sábado 6 de febrero de 2010

Reforma laboral y derechos de los trabajadores






Esta vez la cosa de la reforma laboral sobre la que trabaja el Gobierno ha entrado con buen pie. El documento presentado a los agentes sociales tras el Consejo de ministros es un documento abierto que contiene propuestas que han sido bien recibidas tanto por los sindicatos como por las organizaciones empresariales. Ello es esperanzador, y mas tras una semana de noticias nada agradables sobre bolsas y finanzas, avivadas de camino por algun cercano Comisario europeo que estuvo ligero al asimilar con poco acierto el panorama de nuestro pais al de Grecia. Y ello es igualmente alentador por lo que supone para recomponer la imagen del Gobierno tras el malestar inducido por la propuesta en torno a la jubilacion y las pensiones. Si ella ha generado problemas de diverso tipo, respecto a los cuales se va haciendo una autocritica que es de agradecer-puede verse lo que hoy trae el diario Publico sobre eso- , la propuesta que ahora hemos conocido de la mano del presidente Zapatero y del ministro Corbacho apunta afortunadamente al abordaje dialogado de problemas como el paro, el empleo juvenil, el fomento de la contratacion indefinida, el empleo a tiempo parcial, los criterios de igualdad en el mundo laboral, etc.


La propuesta en cuanto a reforma laboral permite remachar la idea de que Zapatero y su Gobierno pueden resistir en el sentido en que muchos lo hemos pedido -frente a la derecha, frente a la ortodoxia neoliberal, frente a las presiones del mundo financiero, frente a los interesados profetas de calamidades, frente a agencias y organismos internacionales escorados al servicio de determinados intereses...-. Hay que subrayar ese sentido de la resistencia que propugnamos frente al resistir del que hablan otros, que invitan a hacerlo precisamente en sentido contrario, denigrando la defensa firme de los derechos de los trabajadores, el pacto social, el papel del Estado en la economia, los apremios en favor de la sostenibilidad, etc. Es, pues, la hora de mantener el rumbo en la tarea de conjugar reforma laboral y derechos de los trabajadores.

miércoles 3 de febrero de 2010

Girar a la derecha es abrir paso a la derecha



















Como decía aquél, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Por eso no hay manera de convencer a la ciudadanía de que el giro dado en materia de pensiones con la propuesta de jubilación a los 67 años es algo coherente con una política de izquierda. El colmo es que, como era de prever, no sólo es criticado por la izquierda, incluida la que formamos quienes militamos en el PSOE, sino también por la misma derecha, que no va a dejar pasar esa oportunidad de recoger los frutos electorales de tal zarandeo ideológico. Lo que faltaba es que el PP se quedara con la patente de aumentar la edad de jubilación pero sólo para quienes opten por ello de manera voluntaria y con incentivos. Por lo pronto, el profesorado de primaria y secundaria ya se ha puesto a decir lo que piensa al respecto. Y en estas cuestiones, como en todas, no vale responder, como otrora se hacía, que no hay más que una política posible. Eso no es así ni en tiempos de crisis. Buena muestra de ello ofrece Jordi Sevilla en un reciente artículo que no ha pasado desapercibido para muchos compañeros: "Pensiones: cambiar la lógica del sistema". Se trata de una propuesta que sin duda lleva el cuño de la tradición socialdemócrata, sin achicarse ante los designios de neoliberales ya confesos, ya camuflados, que vuelven a la carga.


Precisamente, sobre cómo los neoliberales han vuelto a señalar el orden del día, y concretamente en este tema de las pensiones, puede leerse con provecho el artículo de Juan Francisco Martín Seco, "Davos y las pensiones", en Público. No hace falta decir que los neoliberales marcan el rumbo de la derecha y hacia ahí quieren torcer el curso de nuestra política. Ceder, girando a la derecha, es preparar el camino a la derecha -aunque se ponga a llevar la contraria para desgastar a quien le hace el trabajo sucio-. Esto es más que sabido, pero no por ello se sacan las debidas conclusiones por tantos sedicentes socialdemócratas. Para comprobar si se sacan o no debidas conclusiones vamos a tener en breve la ocasión de verlo en lo que respecta a la reforma laboral. Las medidas "valientes" anunciadas por la Vicepresidenta, ¿llevarán marca neoliberal o impronta socialdemócrata? Si el neoliberalismo vuelve a marcarnos el paso, y sus voceros no ocultan sus intenciones, lo que venga después es previsible -más allá de exabruptos al modo de un Barreda temeroso-. Por tanto, giro a la derecha, no. Prohibido para la izquierda que quiera ser izquierda.


lunes 1 de febrero de 2010

¡Zapatero, resiste!



