viernes, 17 de mayo de 2013

Filosofía de la cultura: interculturalidad más allá de la "herida colonial". Cuestiones para el debate (9)

   El diálogo intercultural exige condiciones económicas, sociales, políticas y culturales que lo hagan viable. También requiere condiciones epistémicas. Mientras no se ponga coto a los prejuicios será difícil que se abra paso el diálogo entre los culturalmente diferentes. O si se mantienen pretensiones de verdad absoluta o de seguir definiendo normas y principios desde un supuesto lugar privilegiado, el diálogo, que siempre supone simetría entre interlocutores, será imposible. No basta la sola buena voluntad, por imprescindible que sea. Es necesario un cambio radical de perspectiva, como se evidencia al analizar el modo de accder que desde el mundo occidental sigue siendo frecuente respecto al mundo árabe-musulmán. Como han puesto de relieve muchas reacciones ante los procesos sociopolíticos de la llamada "primavera árabe", incluso en posiciones con voluntad de aproximación siguen operando prejuicios etncéntricos vinculados a un pasado imperialista y de colonización cultural que aún no ha sido revisado en profundidad.
   El pensamiento decolonial supone una aportación clave para una interculturalidad efectiva, en la que todos los que entren en diálogo se hayan liberado del sesgo de una razón colonial que ha dejado posos muy arraigados en la mirada occidental e incluso en la autoconciencia de los no occidentales. Con esa aportación que radicaliza la crítica y la autocrítica el camino estará más despejado para el mestizaje como interrelación fecunda de las diferencias.
 

1)   En el marco de su crítica al orientalismo, Edward Said, como factores que bloquean la percepción que desde fuera se tiene del mundo árabe-musulmán, señala estos tres: “a) la historia de prejuicios populares antiárabes y antiislámicos en Occidente […]; b) la lucha entre los árabes y el sionismo israelí y sus efectos en los judíos estadounidenses, en la cultura liberal y en la mayoría de la población; c) la ausencia casi total de una predisposición cultural que posibilite una identificación con los árabes y el Islam y una discusión desapasionada sobre ellos”.
¿Qué valoración hacer de este diagnóstico de Said? ¿Qué otros factores puede incidir en los señalados, sea agravando sus efectos, sea aminorándolos y, en su caso, haciéndolos desaparecer?

 
2)   Fátima Mernissi, en El miedo a la modernidad. Islam y democracia, afirmaba: “Ahora, los árabes tratan de mirar de otra manera, ver quién es el otro, de dónde viene la fuerza, y por qué ellos son tan débiles, tan vulnerables. La democracia, por supuesto, y el respeto al individuo y sus derechos se han identificado como el secreto de esa fuerza, y han surgido como una necesidad y una poderosa exigencia de las consignas de la muchedumbre que se manifestaba por la calles de Argel, Túnez y Rabat…”.
La interculturalidad supone converger sobre los valores comunes de la democracia: ¿cómo promover esa confluencia en el diálogo entre sujetos de “cultura occidental” y de “cultura árabe-musulmana”?  Mernissi, a diferencia de Huntington o de Sartori, defiende la compatibilidad entre Islam y democracia, reconociendo lo que en las sociedades árabes de mayoría musulmana ha de cambiar para su democratización. A la vista de los procesos de la llamada “primavera árabe” iniciada en 2011, ¿qué decir de esas palabras escritas por Mernissi al hilo de los bombardeos sobre Bagdad en la primera Guerra del Golfo?

