libertad de expresión para todos. Se sostienen posiciones ventajistas desde el privilegio para la Iglesia católica que supone la "trampa" de una asignación tributaria que se detrae de lo que es indiferenciada contribución desde el IRPF para los gastos públicos y no es, como en Alemania por ejemplo, aportación que se añade sobre lo que ha de pagarse a la hacienda pública, voluntaria y expresamente por cada creyente para el sostenimiento de su iglesia. ¿Y qué seguir diciendo de las anomalías más que administrativas del profesorado de religión en el sistema educativo?

Es un tanto estéril el ejercicio continuo de comentarios más o menos explícitos, más o menos irónicos, sobre lo que dicen tales o cuales obispos sobre condones, píldora postcoital, aborto... Tal como lo dicen, se descalifica por sí solo, y prueba de ello es que tampoco tienen mucho efecto sus proclamas oscurantistas en la comunidad católica. Está bien que se les refute con seriedad en el debate público, pero eso no quita el que sigamos apuntando a la cuestión de fondo, la cuestión jurídico-política por excelencia en este terreno: la revisión de los Acuerdos Iglesia-Estado, para ponerlos a la altura de la dignidad política de nuestro Estado y de la índole religiosa de la Iglesia.

Todo ello es lo que ha planteado muy certeramente Javier Pérez Royo en un reciente artículo titulado "La otra mejilla", publicado en El País de Andalucía. Tan pertinente como oportuno.

sábado, 16 de mayo de 2009

Tomás Segovia: Premio Internacional de Poesía García Lorca















PALABRA POÉTICA CONTRA "LA MUERTE DEL HOMBRE"
El V Premio Internacional de Poesía García Lorca, Ciudad de Granada, viaja de nuevo al otro lado del Atlántico, a México, como ya ocurrió cuando lo hizo en pasadas ediciones de la mano de Blanca Varela o de José Emilio Pacheco. Y ahora de nuevo viaja a aquella orilla con Tomás Segovia, a quien se le ha entregado la media luna que es su icono, como también se hizo en su primera edición a Ángel González o, en la del año pasado, a Francisco Brines. Fue éste quien definió a Tomás Segovia, nacido también en Valencia en 1927, como "poeta de las dos orillas". Tuvo que marchar a aquélla con el exilio republicano español tras la Guerra civil. Mexicano de adopción, el poeta ahora premiado recordó su autopercepción como "mar y navegante a la vez". Desde esa condición, ante el auditorio embelasado que le escuchaba en el granadino Carmen de los Mártires, jugó a "con-fundir" las dos orillas. Él, encarnando el "abrazo de los dos orillas" que con el premio se subrayaba, nos hizo viajar entre una y otra en esa barca del lenguaje que es el castellano, español hablado con una veintena de acentos que desde su polifonía forman su unidad. Subrayó que "es en la poesía donde el español ha seguido siendo más libre", a la vez que más abierto a la comunicación allende los particularismos.
Confesó Tomás Segovia la experiencia adolescente del arranque de su vocación literaria con un ejercicio escolar sobre García Lorca. Su figura, su poesía y su muerte son símbolo, dijo el poeta en medio de la noche primaveral que poco a poco nos envolvía, de cómo aquel "camino brutalmente sepultado" era "el buen camino".
Y en el camino de la más honda reflexión humanista, de profundo calado ético-político, nos puso nuestro poeta con su discurso. Hizo hincapié en cómo este premio recuerda a los exiliados, reconociendo que "sus historias están vivas, porque existían en el olvido". Y nos llevó al centro de la crisis contemporánea, más abajo de la crisis económica en que estamos, trayendo a colación el impacto de aquellas declaraciones de hace décadas sobre "la muerte del hombre" que siguieron a las anteriores sobre la muerte de Dios. La cuestión es que tras aquella sentencia antihumanista siguió "el vacío", y en él se ha instalado el cinismo y la codicia que la derechización de la sociedad en los últimos tiempos han llevado al extremo. Cómo recobrar el sentido -así se titula uno de sus magníficos libros de ensayo editado recientemente por Trotta- es la cuestión que persigue Tomás Segovia a lo largo de su obra. Contra el sinsentido se alza la palabra poética, la poesía del desarraigo, de la intemperie, y la poesía amorosa, de la que Tomás Segovia es maestro. Los poemas que leyó al recibir el premio, "El extranjero" y "Asta bandera", son indicativos de esas vertientes de sus poemas.
Tomás Segovia, con libros como Luz provisional (1950), Cuaderno del nómada (1978), Cantata a solas (1985), Fiel imagen (1996), y ensayos como Poética y poema o Poética y profética, ha recibido múltiples reconocimientos a lo largo de su trayectoria, destacando varias ediciones del Premio Alfonso X de Traducción, el Premio Octavio Paz (2000) y el Premio Juan Rulfo (2005).