"Resistir" es el lema que, según reiteradas declaraciones propias, ha presidido la vida de Ernesto Sábato. Y es el que hoy, trayendo a colación al autor de La resistencia, queremos hacer nuestro para afrontar las acometidas que el neoliberalismo, en trance de enérgico desembozo en estos tiempos de crisis -la crisis por él alimentada-, hace desde todos los lugares en los que se encuentra apalancado: agencias internacionales, Foro Económico Mundial de Davos, Comisión Europea, etc. Por eso, una vez que el presidente Zapatero ha sufrido en sus carnes los embates de tanto gurú no sólo economista, sino "economicista", como anda por esos lares, queremos animarle a resistir frente a los dicursos arrogantes, diagnósticos amenazantes y doctrinas dogmáticas de ese tipo de personajes. Son los mismos que se han guardado sus teorías cuando el Estado ha tenido que apoyar a la banca -sí, también en España-, y que ahora, cuando todavía la banca retiene el crédito que tanta falta hace a perqueños empresarios y autónomos, vuelven a la carga con sus dogmas neoliberales con las miras puestas en trabajadores y pensionistas del futuro, pues para nada quieren ver la indecencia de las bonificaciones más que sustanciosas de los ejecutivos financieros.
Hay que resistir frente a quienes se quedan tan satisfechos si hay que prolongar la edad de jubilación a los 67 años, sin inmutarse por la contradicción que frente a eso mismo suponen tantas prejubilaciones y jubilaciones anticipadas impuestas a los mismos trabajadores. Hay que resistir ante quienes están ansiosos de que se ofrezca en bandeja una reducción de las pensiones (en tiempo viene a ser otra manera de hacerlo en dinero) para así acreditar sobre las espaldas de los trabajadores la seguridad financiera de la "marca país" con la que, al parecer de esos mismos mercaderes, ha de competir España en el mismísimo mercado de las emisiones de deuda pública.
Hay que resistir contra los cálculos falaces que incluso al hacer prospecciones demográficas se quedan en consideraciones unilaterales que a la postre se revelan interesadas. Hay que resistir frente a las tentaciones de hacer tambalear conquistas de los trabajadores para tranquilizar a ese capital que siempre juega con ventaja.
Todo eso es lo que los miembros de Izquierda Socialista que nos abstuvimos de votar la resolución política del último Comité Federal quisimos transmitir a nuestras compañeras y compañeros de ese órgano del PSOE y a nuestro Secretario general y presidente del Gobierno. Si mostramos nuestras reservas críticas frente al qué, al cómo y al cuándo de la propuesta de elevar la edad de jubilación, obligatoriamente para todos, a los 67 años, es por pensar que hay otras soluciones previas a ésa para reforzar las garantías de nuestro sistema de seguridad social, por pensar que los cauces abiertos de diálogo social requieren otros contenidos y procedimientos, y por pensar que en estos momentos de la crisis, con el paro azotando fuerte, no es la ocasión adecuada para ello. La propuesta pone difícil salvar la coherencia de nuestro discurso acerca de la prioridad de los derechos sociales de los trabajadores, así como nuestra práctica en torno al pacto social. Y, dicho todo eso, reconocemos lo que de responsabilidad política supone abordar el futuro de las pensiones en el largo plazo.
Es de valorar igualmente que el mismo presidente Zapatero insista en que la propuesta del gobierno es eso, "propuesta", que se habrá de debatir en la Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo y en la mesa del diálogo social. Pero, por eso mismo, no hay que perder de vista cómo la ciudadanía ha recibido la noticia, cómo los trabajadores reaccionan a ella, cómo los sindicatos han formulado su rechazo y cómo la militancia del partido encaja desde la perplejidad un planteamiento que implica un giro notable sobre lo que hemos venido diciendo desde el partido y el gobierno de España. Y, efectivamente, había y hay argumentos en relación a lo que puede ocurrir dentro de 30 años que no han cambiado en tres días -puede verse al respecto, como botón de muestra, el artículo "Las pensiones son viables", de Vicenc Navarro-.
Estamos seguros de que en la búsqueda del necesario consenso se tendrán en cuenta los matices que están comentando miembros del gobierno como el ministro Corbacho y miembros de la dirección del partido como el también ministro José Blanco. Pero sería bueno reconducir nuestro discurso hacia parámetros que no hagan dudar de nuestro compromiso con los trabajadores, con los pensionistas del presente y del futuro, con nuestros posibles aliados en las resistencias que nos quedan por hacer ante tanto pontífice economicista como constantemente aparece en los medios, en la banca y en los organismos internacionales.
Hace poco se hicieron múltiples actos en memoria de Juan Negrín, rehabilitándolo a él y a otros compañeros suyos en el difícil momento del final de la guerra civil, como militante socialista. Es momento ahora de volver a poner sobre lo mesa lo que fue su lema: "resistir es vencer".
Hay que resistir frente a las sirenas neoliberales, también en lo que se refiera a una reforma laboral para la que no paran de calentar el ambiente, diciendo ahora que hay que reducir el salario real que se paga en España. ¿Está claro de qué se trata? ¡Resiste, Zapatero!