 
3)   Uno de los autores más representativos del pensamiento decolonial es Walter D. Mignolo, el cual, en La idea de América Latina, escribe: “Desde Bartolomé de las Casas, en el siglo XVI, hasta Hegel, en el siglo XIX, y desde Marx hasta Toynbee, en el siglo XX, los textos que se han escrito y los mapas que se han trazado sobre el lugar que ocupa América en el orden mundial no se apartan de una perspectiva europea que se presenta como universal. Es cierto que los autores reconocen que hay un mundo y unos pueblos fuera de Europa, pero también es cierto que ven a esos pueblos y a los continentes en que habitan como “objetos”, no como sujetos, y en cierta medida los dejan fuera de la historia”.
¿Qué queda de esa perspectiva de colonialidad en las sociedades que protagonizaron empresas colonialistas de dominio sobre otros? Si de la “herida colonial” surge un pensamiento decolonial que cuestiona modos de plantear la interculturalidad, por estar aún afectados de mirada colonial, ¿será en verdad posible un planteamiento universalista “transcultural”, “desde abajo”, como desde el diálogo intercultural se postula?

 
 4) Sami Naïr, en La Europa mestiza, propone entender la universalidad que necesitamos como humanismo mestizo: “Ése es el gran reto que supone para las naciones europeas la acogida de las nuevas poblaciones. Ése es el gran desafío para Europa, la creadora de la idea misma de universalidad, y que hoy debe darle un contenido concreto […] si Europa se vuelve mestiza étnica y culturalmente, ¿de qué modo se puede favorecer dicho mestizaje en el respeto al principio de igualdad y de secularidad?”.
¿Qué respuesta se puede dar a este interrogante de Naïr? ¿Y desde qué concepto de mestizaje se hace?

(Cuestiones para el debate en sesiones prácticas -22 de mayo de 2013- de la asignatura Filosofía de la cultura del Grado de Filosofía de la UGR)

jueves, 16 de mayo de 2013

POLÍTICA Y DESTINO


   Vasili Grossman, en su impresionante obra Vida y destino, escribe: “No hay destino más duro que sentir que uno no pertenece a su tiempo”. La frase es lapidaria. Para compartir su verdad no hace falta creer en destino alguno impuesto a los humanos ya por potencias sobrenaturales, ya por fuerzas de una naturaleza donde no cabe la libertad. Si hay destino es el que forjamos nosotros mismos, sea en las vidas de las personas, sea en las trayectorias colectivas, con nuestras decisiones y acciones en medio de acontecimientos cuya trama escoramos hacia un lado u otro, pero de forma tal que podemos vernos atrapados en ella sin apenas margen para cambiar su curso. Si lo que condiciona hasta el extremo son las oscuras y tupidas mallas de un Estado totalitario –fuera nazi o stalinista, como les pasaba a los personajes de Grossman-, entonces las vidas de los individuos quedan a expensas de un poder omnímodo.
 
 Pero la verdad del aserto citado no se verifica sólo en esos casos en los que el poder totalitario roba hasta el tiempo de los sujetos para trasladarlos al deshumanizante decurso de unos hechos bajo los que sucumben aplastados. El destino que previamente hemos fraguado, condicionados por lo acumulado sobre nuestras existencias, nos puede poner en unas circunstancias en las que ya no nos hallemos representando el papel para el que pensábamos haber optado en el calderoniano gran teatro del mundo. El fuera de lugar transmutado en fuera de tiempo es insoportable anacronismo.

   Acabar en una posición anacrónica tanto les puede pasar a individuos como a instituciones. En un caso como en otro, un desvariado afán de supervivencia puede llevar a tratar de aguantar el tipo a base de incursiones extemporáneas en una realidad cuyas coordenadas han cambiado. Eso da lugar a inútiles sacrificios a un Cronos que se burla de sus hijos actuando a destiempo. El Cid que ganó batallas después de muerto es figura fantástica de una mitología castellana al servicio de una patria históricamente bastante descolocada. La tozuda realidad acaba con esas mitificaciones. Y si hay individuos que entran en el juego de reeditarlas, sus batallas estarán perdidas de antemano. Si, para colmo, hay organizaciones que fían su supervivencia a redivivas variantes del Cid, su lucha nunca acabará en victoria. Muchos esperan que el PSOE abandone cuanto antes los falsos reencantamientos en torno a su destino.
 