miércoles, 13 de mayo de 2009

Economía sostenible. Apuesta en el debate de la nación


La insistencia en ir hacia un nuevo modelo productivo ha atravesado los discursos del presidente Zapatero en el recién finalizado debate sobre el estado de la nación.
Reconducir la economía española hacia un modelo productivo que no gravite, como ha ocurrido hasta ahora en las últimas décadas, sobre el sector inmobiliario, más exactamente sobre la construcción de vivienda residencial -cuyo desmesurado crecimiento de la mano de un urbanismo desbocado ya se quería limitar por nuestro gobierno desde antes de la crisis-, es tarea crucial y prioritaria que políticamente ha de acometerse con perspectiva de largo plazo. Para ello hay que enfocar las medidas anticrisis de manera que permitan pasar de lo urgente (respuesta inmediata a sectores más afectados, a parados, a empresas en serios apuros...) a lo importante (nuevas líneas de producción, nuevos yacimientos de empleo, formación profesional, sectores empresariales emergentes, innovación tecnológica...).
A ello responde la apuesta por una ECONOMÍA SOSTENIBLE hecha por el presidente a lo largo del debate. Hablamos de una sostenibilidad basada en el conocimiento y la innovación, de una sostenibilidad relativa a dimensión social de la producción (favorecedora de empleo estable, de igualdad de oportunidades y de conhesión social) y de una sostenibilidad medioambiental por el bajo nivel de emisiones, la utilización de energías renovables y el uso equilibrado de los recursos naturales.
Con esos criterios de sostenibilidad habrá que ir definiendo con más precisión hacia qué modelo productivo queremos ir, dentro hoy por hoy de una economía de mercado capitalista -no se está hablando de otro "modo de producción"- que hay que "domesticar" con nuevas y mejores reglas. (La transformación del capitalismo en una dirección que lo aleje de la "explotación de los trabajadores" y la "esquilmación de la tierra" -Marx dixit- es "práctica del socialismo").
Cuando se habla de nuevo modelo productivo también se menciona como asociado a él un nuevo modelo de crecimiento. Pretendemos para nuestra sociedad que una producción económica reorientada esté en función de un desarrollo sostenible y solidario, mas para que el avance hacia un nuevo modelo productivo no traicione ese desarrollo que queremos, hay que pensar seriamente en el crecimiento económico sobre el que habrá de apoyarse: sus condiciones, sus parámetros y también sus límites. Seguir pensando en un crecimiento irrestricto es seguir alentado un desarrollo que volverá a verse atrapado -a atraparnos- en las mismas contradicciones que la crisis actual ha hecho aflorar con crudeza. Hablar de sostenibilidad sin afrontar los límites del crecimiento es, al menos, plantear las cosas a medias. Por ello, seguir debatiendo sobre cuestión tan crucial ha de formar parte de los deberes a los que estamos comprometidos tras el debate del estado de la nación.

lunes, 11 de mayo de 2009

Aquiles contra los piratas: vacío legal en el Océano Índico





Sí, a la Operación Atalanta, en la que participa España y que en estos momentos coordina para luchar contra la piratería frente a las costas de Somalia, se le ha descubierto un muy vulnerable "talón de Aquiles": no está claro qué debe hacerse para procesar a los piratas somalíes que resultan apresados -lo cual es un problema al que también se han ido enfrentando Alemania, Francia y otros países, con diferentes soluciones en cada caso-. Y así, por aguas del Índico navega nuestro buque Marqués de la Ensenada con trece piratas capturados en flagrante comisión de varios delitos, sin saber muy bien qué hacer con ellos.