viernes 29 de enero de 2010

Jubilación a los 67: ¿Adiós al pacto social?



Como dice Forges, tenemos al personal rebotado -lo que es una forma coloquial de decir que está indignado-. Y no es para menos. Además, nadie les había avisado. Todavía podía esperarse algo de reforma laboral, pero no que de golpe y porrazo se pusiera en cuestión el delicado asunto del sistema de pensiones, cuando por otra parte hasta en la jornada de hoy se habla de superavit de la Seguridad Social. ¿Dificultades de la comunicación política?
No hay manera de presentar como buena noticia la propuesta formulada hoy por el Consejo de Ministros de subir la edad de jubilación hasta los 67 años, por más que se diga que será gradualmente a partir de 2013, si así al final fuera el caso. A veces no queda más remedio, por responsabilidad de gobierno, que decir y hacer lo que no gusta. ¿Es el caso? Los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, han calificado la medida de innecesaria e injusta. El compañero Cándido Méndez, como Secretario General de UGT, la ha criticado duramente por el contenido y por la forma, es decir, también por haberse lanzado al margen de los cauces del diálogo social en el que se está trabajando. A eso ha añadido que en ninguna de las comparecencias -en torno a 30- sobre la cuestión que han tenido lugar en la Comisión del Pacto de Toledo del Congreso de los Diputados se ha planteado cosa semejante. Los expertos que allí han comparecido, de muy distintas instituciones e ieologías, han ido por otros caminos (alargar la edad de jubilación real, acotar las prejubilaciones...).