 
José Antonio Pérrez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 16 de mayo de 2013)

domingo, 12 de mayo de 2013

Filosofía de la cultura: hacia una ciudadanía intercultural. Cuestiones para el debate (8)



El diálogo intercultural busca el acuerdo en torno a cuestiones de justicia, es decir, aquéllas relativas a la vida digna, las cuales tienen que ver con los derechos que nos reconocemos en tanto que ciudadanos. Tales derechos han de tener vigencia más allá de las fronteras y de adscripciones de todo tipo. Por ello hablamos de una "ciudadanía intercultural", nuevo concepto de ciudadanía -postnacional o, mejor, metanacional- al que apunta la filosofía de la cultura, atando también cabos de reflexión ético-política, como objetivo normativo que ha de formaer parte de las pretensiones de un diálogo en serio entre los culturalmente diferentes, para con él y desde él contribuir a la mejor convivencia democrática en nuestras sociedades pluralistas. El debate sobre la relación entre derechos individuales (volcados hacia el igual reconocimiento de todos y cada uno) y derechos colectivos (centrados en el reconocimiento de las legítimas diferencias culturales) es de especial relevancia en las concreciones políticas sobre multiculturalismo e interculturalidad.

   Es cierto, no obstante, que cuando nos ponemos a dialogar tratando de converger sobre lo justo, lo hacemos desde  nuestras respectivas concepciones de vida buena. Ello comporta, a la vez que la sincera apertura a la alteridad, ser capaces de distinguir entre lo particular de cada cultura, por valioso que sea, y lo que por todos podemos aceptar con buenas razones (universalizables) como susceptible de ser compartido. Abrir paso a ello conduce el diálogo a un profundo nivel de exigencia que no sólo nos plantea lo relativo a un "núcleo ético común", sino también lo tocante a un horizonte de sentido con muy precisas pretensiones de universalidad: el horizonte de sentido (ético) que abre la común "humanidad" de la que somos portadores.

   Sobre todas estas cuestiones se acumulan preguntas de grueso calibre y no menor hondura. Algunas de ellas nos las trasladan, con sus intentos de respuesta, los autores y textos que se presentan a continuación:



1) “También es posible que los derechos poliétnicos se empleen para imponer restricciones internas. Los grupos inmigrantes y las minorías religiosas podrían anhelar el poder legal para imponer a sus miembros las prácticas culturales tradicionales […] La amenaza que tales restricciones internas representan para los derechos individuales es bastante real. Pero es erróneo sugerir que permitir tales prácticas opresivas es extensión ‘lógica’ de las actuales políticas de ‘multiculturalismo’ […] El objetivo de las políticas existentes es permitir que los inmigrantes expresen su identidad étnica, si así lo desean, y reducir algunas de las presiones externas que se ejercen sobre ellos para asimilarlos. Es perfectamente lógico aceptar este objetivo y negar al mismo tiempo que los grupos tengan derecho a imponer determinadas prácticas a unos miembros que no desean mantenerlas”. Estas líneas de Will Kymlicka aportan un criterio para la articulación entre derechos individuales y derechos colectivos. ¿Qué decir de esa distinción? ¿Es claro y consistente el criterio que aporta este autor canadiense? Desde su multiculturalismo liberal, ¿vale esa distinción para avanzar hacia una ciudadanía intercultural?

2) Desde las circunstancias de México y sus debates sobre la integración/inclusión de minorías indígenas, Néstor García Canclini nos presenta esta conclusión: “Los indígenas no son diferentes sólo por su condición étnica, sino también porque la reestructuración neoliberal de los mercados agrava su desigualdad y exclusión. Sabemos en cuántos casos su discriminación étnica adopta formas comunes a otras condiciones de vulnerabilidad: son desempleados, pobres, migrantes, indocumentados, desconectados. Para millones el problema no es ‘mantener campos sociales alternos’, sino ser incluidos, llegar a conectarse, sin que se atropelle su diferencia ni se les condene a la desigualdad. En suma, ser ciudadanos en sentido intercultural” (Diferentes, desiguales y desconectados. Mapas de la interculturalidad). Para defender una inclusión no homegeneizadora es necesario distinguir entre igualdad y uniformización. ¿Con qué criterios? Y reverso: ¿Cómo afecta la desigualdad al (no) reconocimiento de la diferencia?