La ciudadanía española ha asistido atónita a la disputa entre la Audiencia Nacional y la Fiscalía del Estado, es decir, entre Judicial y Ejecutivo, con órdenes y contraórdenes por medio, respecto a cómo proceder: si se libera a los piratas por ser imposible juzgarlos en España -reacción del juez Andreu al cambio de criterio de la fiscalía, ordenando puesta en libertad de los detenidos, frente a lo cual la Abogacía del Estado interpone recurso para que la orden judicial sea revocada - o si se entregan a Kenia para que sean juzgados allí, a tenor de acuerdos entre ese país y la Unión Europea -mas, al parecer, sin aprobación parlamentaria ni en un sitio ni en otro-. El portavoza socialista José Antonio Alonso ha planteado con acierto la necesidad de llevar estos casos ante el Tribunal Penal Internacional. ¿Pero qué hacer mientras, hasta que esa vía sea transitable con agilidad y eficacia?

Es urgente la clarificación jurídica de la cuestión. De lo contrario, amén de hacer el ridículo ante los mismos delincuentes que extorsionan, secuestran y matan en las aguas del Índico, y debilitar por tanto la eficacia de la operación de seguridad internacional montada contra ellos, resultará que a la ciudadanía española le será difícil entender qué hacen nuestras FFAA surcando aquellos mares, jugándose el tipo e involucradas en una operación muy costosa con pinta de durar mucho tiempo. Es urgente, por tanto, cubrir y proteger el "talón de Aquiles" de la Operación Atalanta que ha quedado a la vista de todos si no queremos ver que gana terreno la crítica a la decisión política de enviar allí a barcos y militares de la Armada.

Pero hay más, ya que salen a la luz los vacíos legales en los que nos movemos. El gobierno ha autorizado que los barcos españoles en la zona llevan seguridad privada. ¿Cómo queda la seguridad jurídica de navieras, tripulaciones y agentes de seguridad en caso de rifirrafes con fatales desenlaces con esos piratas que, como decía la ministra Chacón en la Comisión de Defensa del Congreso, nada se parecen a los Sandokán y Yáñez de la Isla de Mompracén sobre la que tanto escribió Salgari?

Hay que aplicarse políticamente para salir cuanto antes del embrollo jurídico para que una operación de defensa y seguridad compartidas lejos de nuestras fronteras y aguas jurisdiccionales cuente con las máximas garantías para ser exitosa en sus objetivos.

jueves, 7 de mayo de 2009

Con Patxi López: defensa de la democracia parlamentaria



Cuando ya Patxi López ha tomado posesión del cargo de Lehendakari, con un "ritual" laico que le honra, y cuando Ibarretxe ya ha emprendido su solitario y mítico viaje al imaginario lugar de su soberanismo -no parece que el PNV vaya a hacer mucho duelo por su despedida-, puede ser momento propicio para poner de relieve las virtudes de nuestra democracia parlamentaria, definida por la Constitución, que ha permitido que conforme a la legalidad y con toda legitimidad haya hoy en Euskadi un Lehendakari socialista.
Desde la hosquedad que ha acompañado a su gesto de mal perdedor, Ibarretxe, en este caso sí secundado por otros líderes peneuvistas como Urkullu, Erkoreka o Anasagasti, se ha dedicado en sus últimos discursos, aderezados con otras muchas perlas de la mitología nacionalista, a contraponer la supuesta mayoría sociológica abertazale del País Vasco a la mayoría de votos que ha apoyado la investidura de Patxi López en el Parlamento, a hablar del pueblo fiel a sus tradiciones frente a la ciudadanía que ha elegido a sus representantes, a ensalzar el liderazgo cuasi-religioso que va a seguir ejerciendo el PNV frente a la legitimidad democrática de un Lehendakari elegido conforme al Estatuto de Gernika y la Constitución. En tanto ha secundado a Ibarretxe, adalid de un soberanismo que necesitaba un "ámbito de decisión" a la medida de su proyecto nacionalista etnicista, el PNV no prestaba la atención debida a la Constitución y al Estatuto y, además, mostraba su escasa adhesión a la democracia parlamentaria y su simpatía por una trucada democracia directa que no iba a hacer la vida democrática de Euskadi más participativa. Por algo se quedó por el camino el nacionalismo cívico que defendió Imaz.
Ahora, Patxi López pone las cosas en su sitio, empezando por los valores de la democracia y las virtudes del parlamentarismo. Las consecuencias que hay que sacar valen también para más allá del País Vasco. No es buen servicio a nuestra democracia constitucional mostrar unas veces el más firme apoyo al parlamentarismo y, en otras ocasiones, dejarse llevar por querencias presidencialistas.