Puede pensarse que el Gobierno está en el derecho y en la obligación de lanzar una propuesta como ésa. Es cierto, pero eso no quita que las preguntas se agolpen desde muy diferentes vertientes. ¿Son los datos demográficos tan concluyentes como para hacer aquí y ahora, por vía de incomprensible urgencia, tal propuesta? ¿No faltan variables que contemplar -inmigración por ejemplo- para apoyar el diagnóstico del que se ha partido? Hay muchos indicios de que es así. Y, por otra parte, ¿tan arrebatadores son los motivos como para hacer esta propuesta, aquí y ahora, poniendo en peligro la paz social en el actual contexto de crisis, la cual es sin duda un haber del gobierno, de sus políticas sociales y de su práctica de diálogo?
Ante la opinión pública, la defensa que se ha hecho de los derechos de los trabajadores se desdibuja en su consistencia, pues la responsabilidad ineludible por el futuro del sistema de pensiones encuentra otros pasos previos al que se ha dado. Por lo demás, es cierto que la propuesta va a desembocar en la ya mencionada Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, donde hay que adoptar acuerdos por consenso. Y éste se ha puesto muy difícil, salvo que deje a muchos fuera, lo cual va contra el Pacto mismo. Y si la propuesta va a acabar siendo o retirada o modificada muy sustancialmente, con el desgaste que supone -ahí tenemos al PP por un lado y a IU y ERC-ICV por otro, cogiendo cada cual a su manera la bandera de las pensiones-, ¿hacían falta estas alforjas para este viaje?
Hay que seguir trabajando por el pacto social, y apoyando al gobierno en todo lo que lo propicie. Lo que está claro de momento es que, salvo la cúpula empresarial, la gente no ve que proponer la jubilación a los 67 años de forma generalizada -¿se ha pensado en albañiles, transportistas, dependientes de supermercado, profesorado de primara y secundaria, etc., etc?- vaya en esa dirección. Esperemos que no haya ningún adiós al pacto social, pero hoy está más difícil que ayer.
La cuestión, y más tratándose de una propuesta que hasta hoy mismo no estaba en el horizonte, ni del programa de gobierno ni del programa electoral, requiere un debate a fondo.
Mañana tendremos una buena ocasión en el Comité Federal del PSOE, tras escuchar atentamente el esperado discurso de Zapatero. No obstante, podemos ir recordando algunas otras cosas, como la deriva del SPD, incluyendo el trabajo previo que le hizo a la democracia cristiana alemana, y el destino de Schroeder desde que dio pasos de este estilo.

jueves 28 de enero de 2010

"El pensamiento de Carlos Marx"



Hay obras de juventud de tal calibre y consistencia que luego pesan, aunque sea positivamente, sobre la trayectoria de su autor. Es lo que pasó con el libro titulado El pensamiento de Carlos Marx que en 1956 vio la luz. Su autor, que entonces contaba con 29 años, era el jesuita Jean-Yves Calvez, recientemente fallecido. Del conjunto de su obra, incluyendo sus actuaciones como teólogo entre los expertos convocados al Concilio Vaticano II, dan cuenta las necrológicas, destacando entre ellas la de Juan G. Bedoya en El País.

Si hoy traigo al recuerdo la figura de este jesuita francés y, sobre todo, su imponente obra sobre Marx, es para hacer memoria de lo que ésta significó en los años de apertura eclesial de la década de los sesenta, aquellos del mencionado Vaticano II. El libro de Calvez sobre Marx, escrito con amable rigor por quien no era marxista, se convirtió en una referencia frecuente entre los estudiosos de Marx -también en España, donde se publicó su traducción diez años después por la entonces osada editorial Taurus-. Fue además obra clave para quienes nos empeñamos en el diálogo entre marxismo y cristianismo. Por ello, quienes maduramos nuestras posiciones políticas al calor de esa convergencia y mediación le debemos a Jean-Yvez Calvez un acto de agradecimiento.

martes 26 de enero de 2010

Autoexplotación en el trabajo







Es seguro que si el poliédrico Ernst Jünger volviera hoy sobre la figura del trabajador lo haría en otros términos de como lo hizo. También si Marx de nuevo abordara la alienación del trabajador, sometido a la enajenación de su producto y al extrañamiento de sí mismo, también lo haría con nuevos matices. Lo mismo que si retomara el tema de la lucha de clases, la cual no ha desaparecido, sino que se ha transformado. Una de sus metamorfosis es la que supone la interiorización del antagonismo de intereses y la conflictividad que conlleva dentro del propio trabajador, sea por cuenta ajena en empresas que juegan a integrarlo en su dinámica, o sea por cuenta propia, convertido en empresario de sí mismo.
Por diferentes caminos se impone lo que el capitalismo lleva consigo como elemento estructural: el necesario componente de explotación para que el trabajo arroje plusvalía. No es cuestión de buena o mala voluntad, de empresarios con sentimientos y hasta con responsabilidad social o de emprendedores bien dispuestos incluso con ellos mismos. Es la lógica del sistema que se impone con la fuerza de lo que Fromm llamaba "autoridad anónima", hasta el punto de que la autoexplotación que así se produce también desde dentro del propio trabajador intensifica la tensión en que vive y la devaluación de un vivir reducido a correr y correr en carreras laborales, profesionales o empresariales desnortadas y sin fin. Al final, hay quien se suicida.
El problema se ha hecho público en Francia, pero evidentemente no ocurre sólo allí. Por ello puede leerse con buen provecho la interesante entrevista que aparece hoy en El País al filósofo francés de origen argelino Sidi Mohamed Barkat: "La lucha de clases se ha trasladado al interior del trabajador". ¿Estamos pensando en ello? ¿Afrontamos la realidad de un mercado que se nos impone tan omnipresente que llega dentro de nosotros mismos y tan omnívoro que nos devora? ¿Hay estrategias sindicales al respecto? ¿No tiene mucho que ver ese tanto correr con el modelo de crecimiento desaforado y sin límites que nos ha llevado al desastre de la crisis en que estamos?