3) Lévinas, en un texto sobre “La significación y el sentido” escribe: “La zarabanda de culturas innumerables y equivalentes, en la que cada una se justifica en su propio contexto, crea un mundo, pero también un mundo desorientado. Perseguir en la significación una situación que precede a la cultura; percibir el leguaje a partir de la revelación de lo otro (Autre) –que es a la vez el nacimiento de la moral-, en la mirada del hombre que se dirige a un hombre abstracto, despojado de toda cultura, en la desnudez de su rostro, es volver de una manera nueva al platonismo. Es permitir juzgar a las civilizaciones desde la ética”.

A su vez, el filósofo mexicano Luis Villoro sienta estas tesis: “[Podemos hablar del] deber de comprender y juzgar a los miembros de una cultura ajena de acuerdo con sus expresiones auténticas, esto es, deber de comprender y juzgar al otro según sus propias categorías, valores y fines y no según los propios de cada cultura. Solo así el otro es comprendido y juzgado como sujeto y no como objeto. El deber de comprender al otro como sujeto no implica naturalmente aceptar lo que el otro expresa, sino sólo confiar en él, lo que incluye comprenderlo y juzgarlo según sus propios criterios de juicio sin imponerles los propios” (“Aproximaciones a una ética de la cultura”). ¿Qué líneas de tensión hay entre estos dos textos? ¿Es posible mantener estos dos enfoques como complementarios? Si es así, ¿desde qué mediaciones?

(Cuestiones para debatir en la sesión práctica de la asignatura Filosofía de la cultura, del Grado de Filosofía de la UGR, el 15 de mayo de 2013)

viernes, 10 de mayo de 2013

Opiniones desde Izquierda Socialista

 
 
Izquierda Socialista es una corriente de opinión del PSOE. Por tanto, opinamos, es decir, no nos callamos. Estos son algunos de nuestros puntos de vista recientemente expresados en los medios de comunicación a través de la agencia Europa Press:

* Sobre la no igualdad ante la Justicia y el déficit de legitimidad de la Corona (7 mayo)
 (a raíz de decisión de la Audiencia de Palma de dejar sin efecto la imputación de Infanta Cristina):
http://www.europapress.es/nacional/noticia-urdangarin-izquierda-socialista-dice-audiencia-pone-cuestion-discurso-rey-igualdad-justicia-20130507173239.html

* Sobre imposibles pactos con el PP (1 mayo)
(comentarios en torno a ofrecimientos de pactos que se hacen desde el PSOE):
http://www.europapress.es/nacional/noticia-izquierda-socialista-ironiza-estrategia-rubalcaba-pasar-pedir-dimision-rajoy-ofrecer-pacto-20130501120414.html

* Sobre primarias y más efectiva democratización del PSOE (28 abril)
(debate sobre elección directa de quien haya de ocupar la Secretaría General):
http://www.europapress.es/nacional/noticia-izquierda-socialista-pide-propuesta-primarias-sirva-democratizar-toda-estructura-interna-partido-20130428115216.html

* Sobre la importancia del discurso y proyecto con que se presente cualquiera que aspire a la Secretaría General del PSOE (18 abril)
(una vez que el nombre de Eduardo Madina se pone en circulación):
http://www.europapress.es/nacional/noticia-izquierda-socialista-cree-madina-supondria-cierta-renovacion-psoe-le-pide-claridad-defina-discurso-20130418175603.html

* Sobre lo lejana que queda aún una renovación creíble del PSOE (24 marzo)
(a cuento de los reajustes en la Ejecutiva tras "patinazo" de Oscar López con el asunto de Ponferrada):
http://www.europapress.es/castilla-y-leon/noticia-izquierda-socialista-cree-cambios-psoe-estan-lejos-renovacion-partido-ve-deriva-20130324131407.html