viernes, 1 de mayo de 2009

Primero de Mayo. Los trabajadores contra la atonía de Europa















¿Qué tienen que decir los trabajadores sobre Europa? Mucho, alto y claro, y así deben hacerlo en este Primero de mayo, en vísperas de las elecciones al parlamento europeo. La ocasión nos permite hacer explícita esa conexión entre las reivindicaciones de los trabajadores y el proyecto de construcción europea. Quizá las primeras sean el revulsivo para una Europa que, si no hundida en tremenda “agonía”, como la describía María Zambrano en un valioso libro suyo publicado allá por la terrible década de los cuarenta, sí se halla sumida en una profunda atonía. También para salir de ésta nuestra pensadora nos puede guiar.
Los trabajadores, cuando la crisis económica cimbrea con más fuerza el azote del paro, tienen claras sus pretensiones: que se frene la caída del empleo y que cuanto antes se generen nuevos puestos de trabajos; que la economía entre por los derroteros de un nuevo modelo productivo bajo criterios de solidaridad y sostenibilidad; que el sistema financiero esté bien regulado y al servicio de la economía productiva; que las relaciones laborales sean justas para mantener en todos los casos la dignidad del trabajador y de su trabajo -¡qué menos que un “trabajo decente”, dicho con el lenguaje minimalista de la época!-; que las medidas de inserción laboral para todos impidan, desde la integración social, discriminaciones de cualquier tipo entre autóctonos y extranjeros; que las empresas no acometan procesos de deslocalización aprovechándose de las condiciones de contratación abusivas que en otros lugares son posibles; que los poderes públicos no descuiden la cobertura del desempleo y atiendan a las políticas sociales; que las propuestas y demandas sindicales sean tenidas en cuenta en los organismos económicos internacionales… Tales son las expectativas de los trabajadores y de los sindicatos, sin que ello los convierta en ingenuos creyentes de la “refundación del capitalismo” –según el presidente galo Sarkozy va proclamando-. A estas alturas, y con la amenaza o la realidad del paro encima, nadie va a dar a los trabajadores gato por liebre. En la actual economía capitalista, profundamente cuestionada por la crisis desencadenada por sus propias contradicciones –desatada por los excesos del mundo financiero y respecto a la cual ninguna culpa tiene el mundo laboral-, lo inmediato es proceder –digámoslo con una expresión del filósofo Habermas- a una “domesticación” efectiva de lo que ha sido un capitalismo, cuando no salvaje, sí asilvestrado: el capitalismo legitimado desde el neoliberalismo que por décadas ha sido hegemónico. Transitando por ahí es tarea, sobre todo de una izquierda fiel a sí misma, plantear la transformación de esa realidad para ir a una sociedad justa, con mercados regulados en su libertad, con Estados dimensionados a la escala de sus irrenunciables funciones, con organismos internacionales aptos para la gobernanza internacional que exige nuestra época de globalización.
Cuando otras voces han callado a causa de una crisis que las ha llevado al desprestigio, la voz de los trabajadores es la que puede reencauzar el proyecto europeo con toda legitimidad. En primer lugar, por ser ella la que, al día de hoy –y salvando las distancias, pero siguiendo con fórmulas prestadas por María Zambrano-, puede “desenmascarar a los monstruos que nos acometen”, lo cual es la “única manera de ir haciendo el mundo noble y habitable”. ¿O no es un monstruo que ha devorado a Europa, contaminando a sus propios textos normativos, un mercado omnívoro librado a sus propias fuerzas que, cual Moloch despiadado, no tiene empacho en sacrificar todas las víctimas que se le pongan por delante? Bien es verdad que el susodicho monstruo, el Moloch neoliberal, ha hecho mucho más daño por otras latitudes, más expuestas al no contar con las defensas