lunes 25 de enero de 2010

Trifulcas nucleares


Una bandada de fantasmas recorre España y busca "cementerio nuclear". Los integrantes de tan necrófilo colectivo tienen un nombre: residuos nucleares. Y son tan temidos que albergarlos al lado de casa no es plato de gusto. Es más, provoca enconados rechazos, lo cual es algo que los amigos de las fantasmadas relativizan con las ventajas económicas que vienen de la mano de tan cariñosos huéspedes. Es sabido que cuando se asientan en un lugar ya no se marchan jamás de los jamases, pues llegan para quedarse indefinidamente. Una vez encerrados en bidones no es cuestión de quitarles el tapón y todavía menos está el patio para andar con mudanzas.
El caso es que en torno a la ubucación pretendida por el gobierno, vía generosa oferta a través de concurso abierto entre municipios candidatos, del Almacén Temporal Centralizado (ATC) -eufemística denominación oficial de lo que el vulgo ya entiende como "cementerio nuclear"-, se han desatado trifulcas que se multiplican por tantos lugares como ayuntamientos se ofrecen para construir un camposanto tan poco ecológico. Como respondiendo a una maldición bíblica estamos viendo cómo en Cataluña (Ascó, en Tarragona) o en Castilla La Mancha (Yebra, en Guadalajara) -parece que se han desactivado las tímidas propuestas que despuntaron en Castilla León (Bernuy y Campo de San pedro, en Segovia)-, se enfrentan no sólo partidos entre sí o gobiernos de distinto signo, sino militantes contra militantes de un mismo partido, o miembros contra miembros en el seno de un mismo gobierno, y siempre vecinos contra vecinos, unos a favor y otros en contra de recibir a esos inquetantes huéspedes que son los residuos nucleares.
Tales trifulcas no son nucleares sólo por aquello que las desencadena, la energía nuclear, sino porque nos llevan al núcleo de la cuestión, es decir, a la pregunta sobre qué hacer con los residuos de la energía nuclear, contaminantes y activos indefinidamente en el tiempo. Las discusiones que estamos viendo vuelven a poner el dedo sobre la llaga del punto débil de quienes son ardientes defensores de la energía nuclear: no resuelven el problema mayúsculo de los residuos. Y además no computan sus costes en la medida necesaria y suficiente para hacer un juicio que no sea trucado sobre las excelencias de la energía nuclear. Y no lo hacen no sólo por no enturbiar lo apetitoso de una energía que deja muchos beneficios a quienes se lucran con ella sin contar con los costes públicos que hacen posible que se nutran las cuentas privadas, sino además porque es en último término imposible de cuantificar sin trampas, de tan elevado que es el coste de mantener sine die cementerios nucleares.
Por lo pronto es verdad que en los últimos 15 años hemos pagado a Francia más de 200.000 millones de euros (casi 40.000 euros al día) para llevar allí nuestros residuos -El Cabril no está para cobijar demasiado-, y que esa cantidad se elevará a 60.000 euros diarios a partir del año que viene. Hay que solucionar eso, está claro, pero más aún hay que solucionar un futuro energético sin la pesada carga, pagándola fuera del país o pagándola aquí, de esta energía nuclear tan sumamente cara por antiecológica sin remisión.
Conclusión: de las trifulcas nucleares se saldrá con energías renovables desarrolladas como efectivamente ALTERNATIVAS. Hay que reforzar los compromisos del gobierno de Zapatero en esa dirección y dejar atrás aparentes salidas en otras direcciones no sostenibles.