* Sobre la conveniencia de transformar la prevista Conferencia política en Congreso Extraordinario (13 marzo)
(la Conferencia se percibe como insuficiente ante las importantes cuestiones que en el seno del PSOE hay que decidir, ante la pérdida de apoyo social, ante la erosión de sus "liderazgos" y ante la grave situación por la que atraviesa el país):
http://www.europapress.es/nacional/noticia-izquierda-socialista-reclama-congreso-extraordinario-psoe-otono-pide-dimision-oscar-lopez-20130313151754.html

* Sobre necesidad de recomponer relaciones entre PSOE y PSC (1 marzo)
(después de desgarros por diferente voto en el Congreso sobre proposición en torno a vías legales para el "derecho a decidir"):
http://www.europapress.es/nacional/noticia-izquierda-socialista-espera-nadie-haciendo-calculos-internos-interesados-crisis-psoe-psc-20130301141831.html

jueves, 9 de mayo de 2013

ERRE QUE ERRE


   Hablamos de erres de “reforma” y, con más motivo, de “contrarreforma”, como la del sistema educativo que el ministro Wert va a llevar al parlamento español con la LOMCE. So pretexto de abordar problemas del sistema educativo, se promueve por el gobierno popular todo un cambio del mismo con resonancias de viejas respuestas –erre que erre- que de ninguna manera son válidas para las nuevas circunstancias: desde la proliferación de reválidas hasta la reincorporación de la religión –muchas erres- realzando su rango académico con impronta restauracionista. Es replanteamiento –vengan erres- del sistema en época de recursos escasos, en la cual la redistribución de éstos va a quedar escorada hacia clases sociales que no pueden consentir que, por retranca igualitarista de la izquierda, resulte que sus familias no puedan capitalizar la inversión en formación de sus vástagos. Se busca que éstos puedan recapitalizar –con erre enfática- su esfuerzo, extrayendo todos los réditos –erre sonora- de sus ventajas de partida, encubiertas tras apariencias de mérito.


Resumiendo: la ley Wert, que, partiendo de interesado diagnóstico sobre los males del sistema, trae soluciones cuyo sesgo ideológico no se logra tapar con alusiones a la crisis, es ley de tres “R”. Veamos:
1) Recentralizadora, desconsiderando las transferencias de competencias en educación en el Estado autonómico, para poner el sello neocentralista con un desafortunado tratamiento de la cuestión lingüística en Comunidades con lengua propia, además del castellano.
2) Remercantilizadora, y no sólo por inducir la privatización de la enseñanza, sino por introducir en el sistema pautas economicistas, no sólo en su gestión, sino en la orientación de sus prácticas bajo la mitificación de la competitividad.
3) Reconfesionalista, pues el tratamiento de la religión, con descarada discriminación a favor de la católica, no es mera guinda del pastel, sino confirmación de la receta conforme a la cual se ha cocinado, excluyendo del menú la educación para la ciudadanía.

   Erre que erre en antidialógico empecinamiento del ministro y del gobierno, con instrumentalización de la educación de modo estratégico por una derecha que rentabiliza la conjugación de neoconservadurismo y neoliberalismo en sus políticas. Así, frente a tanta erre que erre es momento de resistencia también con huelga general en todo el ámbito de la enseñanza en España.



José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 9 de mayo de 2013)

viernes, 3 de mayo de 2013

Filosofía de la cultura: del multiculturalismo a la interculturalidad. Cuestiones para el debate (7)



   Nuestras sociedades, en época de globalización, son sociedades con una intensa diversidad cultural. Su pluralidad compleja, una vez que dejó de ser válida la equiparación ideológica entre una sociedad y una cultura, a partir de la cual se habían diseñado nuestras instituciones y su funcionamiento, requiere repensar cómo articular la convivencia social desde una democracia en la que efectivamente se dé un verdadero reconocimiento de la alteridad. ¿Cómo convivimos en libertad e igualdad los que somos diferentes?