de un Estado de bienestar mínimamente implantado, pero no es menos cierto que su dañina zarpa también ha caído sobre la Europa de Thatcher, Aznar, Barroso, Berlusconi… Basta recordar no sólo lo ocurrido en determinados países, sino lo promovido por algunas directivas europeas promovidas tras el señuelo de la liberalización. Y si miramos a la Unión Europea de los 27, fácil es apreciar los efectos de la “economía canalla” –el libro de Loretta Napoleoni, con ese título, es una joya para tal constatación-, extendida sin apenas restricciones tras la disolución de la antigua URSS y de los países de su vieja órbita.
Si nos preguntamos, con palabras cedidas por Zambrano, “si en verdad ha muerto esa realidad histórica de vida y cultura, esa tradición que llamamos Europa”, son los trabajadores quienes pueden dar una respuesta tan exigente como esperanzada. En el duro momento actual, cuando sus instituciones parecen desfallecer en intentos de avanzar en la construcción política, en dotarnos de una política de defensa común, en tener voz coordinada en los foros internacionales, en asumir con eficacia su papel en un mundo multilateral, trabajadoras y trabajadores, ante el reto zambranista de preguntarnos “¿qué es, qué ha sido Europa?”, pueden adelantar una respuesta rotunda: la matriz de los derechos humanos, es decir, derechos civiles, políticos y también económicos y sociales. Por ello, la “Europa social” que desde el mundo del trabajo se defiende es baluarte frente a la “Europa de los mercaderes” que ha querido consolidarse en décadas pasadas, traicionando lo que forma parte de la “raíz común” europea.
Decía María Zambrano que “Europa no puede reducirse a un fantasma dócil al conjuro de la imaginación” y, en el Primero de mayo de este 2009, los trabajadores y sus organizaciones de nuevo se hallan convocados a realizar acciones de “resistencia creativa” -¡qué distinta de la “destrucción creativa” que teorizó Schumpeter para justificar los desmanes que ocurren en las crisis cíclicas del capitalismo, ésas en que el sistema trata de ajustar sus piezas, siempre a costa del “factor humano”-. Es desde las resistencias al desempleo, al despido libre, a la precarización laboral, a la discriminación de la mujer en los puestos de trabajo, a la exclusión o al abuso respecto a los inmigrantes, como los trabajadores introducen las alternativas emergentes frente a la crisis en la fragua de su realizabilidad. Es en ese punto donde los partidos políticos tienen que llevar el diálogo social más allá de las coyunturas inmediatas, para hacerse cargo de lo que debe articularse en sus proyectos de transformación de largo alcance. Si, especialmente por la izquierda, dada su trayectoria, no se responde a ese reto, se estará quedando por debajo de lo que reclama el momento histórico.
En un Primero de mayo que debe tener un irrenunciable y no excluyente carácter europeísta, “ir a descubrir qué haya sido en verdad Europa –como decía nuestra pensadora andaluza- no es para nosotros más que ir a descubrir lo que de ella nos resulta irrenunciable”. ¿Y qué es irrenunciable? La universalizable tradición europea de emancipación de los trabajadores y liberación de la mujer, de combate contra las desigualdades a la vez que se articulan las diferencias, de democracias liberales troqueladas por las aportaciones del republicanismo y los logros impulsados por el socialismo democrático. Son esas pacíficas y pacificadoras banderas inclusivas las que enarbolan los trabajadores en un Primero de mayo en el que la celebración del mismo debe convertirse en un grito contra la atonía de Europa. No hay que dejar que ésta languidezca anestesiada por el “euroescepticismo” o envenenada por el “eurocinismo”; por el contrario, es el día y hora en que hay que darle impulso como Europa social.


José Antonio Pérez Tapias
(Artículo publicado en el diario Ideal de Granada el 1 de mayo de 2009)