   El reconocimiento de la diferencia ha pasado a estar en el centro del debate político, y la filosofía debe hacer su aportación al mismo, teniendo en cuenta las realidades de las culturas y a la vez las pretensiones normativas que se puedan sostener desde un universalismo que ya no sea ni impositivo ni etnocéntrico. Ante la diversidad cultural presente en nuestras sociedades, no valen las estrategias asimilacionistas del pasado, negadoras de la diferencia y, por supuesto, hay que recusar con fuerza todo lo que tienda a alguna forma de limpieza étnica, siempre injustificable negación del diferente.

   Los retos de la pluralidad cultural, sea en la escala macro de un mundo globalizado, sea en la escala menor de cada una de nuestras sociedades, exigen nuevos enfoques. Las estrategias del multiculturalismo  afrontan el hecho de la multiculturalidad, reconociendo los derechos de los diferentes, pero con el riesgo de segmentar la sociedad en comunidades excesivamente cerradas sobre sus identidades respectivas. Es lo que se quiere evitar transitando hacia la interculturalidad como práctica dialógica a partir de la cual tejer la convivencia democrática. Frente a los voceros del choque de civilizaciones -Huntington destacó entre ellos-, erigir la interculturalidad como camino y objetivo para sociedades culturalmente plurales implica abrir nuevos modos de socialización, iniciar nuevas prácticas políticas, generar condiciones para un verdadero diálogo entre culturas y replantear a fondo los presupuestos desde los que compartir valores y normas que podamos suscribir como comunes.

   Por todo ello, la filosofía tiene mucho que decir respecto al tránsito desde el multiculturalismo a la interculturalidad. A eso pretende contribuir el debate que suscitan los autores y textos que a continuación se citan:


1)    Tariq Alí, en su obra El choque de los fundamentalismos, constata lo siguiente: “El capitalismo ha creado un mercado único, más no ha eliminado las diferencias entre dos mundos enfrentados y separados por la línea divisoria aparecida en el siglo XVIII e institucionalizada en el XIX. El siglo XX ha presenciado numerosos intentos de trascender esa escisión mediante revoluciones o guerras de liberación nacional […] pero al final el capitalismo ha demostrado poseer mayor astucia y mayor resistencia. Su triunfo ha convertido al primero de esos mundos en el depositario máximo de la riqueza y en el gran ostentador de un poderío militar incontrolado […] Los pueblos desheredados no pueden olvidar en ningún momento su debilidad […] La rabia, la frustración y la desesperación se multiplican […] Ésta es la miseria existencial que genera inseguridad y promueve odios letales”. Frente a las tesis de Huntington en El choque de civilizaciones, este escritor paquistaní sostiene otra visión de la “violencia sistémica” del mundo, que no remite sus causas a supuestos potenciales de conflicto que conllevarían las civilizaciones desde sus incompatibles núcleos “esenciales”. ¿Qué relación y diferencia hay entre civilizaciones y fundamentalismos? ¿Qué argumentos se pueden esgrimir a favor de uno u otro de esos enfoques?

 
        2)    La historiadora tunecina Sophie Bessis, en su libro Occidente y los otros. Historia de una supremacía, ofrece una valoración muy crítica de cómo en Occidente seguimos considerando a los otros: “Actualmente, en Occidente conviven diversas formas de abordar la existencia de los otros. Desde su negación al reconocimiento de alteridades disfrazadas con falsas equivalencias, pasando por su estigmatización o por la apropiación de sus características semejantes, todas estas formas son estrategias que, como tantas otras, permiten reconstruir con imágenes inéditas y modalidades renovadas las jerarquías en las que se funda la superioridad occidental […] incluso si se han reemplazado los criterios de la raza o de la civilización por el eminentemente más valorable de la comunión en el respeto a los derechos fundamentales, la proximidad al  modelo de referencia es la única prueba real que se exige a los aprendices. El que no intenta parecerse a él en todos los aspectos se ve privado del derecho a apelar a los principios que de él se derivan por los que poseen el monopolio de su enunciación”. Si en el mundo occidental no se ha superado el etnocentrismo, ¿ello desvirtúa las pretensiones universalistas? ¿Cómo afecta eso a las propuestas de diálogo intercultural?

3)    Jacob Levy, en El multiculturalismo del miedo, plantea la posible confluencia de los culturalmente diferentes en apreciaciones morales compartidas: “El hecho de que el pluralismo cultural nos hace ser precavidos con ciertas clases de juicios morales nos advierte de no hacer que todas nuestras prácticas y normas se conviertan en verdades morales universales. La diversidad cultural debería prevenirnos especialmente de imponer de forma política ciertos tipos de juicios morales en lo que respecta a otras comunidades culturales. Sin embargo, no debería impedirnos poner en práctica dichos juicios morales cuando las prácticas de una comunidad cultural son violentas o crueles”. ¿Con qué legitimidad se pueden juzgar prácticas culturales desde otras culturas distintas? ¿Cabe hablar de un núcleo ético compartido o común denominador moral?

(Cuestiones para el debate en la sesión de prácticas de Filosofía de la cultura -asignatura del Grado de Filosofía de la UGR- del 8 de mayo de 2013)

jueves, 2 de mayo de 2013

POR LA DIGNIDAD DEL LENGUAJE


   Lo que oímos a diario contrasta con el consejo del poeta polaco Czeslaw Milosz sobre pronunciar lentamente las palabras para conocer “la dignidad del lenguaje”. ¡Lejos queda de tal recomendación la perversión de las palabras en boca de dirigentes políticos que hablan para no decir, que discursean para mentir, que elevan la voz para que su huera fraseología cumpla mejor la función de encubrimiento.

   Como si no tuviéramos bastantes demonios rondando por las casas de tantos parados en nuestra tierra, tuvo que ser en Granada a donde el presidente del gobierno vino a pedir paciencia ante la dramática situación de desempleo de casi un tercio de la población laboral española. Fue una evidencia que Rajoy quería decir resignación. Igualmente se hizo patente que el presidente, camuflando la mendacidad de sus enunciados tras el deslumbramiento de la Alhambra, no formuló más que una verdad a medias al decir que su gobierno sabe lo que hace. ¡Qué menos! Pero es notorio que no sabe para qué lo hace.

Reconocido el descomunal fracaso ante el desempleo, aceptado que los ajustes no corren sino a favor del descenso del PIB y que no ha habido más que salvación del sistema financiero a costa de recortes que han dejado irreparablemente dañadas las vidas de millones de ciudadanos, el ejecutivo es gobierno a la deriva: no sabe a dónde va, ni siquiera cuando le entregan la carta de una prórroga de dos años para el cumplimiento de los objetivos de déficit. Sin un para qué, lo que sí se comunica desde el gobierno, haciendo ostensible su impotencia, es por qué hace lo que hace: porque no queda más remedio, porque –dicen- no hay otra política posible, porque lo impone Europa, porque lo manda Merkel. Y punto –así acaban las parrafadas autoritarias-. Pero hasta eso es también verdad a medias, es decir, mentira. Hay cosas que se hacen por regresiva decisión ideológica, con descaro impuesta a través de la contrarreforma educativa o la modificación de la legislación sobre el aborto.



Contrarreformas, pues, sumadas a “reformas estructurales”, en verdad, puras y duras medidas aplicadas con ahínco a la destrucción de un país. De ahí la indignidad del discurso que lo oculta, que disimula el asalto tecnocrático a la democracia o el autoritarismo postdemocrático que le acompaña. Por ello, defendiendo la dignidad ciudadana que empieza por la dignidad del lenguaje, no usemos en vano la palabra “pacto”.


José Antonio Pérez Tapias
(Publicado en el diario Granada Hoy el 2 de mayo de 2013)